Mellisa. Hace un rato que salió Dante y no ha regresado, la enfermera ya se ha llevado a mi hija a los cuneros y mis padres están por irse. Pero de Giancarlo, ni sus luces, es demasiado el tiempo y yo no se donde pueda estar. Trato de mantener la calma, y aparento que no pasa nada, pero la verdad es que estoy demasiado nerviosa. Se supone que el estaría aquí para recibirnos en cuanto despertará, sin embargo, no ha dado muestras de vida. Entra Dante, después de varias horas, viene con Sussi de la mano, al verme me sonríe y camina a donde estoy. — ¡Oh mi niña! ¿Cómo estas? — Me ve con cariño. — Cansada. — Le sonrío débil. — Trata de descansar, que cuándo estemos en casa será más difícil. — Pero si estamos en Génova, será más tranquilo. Entra Pietro, y sonrío pues durante todo

