Mellisa. ¿En que momento pasamos de mi reclamo, a mi castigo? No sé, pero siento sus fuertes manos azotar mi trasero. Grandes gritos de placer salen de mi garganta en cada azote, a pesar de la posición, tiene el cuidado de no recargar su peso en mi vientre. Al principio si pensé que la noticia no le gustaba en lo más mínimo, debo reconocer que me exalté un poco. Bueno si, bastante, pero es un juego que tenemos desde siempre. En cuanto vi sus ojos oscuros del deseo, supe que había ganado el juego. Para por un islnstante y escucho como toma algo, de repente siento la madera resbalar por mi piel. ¡Rayos! Se supone que hablaríamos, y es lo que menos hemos hecho, pero es que nos hacía tanta falta esto. Y aunque me muera de ganas por sentirlo en mi interior, me las tendré que aguant

