Shinso reaccionó al comentario sobre su madre, se incorporó en el diván y se sentó con el torso recto, la mirada fija y la puerta de un rey. Su rostro pensativo cambió a una pequeña sonrisa. Una sonrisa entre divertida y soberbia. Alzó la mandíbula con arrogancia. Y el viento entró por la ventana tras el diván. Su cabello violeta se alborotó con ese estilo despreocupado que tenía. —Sabe que mi madre amaba el ajedrez. —El chico habló con cierto tono melancólico pero también sonaba hostil y confundió a la mujer por el cambio de tema —Ella colocaba las piezas para mí y comentaba que la belleza del ajedrez es que puede ser lo que quieras que sea. No importaba tu sexo, tu clase social, tu edad, tu origen, sean cuales sean sus circunstancias, cualquiera puede disfrutar de una buena pelea a mue

