María Constanza Santos me evadió todo el fin de semana. Pero tenía el sentir de que le intereso, y eso me hacía quererlo más y más. Para él era una persona importante, si no lo fuera hace rato me habría llevado a su cama y eso era lo que había evitado. No era ciega y notaba su mirada constantemente. Viéndolo bien, ya con la mente fría, debía convertirme en una persona indispensable en su vida. Esa era la manera de ingresar a su mundo. —¿Nos inscribimos puntito? Le torcí los ojos a Bryon, ese era mi nuevo apodo en el gran repertorio a lo largo de mi existencia: todo gracias a mi baja estatura. También era culpable de eso, por bocona. En unos de nuestros descansos dije que no se pusiera al lado, ya que me veré como un punto y desde ahí me decía así. —¿Quieres que estemos esos dos días

