Capítulo XLIX De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su ínsulaDEJ[A]MOS1 al gran gobernador enojado y mohíno con el labrador pintor y socarrón, el cual industriado del mayordomo, y el mayordomo del Duque, se burlaban de Sancho; pero él se las tenía tiesas2 a todos, maguera tonto, bronco3 y rollizo, y dijo a los que con él estaban, y al doctor Pedro Recio, que como se acabó el secreto de la carta del Duque había vuelto a entrar en la sala: —Ahora verdaderamente que entiendo que los jueces y gobernadores deben de ser, o han de ser, de bronce para no sentir las importunidades de los negociantes, que a todas horas y a todos tiempos quieren que los escuchen y despachen4, atendiendo sólo a su negocio, venga lo que viniere. Y si el pobre del juez no los escucha y despacha, o porque no pue

