NUEVE MESES DESPUÉS Los tibios rayos del me dan de lleno, mientras riego la maceta de tulipanes que tanto me ha costado hacer crecer. La compré hace unos dos meses, a un vendedor de plantines y flores cuando venía llegando a casa, tras realizar algunas diligencias. Era la flor favorita de mamá. Tener tulipanes aquí me ayudan a sentirla cerca, a nuestro lado, acompañándonos siempre. Sobreponerse no fue fácil, pero confieso desde lo más profundo de mi ser que después de lo ocurrido, su ausencia no me desgarra por dentro como aquellos primeros días, incluso semanas. He ido acostumbrándome a no verla, a no oírla y a no tocarla. Y pese a que la extraño muchísimo su partida ya no me hiere como al principio. Hace ocho meses que nos mudamos. Mis hermanos y yo nos alejamos de Seattle y de

