16 de Febrero

627 Words
(16 de febrero 2021) Ayer fue un día muy pesado, tenia muchos dolores en la espalda y eso solo podía significar una cosa, el día estaba por llegar. Como me gustaría que estuvieras aquí. No tuve que esperar mucho, la verdad, Santiago estaba conmigo cuándo paso, el pobre de mi mejor amigo entró en pánico. Los dolores cada vez eran mas y más fuertes, pero todo estos pasaría. Y llegó el momento donde tuve que hacer fuerza para que el estuviera conmigo, mi mejor amigo estaba a mi lado sosteniendo mi mano. Sabía que su novia estaba afuera, al igual que mi mejor amiga. Todos querían ver a mi pequeña ángel. Estaba sudando y mucho, eso era asqueroso, pero en ese momento solo quise terminar, mi hija ya quería nacer. No se con exactitud cuánto tiempo paso, pero después de unos cuentos gritos, la escuche llorar. Mi respiración era pesada, me dolía todo. Mi madre siempre me dijo qué tener un bebé no era fácil y ahora lo entendía. Mi pequeña ángel ya estaba conmigo. Una enfermera me trajo a mi bebé, ya limpio, su llanto había cesado, agitaba sus manitas mientras hacia muecas, mi niña desde ese instante, se robo mi corazón por completo, bese su cabeza mientras lo acomodaba mejor en mi. —¿Que nombre le pondrás? —me preguntó mi mejor amigo. Tu y yo ya habíamos decidido nombres o mas bien, tu habías escogido un nombre, querías que llevara tu nombre y así será. —Alexandra. Nuevamente me había sentido completa, nuevamente me sentía contigo, nuestra hija ya estaba conmigo, seria madre soltera y se que no es fácil, pero por ella lo intentaría, la protegería de cualquier cosas. Se llevaron a mi niña para hacerle estudios, mientras a mi me pasaban para la habitación, donde todos nos esperaban. Mi madre y mi suegra esperaban por su nieta, mi mejor amiga se acercó para verme, cada persona importante para mi, estaba ahí. El tiempo pasaba y mi bebé estaba en buen estado, todos lo amaban y ni hablar de sus abuelos, era la niña mas querida que había. Y yo no me quedaba atrás, mi pequeña era mi luz, una luz que perdí pero gracias a él, pude recuperar mi caminó. Mi vida no es de color de rosa, pero por ella trataría que todo estuviera bien. Había varias personas que aún me buscaban, pero se cansaban al no encontrarme o bueno también puede ser que no les permita acercarse tanto y tampoco bajaré la guardia ahora que mi hija esta conmigo —Alice, tenemos que irnos de aquí —dijo uno de mis escoltas, Santiago era el jefe se seguridad y él lo había mandado, algo malo había pasado. Mi madre me ayudó a vestirme, mientras mi suegra y mi mejor amiga, fueron por mi hija. En cuánto termine de vestirme, tome pastillas para el dolor, no podía sentir nada ahorita, si algo pasaba tendría que proteger a mi hija. Salí de la habitación justó al instante que traían a mi bebé, la tome en brazos y salimos de ahí lo mas rápido posible. ¿Puedes creerlo Alex? Jamás tendré una vida tranquila o normal, tendría que morir para que eso pasará y no les daría esa satisfacción. Aún tenía cosas que hacer, cosas por resolver y una venganza que cobrar. —¿Adónde iremos? —me preguntó Rebeca, caminando a mi lado. —A un lugar tranquilo, mi hija necesitará tranquilidad y yo quiero normalidad. —Tengo el lugar perfecto ¡Santiago! Vámonos a Tokio. Tokio, un lugar seguro para mi hija y un lugar donde tendría tiempo para ordenar todo y volver. Alexandra lo tendría todo, tendría todo lo que yo no tuve y eso fue, una vida normal.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD