Elizabeth estaba un poco afligida, y era de esperarse ya que cometió actos demasiado oscuros en estos últimos días, y la única cosa que puede ahogar su remordimiento era el alcohol, Elizabeth se volvió una alcohólica, algo inesperado para una chica tan perfecta y al mismo tiempo imperfecta. Mientras Elizabeth se ahogaba en alcohol frente a una de sus gigantescas super computadoras, ella recibe una llamada, era la detective Colomar, una amiga para Elizabeth.
— ¿Qué quieres detective? — dice Elizabeth al beber de una botella.
— ¿no sabía que seguías tomando?, ¿desde cuándo no duermes? — responde la detective preocupada.
— No duermo, solo trabajo. — dice Elizabeth al tirar una botella al suelo.
— ¿quieres hablar?...
— No, no, no, no necesito tu compasión detective, así que tienes veinte palabras para decirme que rayos quieres o cortaré la llamada — dice Elizabeth con seriedad.
— Solo quiero una respuesta. — responde la detective.
— ¿respuesta? — dice Elizabeth confundida.
— Si, recuerda el drive que te di— responde la detective colomar.
— Ahhhh… haha, claro, la investigación sobre cyberwor y Nicola. — responde Elizabeth apenada.
— ¿ni siquiera la has revisado? — pregunta la detective molesta.
— No… la verdad, no. — dice Elizabeth al tomar otra botella de alcohol.
— ¿Lo dices porque crees que Nicola no planea controlar al mundo? — cuestiona la detective.
— Para nada, trabajó para ese demonio, sé muy bien lo que ese loco podría hacer. — responde Elizabeth.
— Entonces ayúdanos a destruirlo, eres una de las mentes más importantes de esta generación, si te pones de nuestro lado, entonces.
— ¡Pero! Soy igual de mala que él. — dice Elizabeth interrumpiendo lo que decía la detective.
— ¿Qué?
La detective no entendía muy bien porque Elizabeth no dejaba cyberwor, ella sabía que Elizabeth estaba siendo extorsionada, sabía que su hermana menor Sara, estaba en peligro, pero, aun así, no entendía porque ella prefería hacer las cosas solas; eso era el defecto más grande de Elizabeth Croff, el creer que con solo su inteligencia podía solucionar sus problemas, algo completamente falso, alejado de la verdadera realidad.
— Ay detective, creía que, si trabajaba para Nicola, evitaría que lastimaran a mi hermana, pero… al final fui yo quien la lastimo, algo de lo que siempre me arrepentiré. — dice Elizabeth al sacar unas cuantas lágrimas de odio y tristeza de su hermoso rostro.
— ¿de qué hablas, lo dices por el bioquímico en su corazón? — pregunta la detective Olivia colomar.
— Si… jamás te conté que yo la capturé y al hacerlo hice que ella perdiera el control, desesperada, asustada y confundida, ella misma, intento lastimarse golpeando el cristal blindado de uno de mis cuartos especiales — responde Elizabeth.
— Pero…
— Por esa razón detective, descubrí que aunque fui obligada y arrastrada a trabajar para cyberwor, me di cuenta que soy igual de mala que el hijo de perra llamado Nicola Volcof— dice Elizabeth interrumpiendo a la detective colomar.
Elizabeth no era mala persona, solo era una mujer confundida y arrepentida por las cosas que había hecho y gracias al estrés, el remordimiento, la depresión y grandes cantidades de alcohol, hacían que ella solo creyera que era una persona mala y debía seguir siéndolo. aunque el mundo la odiara, ella prefería mantener viva a su hermana sin importar las vidas de los demás; Una ideología egoísta, pero para Elizabeth el ser una secua malvada de un peligroso director como Nicola, era lo único que debía cumplir, por su bien y el de su hermana.
La detective colomar sabía que Elizabeth estaba fragmentada, como una copa de cristal que poco a poco se deshacía en la desesperación y el dolor; algo que la detective colomar también había experimentado al ser una ex policía corrupta en sus primeros años de servicio. Ella sabía que debía consolar a Elizabeth para que decidiera un buen futuro, para ella y para su hermana.
— Se muy bien lo que es eso señorita croff, en estos momentos sientes que no eres buena persona, que debes ser mala para así no sufrir ¿verdad? — dice la detective Colomar.
— No es solo eso Olivia, sino que es parte de mi destino, mi padre…
— ¡Pero aun así! Desearías ser buena, hacer el bien al igual que los grandes científicos de la historia, al igual que tú padre, ¿no es así? — Dice fuerte y claro la detective colomar.
— Pero…
— Cuando era novata, mi compañero y yo fuimos a desmantelar una pequeña pandilla de motociclistas, mi compañero murió, pero gracias a su sacrificio todos los miembros de la banda fueron judicializados y encarcelados de por vida, todos a excepción de uno de los miembros, el líder de esa banda, que usando su dinero e influencias logro salir de prisión días después y ese mismo líder de esa peligrosa banda, me persiguió, me estudio y me acosó durante días hasta que en una mañana, alguien me envió una foto de mi padre amenazándome con asesinarlo si no cumplía con algunos trabajos, y desde ese entonces fui obligada a convertirme en una policía corrupta para evitar que asesinarán a mi padre.
Elizabeth en su cabeza, solo creía que la detective solo se inventó esa historia para mejorar su autoestima, pero aun así ella tenía intriga de saber lo que sucedió después.
— ¿y que paso? — pregunta Elizabeth intrigada.
— Fui utilizada, humillada e incluso maltratada, pero, aun así, me sentía bien al saber que lo hacía por mi padre, algo idéntico a ti; el estar dispuesta a destruir el mundo solo para mantener vivo a la única persona que nos queda de felicidad, pero eso solo fue un error, ya que mi padre, decidió suicidarse al darse cuenta de lo que sucedía. - dice Olivia con una voz fría y serena.
— ¿tu padre se quitó la vida al descubrir lo que hacías? — dice Elizabeth sorprendida.
— Si, no sé cómo se dio cuenta, pero lo hizo, sabía que él era la única persona por la que yo estaba dispuesta a matar, traicionar y destruir, por esa razón se quitó la vida, porque sabía que así podrí liberarme de esos infelices. —dice Olivia al sonreír por el monitor.
— ¿y que paso después? - pregunta Elizabeth.
— Me vengué de esos hombres que me humillaron, me usaron y me maltrataron, los asesiné yo sola demostrando mi furia acumulada por tanto tiempo y cuando terminé, juré que haría todo lo posible por acabar con cada criminal de esta ciudad como una verdadera policía, eso era lo que quería mi padre y desde entonces, he trabajado muy duro, como oficial te pido ayuda para dar justicia contra Nicola y sus secuaces antes de que se apoderen de esta ciudad, pero como amiga, solo diré que el camino que escojas, se cual sea, será duro y doloroso, por eso, dejaré de llamarte y solo te deseare suerte en tus decisiones, cuando sea el momento espero verte mejor, y no una ebria con delirios de secuas — dice la detective colomar antes de cortar la transmisión.
Olivia sabía que el destino de Elizabeth, era algo que nadie podía controlar, solo Elizabeth era libre de escoger entre ser una villana o una heroína; mientras Elizabeth se había quedado sin palabras por la pequeña y triste historia de la detective colomar. Olivia solo podía decir una cosa antes volver a su trabajó como detective.
— Haaaa… suerte Elizabeth, solo espero que todo termine bien, aunque mi experiencia me enseño muchas cosas, sé que tú debes cometer errores para luego poder enmendarlos… solo, no destruyas a la sociedad como la conocemos, odiaría perder mi pensión. — recita Olivia en voz baja antes de continuar con sus investigaciones.
Elizabeth aun debía trabajar en el proyecto del ojo rojo, pero al escuchar la historia de Olivia, sus ganas de crear esa misteriosa y poderosa arma, terminaron en dudas. Algo que ATENA no dudo en preguntar.
— ¿sucede algo señorita Elizabeth?
Elizabeth tenía muchas dudas, no sabía que hacer realmente, ella quería hacer las cosas de una forma en que la condujeran a la libertad sin arriesgar la vida de los demás, pero… ¿Qué debía hacer? Por primera vez en su vida, Elizabeth tomaría la decisión de actuar en ambos bandos.
— No sucede nada ATENA. — dice Elizabeth al arrojar todo el alcohol al suelo.
— Ya veo, ¿esta triste señorita Elizabeth? — pregunta ATENA confundida.
— Si… si estoy triste, pero ahora, tengo que ponerme a trabajar. — responde al levantarse de su silla.
— ¿planea terminar el proyecto denominado “EYERED”? — responde ATENA .
— Claro que sí, pero… voy hacer algo que Nicola no esperaría. — responde Elizabeth con una picara sonrisa.
Y así mismo Elizabeth y ATENA , comenzaron a trabajar, sistemas mejorados, archivos clasificados, criptografía de grado militar, sistemas de contención, sistemas de intervención electromagnética; Elizabeth estaba creando un arma que ningún país y ningún gobierno, poseían y que desearían poseer, el sistema denominado “ojo rojo” era un proyecto clasificado por el gobierno norte americano que buscaba crear un sistema indetectable y/e indestructible, capaz de penetrar cualquier sistema en cuestión de segundos; en resumen, Elizabeth estaba creando la última creación de la tecnología de hackeo, algo muy útil para cualquier gobierno, el ojo que literalmente podría penetrar cualquier sistema de cualquier computadora, ya sea algo simple como la computadora de cualquier persona, o una supercomputadora de cualquier nación. Y aunque Elizabeth estaba frustrada, cansada, molesta, agobiada y estresada, no era tonta, sabía que el ojo rojo era el arma definitiva de Cyberwor y por esa razón debía crear algunas debilidades.
Las semanas pasaron y aunque era difícil de creer, Sara y Elizabeth poco a poco se fueron acercando, aunque tenían diferencias y asuntos personales, ellas aún seguían siendo hermanas y esa fue la razón por la que Elizabeth decidió mostrarle a Sara su laboratorio secreto en un acto de confianza.
— ¿Entonces esta es tu guarida de científica loca? — dice Sara al ver el inmenso laboratorio de su inteligente y extraña hermana.
— Si… ya que tú y yo poco a poco estamos dejando nuestras diferencias, pensaba que debía mostrarte todo esto, para que sepas cuanto me importas hermanita. — dice Elizabeth al abrazar a su hermana.
— No, nos pongamos tan sentimental, aún hay muchas cosas que no me gustan, pero… sé que lo haces por algún motivo, por esa razón dejare de juzgarte. — dice sara.
— Gracias, sara, sé que no parezco una buena persona en la cual confiar, pero, algún día sabrás todo lo que hice en estos años como empleada de Cyberwor — responde Elizabeth.
— Bueno… ¿y qué haces en este lugar? — responde Sara al recorrer por si sola el laboratorio de elizabeth.
— Ah, pues me encargo de diseñar sistemas de defensa para la mansión, ya sean drones personales o robots de combate, de echo todos los androides que sirven como sirvientes, también son robots de combate. — repone Elizabeth con entusiasmo.
— Aun no entiendo porque estas tan posesionada con la seguridad. — responde sara.
— Invento armas, es normal que sea así. — responde elizabeth con un argumento sólido.
— Si es cierto… bueno hermana ya que me mostraste tú laboratorio, supongo que lo justo seria que vieras también el mío. — dice Sara con una sonrisa.
— ¿laboratorio? — pregunta elizabeth confundida.
— Claro, mi laboratorio de arte. — responde Sara al tomar un pincel de su bolsillo.
Después de que elizabeth le mostrara a Sara su laboratorio secreto, Sara decidió hacer lo mismo, llevándola a su habitación para mostrarle, no armas ni tecnología, tampoco químicos o investigaciones, sino más bien algo más fácil de entender, pero al mismo tiempo, difícil de comprender.
— Bienvenida a mi ultra secreto “laboratorio de arte” disculpa el desorden. — dice Sara al abrir la puerta de su habitación.
— Wooow…
Elizabeth sabía muy bien que Sara era una muy famosa y talentosa pintora de arte, pero, aun así, jamás pudo imaginar que su hermana de solo 17 años pudiera crear obras de arte que ni siquiera una científica con un intelecto impresionante podía entender; Elizabeth solo podía apreciar las hermosas obras de su hermana en silencio ya que ni siquiera tenía palabras para expresar lo que veía.
— Wow, Sara estas pinturas son hermosas. — dice elizabeth al ver la pintura, de una bailarina rota ilustrada a mano.
— ya sé, pero, no estoy segura de sí es lo que deseo crear. — dice Sara frustrada.
Elizabeth era una científica frustrada, Sara una artista frustrada, ambas genios sufrían en silencio, ya que su intelecto las hacia propensas a colapsarse buscando la perfección; algo que la hermana mayor elizabeth debía aconsejar.
— ¿Por qué lo dices? si tus pinturas son hermosas — responde elizabeth.
— Ya lo sé elizabeth, pero, aunque de a crear un hermoso dibujo, no es lo mismo el dar a crear una increíble y hermosa obra de arte, es lo mismo que la termodinámica o la física, cuando da un resultado simple, te sorprende más el proceso. — responde sara.
— Ah ahora entiendo, creo que me pasa lo mismo con mis inventos, es más satisfactorio el intentar crear algo, que el tener ya algo inventado. — responde elizabeth.
— Ya lo entiendes, te gusta esa bailarina, ¿no? — dice sara.
— Si es hermosa y su dibujo me encanta. — responde elizabeth fascinada.
— Pues en termino científicos diría que es lo mismo que crear un volcán de bicarbonato, tarde solo media hora en pintar esa bailarina, no sentí nada, emoción, tristeza, frustración, ira, o melancolía… solo fue una pintura de prueba y para mí, no es lo que quería. — explica sara.
— Ahh… ya veo, ¿es lo mismo que crear un sistema de termo conducción con energía liquida para un cohete espacial? — dice elizabeth.
— Ehhhh… ¿Qué? No entendí …digamos que sí. — dice Sara confundida.
— Ah…
Sara y elizabeth se quedaron todo el día hablando, contando chistes y compartiendo de sus aventuras y sus creaciones, ellas estaban pasando un buen rato agradable entre hermanas, algo que ellas no hacían desde muchos años, cuando su padre aún seguía vivo. Ellas hablaron y rieron por horas y sin darse cuenta, ya era de noche.
— Señoritas, son las 6:30 de la noche, ¿Qué desean comer para la cena? Dice ATENA interrumpiendo a esas dos hermanas.
— Oh… ¿Cuándo anocheció? — dice elizabeth.
— Haha, nos quedamos hablando y riendo por horas que no nos dimos cuenta que el día se esfumo — dice Sara al estirarse por estar sentada durante horas.
— ¿Qué quieres comer hermana? — pregunta elizabeth.
— Sabes… cuando papá aún seguía vivo, él siempre nos preparaba pizza cuando compartíamos tiempo en familia, ¿Por qué no hacer lo mismo? — responde sara.
— ¿quieres pizza? Muy bien… ATENA prepara pizza con…
— No ATENA, tú y yo, preparemos pizza juntas. — Dice Sara interrumpiendo a Elizabeth.
— Pero… no sabemos hacer pizza. — recalca elizabeth.
— Papá tampoco sabía, pero aun así era deliciosa, además siempre nos pedía ayuda y era divertido, quisiera hacer pizza como en esos tiempos. — responde Sara con nostalgia.
— Muy bien, ATENA prepara los ingredientes para preparar pizza, Sara y yo iremos a cocinar. — dice Elizabeth con alegría.
— Como ordene señorita, prepararé los extintores contra incendios. — dice ATENA con sarcasmo.
Elizabeth y Sara pasaron toda la noche tratando de cocinar una simple pizza de queso con salami, y después de errores, fracasos, fallas y entre otras cosas más, esas dos genios, no fueron rivales ante el arte de la cocina culinaria.
— No podemos hacer una simple pizza in ayuda. — dice Sara cansada.
— Si… a la mierda, pidámosla a domicilio, ATENA podrías…
— Ya llamo a la pizzería señoritas.