6. Tú eres su madre.

1630 Words
— ¿Ya se quedaron dormidos los niños?— preguntó Jeremy entrando en la habitación y comprobando que efectivamente ambos bebés estaban descansando en esa gran cuna que compartían. Eva había acabado de dormir a los niños, la mucama se retiró, apenas vio entrar a su jefe a la habitación, dándoles intimidad —Si, se acaban de dormir, No son hermosos— le preguntó ella volteando a verle. — Si quieres puedo mandar comprar otra, como al principio solo iba a tener un hijo, solo mandé colocar una. Explicó acercándose a ella para observar más de cerca, aquella mujer se veía hermosa de un modo muy especial y natural, una belleza sencilla en la que, debía reconocer, no se habría fijado con anterioridad, pero al tenerla delante le parecía perfecta. —No está bien, algo me dice que estos dos bribones terminarán llorando de nuevo si los separamos. La mucama antes de que llegara Jeremy le había informado que tenía que vestirse, para recibir a la nueva niñera. Aunque Eva hubiera preferido a la joven, no se encontraba segura de llevarle la contra todavía a su esposo. — ¿Estás lista? La niñera te encantará, además habla español como tú, así que yo creo que podréis llevaros muy bien. —Bueno, la joven que me has enviado antes es muy buena también— mencionó ella caminando hasta el pequeño tocador de la habitación, sentándose en el pequeño taburete peinándose —estaré lista en un minuto, solo deja que acomode mi peinado. —Podemos irnos— mencionó ella volviendo a quedar de frente a él, con el cabello impecable, con apenas un poco de maquillaje, el cual solo resaltaba su belleza recién adquirida tras el parto.—Solo me importa que ella sea buena con los niños y nos llevemos bien en cuanto a su educación y valores… — Ella no tiene nada que objetar a lo que tú y yo decidamos, tú eres su madre, ella solo servirá para ayudarte, pero la última decisión es tuya por supuesto— Jeremy dejó un corto beso en los labios de su esposa, no se permitía más, se sentía culpable por desearla a pesar de que hacía tan poco que Marie había muerto. — Vamos. Eva se sonrojó al recibir ese delicado beso de su esposo. Sobre todo por la insatisfacción que le provocó que fuera tan corto. Pero se recompuso, sonriéndole. —Entonces, está bien. No me gustaría pelear por educar a mis hijos con una extraña. Cuando llegaron al salón ya todo estaba preparado, él se sentó en el extremo de la mesa y su esposa al lado mientras les servían algo de agua y vino en las copas. — A la señora no, que está amamantando — Explicó y entonces el mayordomo desistió en la idea de llenarle la copa de vino. — ¿Le traigo un refresco o algo más, señora Duncan?— preguntó amablemente el mayordomo antes de retirarse. —Un jugo de manzana estaría bien— le indico al mayordomo antes de que este asintiera y se marchara. Eva posó su mirada en la mujer que era conducida hasta ellos. No solo era joven, era muy hermosa. Lo que hizo que por un momento ella se sintiera insegura, más sentir la mano de Jeremy agarrando la suya, en ese momento ayudó a aliviar ese sentimiento. Pese a no conocerse con anterioridad, su ahora esposo parecía saber cuando ella necesitaba que él la reconfortara de algún modo. Jeremy conocía a las mujeres perfectamente, antes de su matrimonio había tenido muchas amantes hasta que conoció el amor verdadero y entonces ya no le interesó ninguna otra, pero eso hacía que supiera descifrar a las mujeres y en ese instante la suya necesitaba que le diera seguridad. El mismo se sorprendió de la belleza de la niñera cuando la entrevistó y estuvo a punto de rechazarla por eso, para que su mujer no tuviera ningún problema, pero sería estúpido rechazar a una persona con sus cualidades solo porque era agraciada. Entrelazó los dedos con los de Eva y le sonrió a la recién llegada, haciéndola pasar y señalándole con la mano libre que se sentara. — Eva te presentó a Anahi Cisneros, será nuestra nueva niñera, si tú la ves tan adecuada como yo — explicó llevándose la mano de su esposa a los labios y besándole los dedos, el mismo estaba dándole su lugar así se aseguraba que esa no fuera la razón por la que Eva decidía rechazar a la señorita Cisneros. —Mucho gusto señorita. Eso lo veré una vez hablé con ella— le sonrió a su esposo, incapaz de no darle una oportunidad a la niñera si él le daba su lugar ante ella. El Mayordomo abrió la silla de la recién llegada para que esta se sentara y luego le sirvió agua y vino también mientras está observaba con envidia el trato tan amable y cariñoso que ese hombre tenía con su esposa, si ni siquiera era hermosa solo una más del montón. —Entonces dígame, tiene alguna experiencia con niños recién nacidos — le preguntó Eva a la mujer frente a ellos — por lo que me mencionó Jeremy y leí en su currículum, ha sido maestra de niños, pero mis hijos son dos recién nacidos. No quisiera que usted se frustrará en ese aspecto. — Por supuesto que sí— respondió la mujer— además de dos hermanos pequeños que ayude a criar, también estuve trabajando en una guardería tras mi primer año de universidad, pero la verdad es que siempre trabaje con niños menores de seis años, hablo varios idiomas, por lo que no hay problema si me piden que les hable alguno de ellos, cuando están desarrollando el habla son mucho más receptivos a aprenderlos. —Me gustaría que mis hijos aprendieran el Español también — menciono Eva — dos hermanos pequeños… Y niños menores de seis — no encontraba ninguna falla en la mujer frente a ella, es más, era perfecta. — Bien, eso está muy bien — Respondió Jeremy tras comer un poco de su plato — tiene usted alguna relación o hijos, no me malinterprete, está bien si tiene responsabilidades, de hecho el hijo de nuestro mayordomo y nuestra ama de llaves creció aquí, ahora solo viene cuando está de vacaciones de la universidad, así que no sería problema, lo que me preocupa es la disponibilidad total verá viajo mucho y usted debería venir con nosotros por si mi señora y yo debemos acudir algún acto público en solitario. Eva presto especial cuidado a lo dicho por la mujer, no quería desconfiar, pero esa mujer le hacía ponerse en guardia. Aunque también se decía que eran solo sus inseguridades hablando. Sin embargo, en el fondo deseaba que dijera que sí, que tenía un marido e hijos propios que quisiera defender y aferrarse. — No, en realidad estoy soltera y sin compromiso y si por lo que fuera lo adquiriera no afectaría a mi disponibilidad. La conversación siguió y la mujer se mostró amable, cordial y respetuosa durante toda la comida. A Jeremy le gustaba mucho como empleada, pero no quería darle el sí sin hablarlo primero con su esposa y saber qué pensaba ella. — Está bien Anahi, fue muy agradable almorzar con usted — él le tendió la mano para estrecharsela al despedirse — Le avisaremos a la mayor brevedad posible de si ha sido seleccionada. —Si un gustó — se despidió también Eva, agradeciendo que ya se fuera. Aun así, no podía encontrar nada para rechazar a la señorita Cisneros. Era tan perfecta que rechazarla solo la haría quedar a ella mal ante los ojos de su esposo, cosa que no deseaba que pasaba. Eva volvió su mirada hacia Jeremy una vez la mujer salió. —La señorita Cisneros tiene muy buenas referencias, pero… — mordió sus labios antes de continuar — me gustaría escucharte, decir a ti también tus impresiones sobre la joven. Yo siento que es tan perfecta que no sé… — mencionó Eva. — ¿Verdad, tú también lo crees?— preguntó sorprendido y es que ciertamente a él le parecía hecha para el puesto — haré que mi secretaria la llamé mañana para hacerle firmar el contrato. Atrajo a su esposa contra su cuerpo por la emoción de encontrar a la empleada adecuada y estar de acuerdo en eso la besó, pero esta vez no fue un beso rápido como otras veces, tal vez empezó suave, pero se volvió ansioso y demandante. Eva abrió la boca dándole paso a su lengua y la lengua de él no dudó en colarse y reclamar todo el espacio mientras sus manos se deslizaban hasta las nalgas de su esposa, apretándola más contra su cuerpo. Estaba duro, excitado por ella y la forma tan perfecta en que encajaban, lo natural que se le había hecho comportarse como una pareja y la necesidad que aumentaba a medida que sus labios se fundían como si quisieran devorarse. — Yo… lo siento, me dejé llevar— se disculpó él agitado y aun así no la soltaba, la mantenía pegada contra su cuerpo. —No lo hagas, no te disculpes— le pidió Eva aferrada a sus hombros — por favor no me sueltes. Eva temía que de soltarla, ella caería ahí, justamente en el suelo. No había dudado en responder a su beso, es más, se pegó aún más él, necesitada de la sensación de sentirlo piel contra piel. ¿Estaría mal enamorarse sé su esposo? Al fin y al cabo estaría casada con él por 18 años, que de malo habría en que ella se enamorara de él. Nada, por 18 años ese hombre sería suyo y si él quería ella también sería suya sin reservas.
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