Las llamadas se volvieron rutinarias y obligadas mensualmente a la casa de rehabilitación donde Gabriela estaba recluida, había pasado ya dos años desde su llamada, los informes del Centro, era claras no existía la posibilidad de que volviera a caminar, su columna estaba totalmente dañada, aun así no quise confiarme, necesitaba cerciorarme que estaba en el mismo lugar todo el tiempo. ─ ¿Sucede algo? – no le había mencionado nada a Bella, sobre aquella llamada, no tenía sentido angustiarle cuando era claro que Gabriela, no podría hacer nada ni queriendo ─ Nada cariño, solo estaba revisando los pedidos que se enviarán a Guatemala – mi suegros habían decidido ser nuestros representantes en el país y distribuir nuestros vinos. ─ Me parece bien, necesito ver a mis padre

