CAPÍTULO 33 ELIJAH DONOVICK Penetro con fuerza otra vez esa exquisita vagi.na que me hace delirar para escuchar sus gemidos, quejidos y resuellos de placer, no sé quién se encuentra más alto en la cúspide del orgasmo, si ella o yo. Ella, que luce tan ida, fuera de sí. Con los ojos cerrados, sonrojada y la boca entreabierta. O yo, mareado del gusto, agarrando de su cintura para afincarme con fuerza dentro de ella. La quiero, la deseo. Se siente tan bien, tan mal, es incorrecto. No puedo más, ella me hizo un embrujo y caí a su pies cuál mendigo, está mujer es mágica, porque me ha hechizado sin necesidad de pócima. La tomo de la cara para besarla y el mareo que me inunda se torna más fuerte, inevitable. Parpadeo, porque no quiero perderla ni un instante nada más. No quiero. Es mía. La quie

