Epilogo

1057 Words
Llamaron a su hijo Samuel Edmund Harrison. Samuel por Samantha, porque a Blake se le había metido entre ceja y ceja llamar al niño Sam y no hubo forma de convencerlo de lo contrario. Y Edmund por su padre, a quien Blake ya no podía odiar porque él era la razón de su primer encuentro con Samantha. —Eres un duque glotoncete, ¿verdad que sí? Samantha miraba a su hijo mientras el pequeño Eddie apuraba una de las tomas de la tarde. El pediatra no había exagerado al decir que los niños que tomaban el pecho podían llegar a comer cada dos horas. A ella no le importaba. Bueno, para ser sinceros, dar el pecho de madrugada empezaba a afectarle, pero aun así se levantaba todas las noches y daba de comer a su hijo con una sonrisa en la cara. Blake, por su parte, la ayudaba en lo que podía y siempre estaba preparado para el cambio de pañales. Al principio había intentado permanecer despierto durante las tomas, pero casi siempre se quedaba dormido y era ella quien se ocupaba de las necesidades del niño. Samantha oyó pasos en el dormitorio principal en dirección al cuarto del bebé. Blake apareció en la puerta con una sonrisa bobalicona en los labios. —Sabía que os encontraría aquí. Eddie oyó la voz de su padre y sonrió, todavía con el pezón de Sam en la boca. —¿Has oído a papá? Blake entró en la habitación y se arrodilló junto a la mecedora. Eddie abrió sus preciosos ojos azules y dejó de chupar. —Justo a tiempo —dijo, mientras cogía la toallita del hombro de Sam que utilizaban para hacerle eructar y levantaba a su hijo en brazos. Samantha se cubrió el pecho antes de darse cuenta de que su marido había cambiado su atuendo informal de sábado por la tarde por un traje y una corbata. —¿Tienes que ir a la oficina? —Era su aniversario y pensaban quedarse en casa y cenar tranquilamente. —¿Qué marido iría a trabajar en su primer aniversario de boda? Eddie eructó. —Exacto —dijo Blake. —Entonces, ¿por qué te has cambiado de ropa? —Es una sorpresa. Sam se levantó y entornó los ojos. —¿Qué clase de sorpresa? —Ya lo verás. La cogió de la mano y se dirigieron escaleras abajo hasta el salón principal. Sam olió las flores antes de entrar en la estancia. Y luego los vio. La madre de Blake y Gwen, Jordan y la enfermera que habían contratado para cuidar de ella en casa, Carter, Eliza y el personal de la casa al completo. —¿Qué está pasando aquí? —¡Sorpresa! —exclamó Jordan desde su silla de ruedas. —Pensaba que las fiestas sorpresa solo eran para los cumpleaños, no para los aniversarios de boda. Linda se acercó a su hijo. —¿Dónde está el nieto más bonito del mundo? —Cogió a Eddie de los brazos de Blake y le dio dos besos a Samantha a modo de saludo. Blake rodeó a su esposa con un brazo. —Están aquí para celebrar algo más que un aniversario. —¿Ah, sí? —Sí. Están aquí para una boda. Sam no entendía nada. Miró a su alrededor y vio que nadie tenía pareja. Carter, Gwen y Eliza eran los únicos solteros de la sala y estaban cada uno en un extremo. —¿Quién se casa? —Nosotros. —Vale, ya sé que mis neuronas no funcionan igual desde el embarazo, pero la última vez que lo comprobé ya estábamos casados. Blake se inclinó hacia ella y ahuyentó la confusión con un beso. Cuando sus labios se separaron, le explicó qué estaba pasando allí. —El año pasado nuestra familia y amigos no pudieron estar presentes cuando nos fugamos. Ambos sabemos por qué... pero no quiero que nadie vuelva a poner en duda nuestro amor. A partir del día de hoy, en el que celebramos nuestro primer aniversario, cada año renovaremos los votos en un estado diferente. Sam no salía de su asombro. —¿Cada año? —¿No te parece romántico? —preguntó Gwen. —Y cuando nos quedemos sin estados, seguiremos con Europa. Mientras miraba embelesada a su esposo, el hombre más increíble y cariñoso que jamás había conocido, Sam sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. —Estás loco. Lo sabes, ¿verdad? —Yo le dije lo mismo pero con otras palabras —intervino Carter. —Mejor no las repitas, que hay un bebé en la sala. —Eliza agitó un dedo hacia Carter a modo de advertencia y él le guiñó un ojo. —¿Una boda en cada aniversario? Blake asintió una única vez. —Tan sencilla o tan elaborada como tú quieras. Podemos turnarnos cada año para organizarlo todo o buscar a alguien que se ocupe de prepararla. Gwen aplaudió entusiasmada. —¡Me pido el año que viene! Se me ha ocurrido la temática perfecta para Texas. —¿Una boda temática? —Yo me pido Hawai para el quinto aniversario —propuso Eliza. Santo Dios, no tenían ni idea de dónde se estaban metiendo. Más o menos igual que ella cuando le dio el «Sí, quiero» a Blake por primera vez. —Qué demonios, contad conmigo. —Esa es mi chica —dijo Blake, y la envolvió en un abrazo cálido y reconfortante. —Le diré al cura que ya casi estamos listos —dijo Eliza marchándose. —Yo iré a ver cómo va el catering —dijo Mary, dirigiéndose hacia la cocina. —¿Cuándo has planeado todo esto? —preguntó Sam mientras los demás abandonaban la sala de estar. —Eddie y tú dormís mucho. Sam no pudo contener la risa y un segundo después intentó disimular un bostezo con la mano. —El pediatra dice que a partir de los tres meses Eddie debería dormir toda la noche de un tirón. Blake la besó en la frente. —Tú intenta no quedarte dormida antes del «Sí, quiero». Samantha se puso de puntillas y acarició la mejilla de su marido. —¡Sí, quiero! Una y mil veces, ¡sí, quiero! —Y selló sus votos con un beso capaz de hacer volar mil mariposas. ?FIN?
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