-Cariño, ¿estás bien?-Preguntó María Camila al verme distraído. Estábamos en su casa esa noche de domingo. Habíamos salido a beber un rato como acostumbrábamos a hacer y regresamos a eso de las 22h a su casa. Habíamos estado juntos hacía unos minutos y ella estaba recostada en mi pecho, pero yo estaba muy distraído. No podía sacarme de la cabeza lo ocurrido hacía unas horas. Como mencioné anteriormente, nosotros teníamos un plan muy elaborado en mente. Algo que habíamos calculado minuciosamente por mucho tiempo, pero es que no tenía idea de que tan pronto iniciaríamos, y todo por una simple casualidad. Había estado en contacto con el niño toda la semana. Por algún motivo que se escapa de mi comprensión, me reservaba un lugar a su lado todos los días y no sé qué gracia le veía a sentarse

