—Vas a ser mi mesa— Aseguró Jeremy con la voz afectada, ronca por la excitación, contenido ante sus deseos, intentando tomarlo con calma. A medida que él iba depositando comida sobre la piel canela de su hermosa esposa, besaba, lamía y hasta arañaba levemente su cuerpo con los dientes. Le gustaba acariciar sus piernas torneadas y ver como se estremecía ante su contacto y es que desde el día en que probó la miel de su intimidad en la oficina. Podía decir que su sonido favorito en el mundo eran los gemidos de Eva y por eso todo lo que hacía pretendía eso, hacerla gemir, escucharla nuevamente, premiarlo con esa respiración acelerada y esos lascivos sonidos que podrían conseguir cualquier cosa de él. — No te muevas o vamos a poner la cama pérdida. Se apartó solo un momento para ponerse de p

