Cuando por fin todo ha quedado en silencio y sólo escucho el sonido de su acompasada respiración haciéndome cosquillas en la oreja, abro los ojos, inspiro profundamente y aprieto su brazo contra mi abdomen. Son las cuatro de la madrugada en punto. Hace una hora ya, que terminé de estudiar y de completar la tarea que traje conmigo de la oficina. Tarea que sin la ayuda de Niko, sinceramente me habría dejado sumida en un pozo de profundo estrés; mordiendo el lápiz, la tapa del bolígrafo e incluso mis propias uñas. Lo mejor llegó después, cuándo me acosté en su cama, él se durmió abrazado a mí y no hubo sexo de por medio. Algo que por muy tonto que parezca, me hizo sentir relajada, bien, feliz. Es inexplicablemente maravilloso ver que en Nicolás existe un amante experimentado, un amigo

