Terminamos de cenar y acabamos de regresamos al motel. Estoy cansada y tengo sueño. Pongo mi teléfono a cargar sin preocupación y me quito las botas. Bloquee el número de David y borré cada uno de nuestros mensajes antes de salir de casa. Las instrucciones fueron claras cuando estaba en la oficina; le dije que yo avisaría cuál sería el instante oportuno para comunicarnos. Soy precavida, y si mi teléfono atrae la curiosa atención de Nicolas, pues que no levante sospechas. La curiosidad es un aliado difícil de dominar. Me pasa cada minuto en que veo su bolso a medio abrir, porque sé que allí se encuentra su famosa laptop. Maldición. Dos cosas que me urge fisgonear: su laptop y su celular. Un celular n***o, medio descuidado, del que hoy contestó un mensaje. —Bruja, tengo que

