Yannin abrió los ojos en su nueva cama, después de horas de estar pensando en el príncipe de ojos oscuros y profundos, logró conciliar el sueño, aun no podía creer la suerte que tenía, de un día para otro, su vida había cambiado radicalmente, no podía esperar para correr a contarle a su tío Baltazar lo afortunada que era y lo feliz que se sentía.
Bajó a las galeras a recoger sus pocas pertenencias personales, una fotografía de su madre y un pequeño botecito donde Mercy había guardado todo el dinero que había ganado durante diecisiete años, ya que Baltazar le había dicho que veinte años después del crimen, ya nadie la buscaría y podría volver a tierra, lamentablemente murió antes de poder hacerlo, Yannin guardaba ese dinero, sólo de vez en cuando le pedía a Baltazar que le comprara cosas de aseo personal y como no conocía nada más, no sabía que más pedir.
— ¡Tío, tío! —Llegó corriendo hasta el lugar donde Baltazar se encontraba.
— ¿Qué pasa niña? ¿De dónde has sacado esa ropa? — Baltazar sintió como si un balde de agua fría le hubiera caído encima, inmediatamente se imaginó de dónde venía.
— ¡Charly va a convertirme en una princesa del cabaret!
— Yannin, tu eres muy inocente, niña, tú no sabes lo que esas chicas hacen con esos hombres, ¡No lo puedo permitir! Tu madre se volvería a morir si supiera los que estás pensando hacer.
— Yo sé muy bien lo que voy a hacer tío, por favor, no me quites ese sueño.
— ¡Escúchame bien! En éste momento iré a hablar con Charly, definitivamente no lo voy a permitir, aunque nos corra en este momento y nos tengamos que largar del Yate nadando.
— ¡No tío por favor no! ¡Por favor no me quites el único sueño que he tenido en mi vida!
Yannin comenzó a llorar y a suplicar en una forma que hizo llorar a Baltazar también, “Que daño te hizo tu madre al traerte a este lugar alejándote del mundo” — Pensó — ¿Qué podía él hacer? Para sacarla de allí tendría que llevársela arrastras ¿Y quién era él para quitarle el sueño de su vida? Después de todo, ese era el único mundo que conocía y quizás le haría más daño si la sacaba de allí a la fuerza, pero de cualquier manera debía hablar con Charly.
Salió a toda prisa para hablar con el administrador, en cuanto llegó a la pequeña oficina, lo encontró hablando con la encargada de vestuario, afinando detalles para el gran debut de la nueva princesa de Paradise cabaret.
— ¡Charly por favor no lo hagas! Ella es una niña muy inocente, ni siquiera sabe lo que en realidad le espera.
— ¡Vamos Baltazar! Ninguna mujer nace sabiendo eso, lo aprenden con el tiempo, además ella está más que dispuesta a cooperar, tú bien sabes que ninguna de mis chicas es obligada, ése es lo que hace mi negocio tan exitoso, que mis chicas son hermosas, finas y felices de hacer su trabajo y ganar mucho dinero fácil.
— Pero Yannin, ni siquiera sabe comportarse, jamás ha usado tacones, no sabe usar cubiertos y mucho menos entablar una conversación, tus clientes son personas finas y elegantes, ella no sabrá comportarse a la altura, por favor no lo hagas.
— Lo siento mucho Baltazar, pero ya está decidido, la voy a preparar y cuando esté lista será su gran debut en la pista del cabaret.
Baltazar sabía que no habría manera de evitarlo, ni Charly ni Yannin se retractarían de la decisión tomada, sólo quedaba una cosa por hacer y llegado el momento lo haría, esperaba que su plan funcionara, pero para llevarlo a cabo, tendría que esperar el momento oportuno.
Si algo había de cierto en lo que decía Charly, era que allí las chicas iban y venían cuando quisieran, ninguna estaba por la fuerza, ni tampoco las obligaban a hacer nada que no quisieran hacer, algunas lo hacían durante algún tiempo para pagar sus estudios y otras sólo en vacaciones o por temporadas, ese era el éxito del Paradise, las scorts realmente parecían vivir en un paraíso.
Durante el día, dormían hasta tarde, tomaban el sol y se bañaban en la piscina, algunas se ejercitaban o ensayaban su baile de presentación y disfrutaban ver llegar a los invitados y descubrir cuál de ellas era la afortunada.
Regresó con Yannin y le dijo que estaba bien, que ya no se opondría a su decisión.
— Pero por favor niña, prométeme que si en algún momento quieren que hagas algo que no te guste o que te incomode, me lo dirás y nos iremos de aquí.
— ¡Te lo prometo tío! — dijo la chica brincando de felicidad.
La chica salió de las galeras con su botecito lleno de dinero y con la fotografía de su madre entre los brazos, miró por última vez aquella oscuridad, era un galerón con pequeños catres viejos, cada catre estaba dividido por una cortina de lona para dar un poco de privacidad, ella sabía que nunca más iba a volver allí, ese era un gran salto para ella, era comenzar a vivir su sueño.
Baltazar suspiró resignado, tendría que estar muy pendiente del debut, era su única esperanza de sacarla de allí antes de que fuera demasiado tarde, la vio salir de las galeras, con un aire triunfante, estaba feliz y él no tenía corazón para robarle esa felicidad.
Charly, mandó llamar a Shayla, de todas las chicas era la menos frívola, y la que más empatía tenia hacia las demás, no solía ser envidiosa y hacía muy bien su trabajo, era una de las favoritas de los invitados.
— Shayla, nena, voy a encomendarte una gran misión, y te aseguro que te daré una buena recompensa.
— De que se trata Charly, tu sabes que no hay dinero que me alcance para los tratamientos y medicamentos de mi hermano y mi madre, así que dime que hay que hacer.
— ¡Pasa Yannin! Ven quiero presentarte a alguien. — Gritó para que la chica que estaba afuera esperando, entrara en la oficina.
— Mira Shayla, ella es Yannin, ella quiere ser una princesa del cabaret como tú y como las chicas, te voy a pedir que le enseñes todo lo que hay que saber, a caminar y bailar con los tacones, a usar todos los tipos de cubiertos, a comer y beber delicadamente, a vestirse y a maquillarse, confío que, con tu ayuda, muy pronto esté lista para su debut.
Shayla miró a la jovencita y no pudo evitar recordar cuando ella llegó al Paradise, por primera vez, hacía ya cuatro años, ella acababa de cumplir diecinueve años y también era virgen, Charly la puso bajo la custodia de Zayra, la escort más cotizada y a punto de retirarse, ya que había cumplido veinticinco y era la edad máxima que podía tener una princesa de Paradise cabaret, cuando una chica se retiraba, solían hacer una gran fiesta, Charly les daba un gran obsequio de despedida y si habían sabido administrarse, se retiraban con una buena suma de dinero.
Zayra le había enseñado todo lo que sabía para ganarse la confianza y las buenas propinas de los invitados y también le dijo todo lo que pasaría su primera vez, aun recordaba que el hombre que la desvirgó, era un hombre de más de sesenta años, había sido muy gentil con ella y le había obsequiado un millón de pesos de propina adicional a lo que había pagado por el privilegio de haber sido el primero, con ese dinero pudo pagar las cirugías de su madre en un hospital privado, lamentablemente no pudo volver a caminar, pero al menos podía moverse en la silla de ruedas, después de haber estado postrada en cama durante más de un año a consecuencia de su accidente.
No sabía que era lo que motivaba a esta jovencita a hacer lo mismo que ella había hecho, pero allí entre las chicas había tantas historias como la suya, que había aprendido a no juzgar a nadie, ni siquiera a Britany y a Tifany, que lo hacían por el puro gusto de tener dinero fácil.
— ¡Claro que sí! Charly, yo me encargo, y espero esa propina a fin de mes, no sé qué tan rápido aprenda, pero te aseguro que la dejaré lista antes del aniversario, porque supongo que querrás presentarla en fiesta de aniversario.
— ¡Eres un genio Shayla! La verdad no lo había pensado, pero tienes razón, será la ocasión perfecta para su debut, así que tienes tres semanas para que se convierta en una verdadera princesa de Paradise cabaret.
— ¡Hola Yannin! Soy Shayla y a partir de hoy, te convertirás en mi sombra, harás todo lo que yo te diga, pero, sobre todo, únicamente lo harás cuando yo te diga. ¿Está bien? —dijo la cubana tratando de ser muy clara en las instrucciones y sobre todo imitando a su antecesora.
Yannin escuchaba atenta, en realidad no entendía muchas de las cosas que decían, pero había entendido lo más importante, Shayla le enseñaría todo lo que una princesa debía saber y ella, estaba dispuesta a aprender, todo lo que tenía que hacer. En su mente, únicamente había un objetivo, cenar y bailar con aquél príncipe de ojos oscuros y profundos.