Dante no podía creer a quien tenía en frente. Pensó que seguro no le llegó aquella carta donde le expresaba que ya no quería que ella fuera su puta, porque encontró a su mate, luna y futura reina. —No vuelvas a faltarle el respeto a mi chica—dice con el ceño fruncido y sin una pizca de gracia. — ¿Como no hacerlo, si me robó lo que más quería? A ti—dice y camina hacia él. Los guardias que siempre le resguardan la espalda pusieron sus lanzas frente a Dante, protegiendole, evitando que ella se acercara más. Ella pone mala cara hacia ellos e intenta acercarse aún así. —No lo hagas, te atacarán, rompí todo lazo que tenía contigo—dice erguido—desde hoy dejarás de tutearme, para ti soy tu rey, tu alfa, tu señor—pide con las manos atrás, descansando en su espalda baja. Un silencio abrupto queb

