Capítulo LXI De lo que le sucedió a don Quijote en la entrada de Barcelona, con otras [cosas]1 que tienen más de lo verdadero que de lo discretoTRES días y tres noches estuvo don Quijote con Roque, y si estuviera trecientos años, no le faltara qué mirar y admirar en el modo de su vida: aquí amanecían, acullá comían; unas veces huían sin saber de quién, y otras esperaban sin saber a quién. Dormían en pie, interrompiendo el sueño, mudándose de un lugar a otro. Todo era poner espías, escuchar centinelas, soplar las cuerdas2 de los arcabuces —aunque traían pocos, porque todos se servían de pedreñales—. Roque pasaba las noches apartado de los suyos, en partes y lugares donde ellos no pudiesen saber dónde estaba, porque los muchos bandos que el Visorrey de Barcelona3 había echado sobre su vida

