La distancia que no se explica… pero se instala El cambio no llegó como un golpe. No hubo una discusión, ni una palabra fuera de lugar que lo marcara todo. Fue más sutil. Más silencioso. Más difícil de señalar. Como una corriente fría que se cuela por debajo de una puerta cerrada… y que, sin darte cuenta, acaba enfriando toda la habitación. Valeria lo sintió antes de poder entenderlo. Adrián seguía ahí. En la casa. En la mesa. En la rutina que habían construido durante años. Pero ya no estaba de la misma manera. Desayunaban juntos. El mismo café. El mismo pan tostado. La misma luz de la mañana entrando por la ventana. Y, sin embargo… algo no encajaba. —Hoy tengo reunión con los proveedores a las diez —comentó Valeria, pasando una página de su agenda. Adrián asintió. —B

