El lugar era discreto. No por casualidad. Adrián no eligió ese café por gusto… sino por necesidad. Una esquina apartada, lejos de miradas conocidas, con esa música suave que parecía diseñada para cubrir conversaciones que no querían ser escuchadas. Alba ya estaba allí cuando él llegó. Sentada. Impecable. Con esa postura relajada que no era descuido, sino control. Levantó la mirada al verlo y esbozó una sonrisa leve. —No sueles citarme con tanta urgencia. Adrián se sentó frente a ella sin devolver del todo la sonrisa. —Necesitaba hablar. Alba ladeó ligeramente la cabeza. Observándolo. Midiéndolo. —Te escucho. El camarero pasó. Pidieron café. Y durante unos segundos… no hablaron. Porque hay conversaciones que necesitan ese pequeño silencio previo. Ese instante en el que

