El casino estaba envuelto en una mezcla de destellos de luces y el murmullo constante de voces excitadas. Charlie se encontraba inmerso en el ambiente, el ruido de las máquinas tragamonedas y el olor a tabaco llenando el aire. De repente, dos hombres lo agarraron del brazo con firmeza y lo condujeron por el casino, pasando a través de la multitud hasta llegar a una puerta discreta, apenas iluminada. Al entrar, se encontraron con un hombre que yacía en una silla, pareciendo frágil y debilitado. A su lado, una enfermera lo cuidaba con expresión preocupada. El dueño del casino, con ojos fríos y una voz ronca, se dirigió a Charlie con determinación. — Tienes una deuda conmigo, muchacho. Y si no la pagas pronto, terminarás en una zanja. — Su tono era amenazante, dejando en claro las consecue

