Pasé por los niños en mi camioneta, le escribí a Blanca para que supiera que los llevaría a almorzar y luego los dejaría en su casa. No la había llamado, solo le mandé mensajes, así no la abrumo, aunque me muero por verla, besarla y fundirme de nuevo en su cuerpo, le daré el tiempo que me pidió. Mis hijos… —Los miraba por el retrovisor—. Sí, los tomaba como mis hijos. Adoraba a su madre y la vida me la devolvió con niños, y los siento como míos. Después de todo no me quedaré solo, así su madre ahora se me esté escondiendo. No he dejado de revivir lo vivido y se sentía tan bien. —¡Papi! —Ese era el grito de Egan, venía con su hermana, los dos corrieron y me abrazaron. —¿Egan te llamó de nuevo papi? —Sí, —miré a la niña—. Cuando te nazca, Princesa. —Me acerqué y le dije al oído—. A mí

