María Constanza Las nuevas sensaciones y experiencias me tenían a punto de gritar en el carro de Santos, —menos mal íbamos por una autopista a una velocidad considerable, me había acomodado para que le fuera más fácil acariciar mis pliegues y yo poder tocarlo, aunque por la experiencia de él, logró en menos tiempo hacerme gritar y convulsionar. Una vez logró satisfacerme, sacó los dedos y los lamió. —Eres deliciosa, Mis mejillas se sonrojaron más de lo que ya estaban por el orgasmo recibido. Me encontraba completamente mojada y el vestido recibió los estragos de la liberación. Sentí que mis mejillas se calentaron mucho más. » ¿Puedo saber la razón de tu nuevo sonrojo? —El sexo sin duda es increíble. —Es delicioso, —era mi turno, acaricié sobre su pantalón de lino su erecto pene—. Es

