Camino con rapidez. Ya voy de salida. Ni mis tacos altos, o mi tobillo levemente dolorido me impiden dar pasos ágiles. Aprendí a usarlos, a adaptarme a ellos, a soportar la molestia de los pies hinchados, las ampollas y las torceduras. Me detengo en la fila de escalones que me llevan a la acera, y miro al cielo. Está nublado. No han anunciado tormentas para hoy, pero el otoño es tan impredecible que no me asombraría ver que caiga un gran aguacero. Apoyo mis cosas en un escalón de concreto, y me pongo la gabardina. Ahora soy la Charlotte que usa pantalones de vestir color gris, zapatos de taco alto y suéter de algodón blanco. La Charlotte con poco maquillaje, cabello bien peinado y perfume. La secretaria de una compañía vitivinícola que se está cagando de frío y le urge ponerse un a

