Kilye no esperaba que Shirley cumpliera su amenaza, pero nada más entrar en el chalet, la voz de Carmela se oyó a través de la puerta abierta del salón. —Kilye ven aquí por favor, quiero hablar contigo. —Oh, Dios —susurró Melly con miedo y trató de seguir a Kilye , pero ésta la retuvo. —Quédate aquí, yo me encargaré de esto sola. Basta con que una de nosotras se meta en problemas. Melly permaneció de pie, cabizbaja, mientras Kilye entraba en el salón. Carmela y Rods estaban sentados en el sofá, Alexander Follor estaba de pie junto a la ventana, no había ni rastro de Shirley. —Siéntate —la instó Carmela. Kilye se dejó caer en un sofá y miró a Carmela esperando. —¿Es cierto que has abofeteado a Shirley? —comenzó inmediatamente a decir con voz desagradable. —Sí. —¿Cómo que sí? ¿Es tod

