Santos Nos habíamos quedado en la hacienda en Villavicencio. Había pasado tres meses, de hecho, María Constanza estaba contemplando la idea de regresar a Bogotá solo cuando nos entreguen la casa que actualmente estamos construyendo. Eso sí, cada ocho días viajamos a la capital, para ver los avances y para estar con nuestros suegros. Esta rutina la comenzamos a hacer desde hace un mes. Desde aquí estaba dirigiendo las empresas de la familia y mis hermanas abusaron al entregarme todo de una vez. Una para ella quedar jubiladas y la otra, que creo es la principal, era para que no me arrepintiera, por eso me entregaron todas las obligaciones. Y ya estaba tomando el ritmo. El restaurante de mi esposa también estaba en proyecto y andando. Los chicos en un par de meses tenían el juicio, los de

