Retuve las partes de las historias en las que Luciana y yo nos habíamos enrollado o en las que los cuatro nos habíamos visto practicar sexo. No tenía nada que ver con el tema de cómo empezamos Arturo y yo. Además, no quería abrumar a Tania en ese momento. —Ya veo—, reflexionó Tania, sonriendo. —De alguna manera creo que hay algo más en la historia y espero que Luciana pueda ser algo más que —una amiga—, pero podemos dejar esa discusión para otro día—. Se levantó y me tendió la mano para coger mi vaso y rellenar nuestras bebidas. —¿Otro?—, preguntó sonriendo. Mientras se alzaba sobre mí, me di cuenta del hermoso cuerpo que tenía. El hecho de que la conversación girara en torno al sexo añadía una carga especial al ambiente. Podía percibir una pizca de olor a mujer en el aire mientras ella
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