Katsuki se encontró sentado en el saliente de la amplia ventana del ático de los dormitorios, seguía vestido con su uniforme manchado de gotas de pintura y sin corbata. La luna menguante esparcía su luz de ultramar sobre su piel blanca, los mechones filosos de su cabello se mecían como un campo de trigo y el viento golpeaba sus mejillas mientras susurraba en sus oídos cosas malas. Estaba ahí porque después de estar con Izuku se sintió molesto y deambuló por varios lugares hasta que decidió subir para estar solo y entender cómo dominar el monstruo de la ira que apuñaló hace horas en una pintura. Logró forzar el candado de la puerta que guiaba a unas escaleras estrechas para subir ático. Dentro del espacio triangular había biblias desperdigadas y abiertas con las hojas deshechas por las te

