Capítulo 6

646 Words
ELENA La mañana siguiente, un persistente sonido de un teléfono me despertó abruptamente. Abrí los ojos y, como si me hubiera electrocutado, me senté de golpe. Miré al hombre acostado a mi lado y sentí que el corazón iba a salirse de mi pecho. Levanté la sábana y, efectivamente, los dos estábamos completamente desnudos. Las memorias de la noche anterior eran como un rompecabezas olvidado, fragmentos perdidos que apenas podía recordar. Mi mente se llenó de confusión y alarmas. El teléfono volvió a sonar, y busqué de dónde provenía el sonido. Entonces vi mi maleta en la puerta y mi cartera, y un escalofrío recorrió mi espalda. ¿Qué demonios hice anoche? No recordaba haber traído mi maleta. Con una mezcla de ansiedad y curiosidad, me levanté de la cama en busca de mi teléfono cuando, al verlo, el nombre de "Diego" iluminó la pantalla. Mis manos comenzaron a temblar. Lo tomé, intentando que mi voz sonara normal. —Hola, mi amor —dije, tratando de sonar despreocupada. —Tu madre me dijo que te fuiste a Cancún. ¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó, su tono lleno de reproche. Mi mirada se encontró con la del chico en la cama, ahora sentado y observándome fijamente. —Mis amigas planearon esto de la noche a la mañana, pero hoy mismo salgo para España —respondí, intentando mantener la calma. —¿No te estás divirtiendo? —preguntó él. —Claro que sí, mi amor, pero ya te extraño —dije, sintiendo que la distancia emocional crecía entre nosotros. Terminé la llamada, y al levantar la vista, me topé con la mirada penetrante del hombre que compartía la cama conmigo. —¿Con quién hablabas? —preguntó, su tono era inquisitivo. —Con mi prometido —respondí con firmeza, una punzada de desafío en mi voz. Su mirada se transformó en odio. —No te puedes casar —declaró, como si tuviera un derecho que no le pertenecía. —Disculpa, ¿quién diablo eres tú para decirme eso? —grité, sintiéndome más furiosa que asustada. —Soy el hombre que te quitó la virginidad anoche, el único que te ha follado, ese soy yo —respondió, su arrogancia sobresaliendo. El miedo se apoderó de mí. —¿Cómo sabes que era virgen? ¿Eso se nota? —pregunté, tratando de retener mi composure. —Te lo puedo explicar —dijo, su tono ahora más suave, pero aún cargado de posesividad. —No, gracias —repliqué mientras buscaba ropa con desesperación. —Ahora dime, Elena, si llevas cinco años con un futuro esposo y no has tenido relaciones, ¿por qué? —preguntó, sus palabras como dagas. —¿Cómo demonios sabes eso? —inquirí, la incredulidad y el miedo batiéndose en mi pecho. —Que ni piense casarse contigo, será conmigo primero, con más nadie. Yo te quité tu virginidad, y es mi deber casarme contigo —dijo, como si en su lógica retorcida, lo que había sucedido nos uniera irrevocablemente. Me acerqué a él, mirándolo a los ojos con determinación. —No me conoces, y yo tampoco te conozco —dije, intentando toda la calma que podía reunir. —Eso no era lo que decías anoche, cuando me gritabas que yo iba a ser el único hombre en tu vida —respondió, un matiz de triunfo en su voz. —Estaba borracha; así que olvídalo —dije, tratando de alejarme, pero él tomó mi muñeca con firmeza. —Tú no te vas a casar con alguien que no sea yo —sentenció, como si sus palabras pudieran moldear mi destino. El aire en la habitación se volvió denso, y por un momento, cada palabra se quedó atrapada en mi garganta. Estaba en una encrucijada inesperada, un giroscopio de emociones encontradas, y en ese instante, supe que mi vida jamás volvería a ser la misma.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD