Natalia No podía evitar los nervios, y gracias a los ángeles Nadina estaba en mi casa, la gran belleza de ella no era solo su físico, sino su linda alma. Lo calmada y por qué no decirlo, su madurez. Sin duda tenía un alto manejo de las emociones. Gracias a ella me había calmado, porque yo sentía que en cualquier momento mi burbuja de felicidad se explotaría. —¿Cómo lo logras? —Lograr ¿qué? —Mantenerte calmada. —No creas, suelo tener mis arrebatos de pérdida de control y son fuertes, supongo que el tratar de entender a una persona me ha llevado a entender a todo el mundo menos a ese ser. Por qué te juro, es el único que logra sacarme de mis casillas y ante él quedo como insensata. —¿Puedo preguntar? Terminaba de maquillarme, todo será muy sencillo, pero no por eso estaré con mi rost

