Los rayos del sol intensos atravesaban la ventana de la alcoba, hermosas damas cargaban charolas de plata y manteles de seda, mientras que una de le daba un ligero masaje a una chica de silueta hermosa que se encontraba sentada en la alcoba junto al balcón.
-Cielos Melisa, ¿Qué tienes? ¿manos de hombre? - dijo aquella chica frunciendo el ceño
-Lo siento señorita
-Haz buen tu trabajo- contestó mientras se llevaba una taza de te a la boca.
- ¿Señorita? - pregunto con timidez una de las muchachas que se encontraba en la terraza
-Que quieres.
- ¿Cuál de estas sedas le gusta más? - dijo la chica mostrándole hermosas sedas de todos los colores
-Umm. No lo sé, me gustan todas- respondió viendo las sedas de reojo- le diré a mi padre que me compre todas, así que me las quedaré-añadió
-De acuerdo- contestó la muchacha mostrando una reverencia antes de retirarse
-Valla, valla- se escuchó una voz proveniente de la puerta principal de la habitación, un chico cuya apariencia era hermosa, portaba una camisa que le dejaba descubierto una parte del pecho, dejándose ver sus pectorales firmes, este se encontraba recargado en la pared mientras palmeaba sus manos- al parecer alguien se gastará todo le dinero del imperio y nos dejará en números rojos- agregó sarcásticamente
-No me preocupo, ya que mi hermano será el próximo emperador, ¿Verdad Josef? - respondió sin dirigir la mirada
- ¿Le hablas al futuro emperador sin siquiera mirarlo a la cara?
- ¿Dónde has estado? ¿Otra vez andas vagabundeando? ¿Es así el comportamiento del próximo emperador? – cuestionó, ignorando las palabras de su hermano.
- ¿Emperador dices? Suena como un cargo muy grande, sin problemas puedo entregarle el título a Allen
La chica que no se había molestado en mirar a su hermano, giro la cabeza, haciendo un gesto a las muchachas que se encontraban en la habitación.
-Salgan- dijo alterada
Josef, se llevo una de sus manos a la boca evitando reírse
- ¿Qué es tan gracioso? – preguntó la chica que se desataba el cabello dejando caer un fino listón
-Hubieras visto tu cara, no lo decía enserio.
-Querido hermano, el futuro de nuestra madre y el mío depende de ti, porque yo, Nivian Nord Afines, no me inclinaré ante nadie de nuevo
-Oh, querida Nivian, hermana mía, porque no ejerces tú el puesto de Emperador
- ¿Estás loco?
-En el imperio del Occidente una mujer puede ejercer ese cargo, no veo porque aquí no se pueda hacer lo mismo- comentó Josef encogiéndose de hombros.
- ¿Qué tipo de imperio es ese?
-Uno mas grande que el nuestro-contestó Josef con una risa burlona
- ¿Subestimas tu propio imperio?
-No lo hago- respondió mientras se dirigía hacia Nivian
-Es hora de que madures, Allen no se quedará de brazos cruzados, él se ah estado moviendo, esperando la oportunidad de sacarte de la jugada, debes ganarle, deja de merodear por ahí, corren rumores de que eres un playboy.
-Los rumores carecen de credibilidad, y en cuanto a merodear por ahí, eso se acabó- dijo dando pasos largos, perdiendo su mirada en la hermosa vista que tenia enfrente del balcón.
-oh, ¿sabes cómo luces justo ahora?, ¿quieres decir que no hayas motivos para salir más?, me preguntó que será.
-Lo sabrás a su debido tiempo, pero no vine hablar de eso.
- ¿A qué has venido, si no es a molestar?
Josef volteó a ver a su hermana de nuevo, esta vez se dirigió a uno de los asientos, dejándose caer en el cómodo sillón frente a su hermana.
-Siempre supe que eras caprichosa Nivian, pero no al punto de que a causa tuya personas perdieran la vida, cuando escuché los rumores no pude evitar dejar de pensar en eso, aunque muchos te justifiquen yo no lo haré, te conozco bien Nivian, tuviste otras razones y vine a escucharte.
-Así que las personas de este palacio no pueden cerrar su sucia boca por tan solo un momento, cosería sus labios si me fiera posible. - refunfuño
- ¿Entonces? - pregunto Josef quien se inclinada hacia delante, entrelazando sus dedos.
-Tsk, esa mocosa se merecía haber muerto, era una trepadora, se supone que toda persona moriría por un cabello mío, además soy la joven más bella, educada y adinerada que existe en este palacio, entonces porque ella y yo no.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó Josef cambiando su postura, recargándose por completo en aquel sillón dirigiendo la mirada hacia el techo.
-Ella se le metió por los ojos a Williams
- ¿Te refieres al hijo del gran Duque?
-Sí, hermano dime, ¿acaso no soy lo suficiente para él? Es tu amigo, debes saber lo que Williams piensa de mí.
-Es mi amigo, pero tenemos cosas más importantes que hablar y entre esas cosas importantes no estás tú- respondió el príncipe Josef con un aura fría.
-Ya veo, pero… todo es culpa de esa chica tan común y corriente, ¿Qué tiene ella de especial? A pesar de que soy una princesa, una plebeya se atreve a contradecirme, claro, en ese momento ella no lo sabía, hubieras visto la cara que puso cuando me vio, estaba sorprendida, fue divertido verla llorar, ahora que ella no está, Williams volverá a mi arrepintiéndose y arrodillándose a mis pies, suplicando una pizca de mi amor como todos
- ¿Y cómo estabas tan segura de su relación?-
-Yo los vi, vi cuando Williams le entregaba una carta en sus manos, así que soborné a las personas de su palacio, y me confirmaron que el Williams siempre le mandaba cartas y la iba a ver.
-Nivian, dime ¿Amas al hijo del gran Duque?- cuestiono mirándola fijamente.
-Que tonterías dices, claro que no, pero todos los hombres de este imperio deben mirarme solo a mí, y no a otra mujer, el que haya roto nuestro compromiso no me afecto porque lo creí poca cosa, pero al ver que fue por esa tipa mi orgullo salió herido, no solo se burlo de mí, sino también de este imperio- comentó Nivian abandonando su cómoda alcoba caminando de un lugar para otro mordiéndose las uñas.
-No metas al imperio en un asunto personal, se mas madura, eres detestable.
- ¿Qué? - preguntó muy confusa.
- ¡Oh! Hermana eres adorable- dijo Josef pintando una débil sonrisa en su rostro.
- ¿De verdad lo crees?
-No, pareces tonta hablando de esa manera, ni la misma Emily actúa de esa forma siendo la primera princesa considerada legitima y portando el titulo de princesa desde su nacimiento.
-Como te atreves a decirme eso- contestó alterada mirando con furia a Josef.
-Nivian, siéntate y no grites.
-No quiero hacerlo hasta que me pidas perdón-contestó haciendo pucheros.
-No me hagas repetírtelo dos veces, obedece, ya no tienes al frente a tu hermano, es el futuro emperador a quien tienes aquí, no me gobernarás como lo haces con el emperador- habló Josef con una voz segura y fuerte
-Josef, es… es la primera vez que me hablas así- mencionó Nivian quien se le cortaba la voz, en ese momento una lágrima se asomó en sus claros ojos azules.
-Hermana tonta, guarda esas lágrimas, en un futuro las necesitarás. Bien, me marcharé, solo vine a escuchar tu explicación, pero no haces más que solo decepcionarme.
- ¿Her…hermano, vienes tomado? Hueles a alcohol y tu ropa luce muy desastrosa.
- ¿Y qué das cuenta hasta ahora? ¿Acaso estas preocupada por mi ahora? Dime Nivian ¿Desde cuando te preocupas por alguien que no seas tú?
-Yo…Yo me preocupo por todos incluyéndote a ti.
- ¿Quieres que te diga algo querida hermana?
- ¡Dime! - contestó Nivian entusiasmada.
En ese momento Josef se acerco a su hermana, inclinándose coloco un dedo en su cabeza
-Quizás seas hermosa y rica, pero careces de algo justo aquí- comentó con una sonrisa angelical mientras le daba fuertes piquetes con el dedo en la cabeza.
- ¡Auuu! Si dices eso con esa sonrisa no puedo molestarme.
-Bien, ya viene a molestarte, ahora iré a molestar a Emily, nos vemos- dijo Josef quien se marchaba alegremente agitando su mano.
-Josef, ¿Cuál de todos eres tú?, es decir ¿Cuál es tu verdadera cara?, ¿el chico sumiso, el chico playboy, el chico tranquilo, el desinteresado, sarcástico o eres el chico que me acabas de mostrar hoy?
-Lo dices porque me te alcé un poco la voz, no te preocupes por eso hermana, después de todo debo practicar para ser el emperador, ¿no es verdad?
-Así que era eso- dijo soltando un suspiro.
-Bien, me marchó, ah, y no te vuelvas a meter con lo que es mío.
¿Con lo que es suyo? ¿Se refiere al dinero? - murmuraba Nivian mordisqueándose las uñas.