María Constanza Verlo tan vulnerable y que hablara un poco me conmovió mucho, ver a un hombre de un metro con ochenta y siete, tan seguro, con un poderío de mando y control al frente de una multinacional, exitoso en sus empresas familiares, que, aunque se encuentra a distancia los fines de semana se dedica a ellas y les hace sugerencia a sus hermanas. Ese acto de vulnerabilidad me pareció extremadamente lindo. Me puso en el piso y aun con nuestras frentes unidas, —Tenía que pensar en lo que me había dicho—. Esperé a que tomara la iniciativa de abrirse aún más. —me había levantado temprano para dejar almuerzo hecho a mis padres y llevar el nuestro, luego recordé que en la mesa de la piscina dejamos los platos del desayuno, antes de que mis padres llegaran, por eso lo escuché. Por eso me

