Lo que más desconcertaba a Valeria no era Gabriel. Era Adrián. La noche anterior no había podido dormir. Las palabras de aquel hombre junto al lago se repetían en su cabeza. Nadie se había atrevido a hablarle así jamás. Nadie que conociera a Adrián lo habría hecho. Y, sin embargo, él no era de allí. No tenía referencias. No sabía a quién pertenecía ella. Lo tomó como descaro. Como exceso de confianza. No pasaba nada. No volvería a verlo. ¿Qué probabilidades había de que un hombre desconocido apareciera dos veces en su vida con aquella seguridad? Con esos pensamientos aún rondándole la cabeza, dejó el desayuno a medias y se dirigió al estudio. Al entrar, Laura estaba eufórica. El proyecto de su hermano José Luis podía ser el salto internacional que llevaba tiempo buscando. —Imagína

