Capitulo 2

3826 Words
Acto seguido quitó las cadenas y abrió el portón de hierro. El corazón de Izuku latió rápido y quiso huir como el viento que corría hacia la bella París pero el oficial de custodia lo empujó y este cruzó la reja de manera pasiva. Cuando sus zapatos rojos pisaron el otro lado de la línea se consideró un criminal como todos los adolescentes ahí dentro. Miró cómo se retiraba el carruaje como si hubiera abandonado a un perro. El guardia con un tono apático dijo que esperara al prefecto y el chico observó con incertidumbre los edificios en la cima y sus alrededores. El reformatorio se encuentraba en un terreno alto, rodeado por la exuberante colina cubierta de uvas, había una iglesia en el centro del patio y tres edificios que custodiaban en forma de cruz respecto al templo. El edificio de un estilo señorial (estilo que predominaba en París) era el más moderno, estaba al frente y parecía tener electricidad, Izuku supuso que era el edificio de los ingresos, la administración y la dirección. Y los otros dos más antiguos que pertenecían a la abadía original tenían un estilo arquitectónico del principio del gótico donde predominaban columnas, techos de bóveda, arcos exteriores aunque con pocos ornamentos en la arquitectura. Alrededor de los tres edificios estaban los campos de uvas que aislaban el mundo interior del exterior como si no hubiera escape de aquel mal sueño. Por último el reformatorio estaba amurallado y el único acceso eran dos portones de hierro uno mayor que era el principal y otro menor que estaba olvidado, corroído y cubierto de hiedra venenosa que era la puerta antigua ubicada en la parte este del lugar. —¿Joven Midoriya? —Una voz fría lo llamó. Izuku sacudió la cabeza y regresó a sus propios asuntos. —Soy yo, monsieur —alzó la mano con timidez y el hombre vestido de traje n***o, peinado hacia atrás y con unos ojos oscuros se presentó como el prefecto Shota Aizawa. El tipo se notaba impecable, mantenía una postura militar pero su rostro irradiaba un aire delicado y elegante. Ni el más mínimo de su cabello se levantó a pesar del viento y la lluvia ligera. Su rostro era imperturbable. Sin decir nada, el hombre se giró en dirección del edificio moderno y lo condujo por un camino empedrado. Las hileras de uvas del campo qué lo rodeaba parecían formar una caravana morbosa que le daba la bienvenida a la locura. El olor a vino que se maceraba en las bodegas de atrás cosquilleo en su nariz. De inmediato extrañó los momentos felices con Todoroki. A pesar de la tranquilidad exterior que Izuku mostraba, la tristeza continuaba en su corazón. —No corra. No grite. No silbe. No pelee. Estudié y trabajé y me conservará como su amigo. Si digo que es la noche aun si es de día, para usted será la noche ¿Lo entiende? —Mientras caminaban Aizawa aclaró la poca autonomía que tendría. Su actitud disciplinaria lo hacía ver como el hombre del calabozo el cual no debes hacer enojar. —Holgazanería, malas actitudes y no usar el uniforme escolar apropiadamente serán castigados con trabajo extra. Insubordinación, desorden público y ataques físicos serán una visita a una celda de aislamiento. Las conversaciones obscenas, escritos prohibidos, lecturas o hechos reprobados por la iglesia y las buenas costumbres serán castigados por el padre Yagi. Izuku caminó detrás del hombre y deseó haber traído un lápiz y una libreta. ¿Y quién era el padre Yagi como podría castigarle un sacerdote? —Si eres obediente tu sentencia puede reducirse, solo si lo creo conveniente. —Si, monsieur —asintió cabizbajo. Por fin llegaron al edificio de la dirección y Aizawa se detuvo en la puerta que estaba hecha de barrotes, Izuku chocó torpe con su espalda y su boca balbuceó una disculpa. —L-lo siento, no vi que se detuvo, f-fue un accidente y... El prefecto notó el temblor del chico de baja estatura y sus ojos negros desconfiaron de los tipos que parecían no romper un plato. —Si quiere salir pronto de este lugar le aconsejo que ignore todo lo que vea, enfóquese en el estudio, trabaje en el campo como se le instruya y regrese a su dormitorio a descansar. No se busque problemas y no se le ocurra tener relaciones íntimas. —¿Relaciones íntimas? —Izuku se asqueó, lo que menos pensaba era buscar relaciones con adictos, borrachos, delincuentes y malcriados aristócratas, quienes eran la mayoría que ingresaban en esa cárcel especial. Él sólo pensaba en salir y enderezarse. Entraron al edificio administrativo donde Izuku fue registrado y tuvo un archivo con su nombre y delitos. Después Aizawa lo ingresó a la habitación de revisión, donde Izuku sintió retortijones. Al entrar, un guardia vestido de uniforme militar rojo y n***o como el del portón lo recibió. —Quítate la ropa —ordenó sentado tras un escritorio con una cara de fastidio. —¿Aquí? ¿Con usted mirándome? —respondió cohibido. —¡Si, niño! ¡Te la quitas tú o lo hago yo! —replicó impaciente. La habitación era pequeña, de color neutro, estaba iluminada con electricidad y tenía una ventana con barrotes que daba al pasillo donde los guardias iban y venían, incluso si el joven era de su gusto se paraban a mirar el espectáculo que era la revisión de cavidades, a veces hasta intervenían. El escritorio del guardia que correspondía a la revisión estaba a un metro de distancia del chico. Izuku pasó saliva y con la espalda en la pared se fue sacando la chaqueta de lana verde oscura, el corbatín, los tirantes, la camisa de botones, y por último se bajó los pantalones que puso en el escritorio del guardia y este guardó su ropa en una bolsa. —Cuando cumplas con tu tiempo se te regresará la ropa y podrás salir con ella —dijo como de rutina entonces aclaró su garganta —también necesito la ropa interior. Izuku sudó y se volvió pálido. Definitivamente ya no estaba en casa. Temblando fue bajando su calzoncillo blanco y el guardia sonrió al ver su pene encogido por el miedo. El hombre que aparentaba cuarenta años, de pelo raso y cara de pocos amigos observó su desnudez sin disimular. Izuku cubrió su sexo con sus manos y se encorvó. —Eres lindo —dijo al darle un mejor vistazo y ver las pecas manchando sus hombros y su cara, de inmediato su mirada de fastidio cambió a una lasciva —Date la vuelta, abre las piernas, inclínate un poco y pon las manos en los círculos rojos de la pared. —continuó con las órdenes. Izuku obedeció de inmediato, quería que el mal trago pasara rápido. Se puso en posición, el hombre se le pegó desde atrás y las manos del guardia pasaron por debajo de sus axilas y acariciaron su pecho, tocó sus pezones y descendió lento por su cintura hasta llegar a su pene. —¿Estás algo pequeño? —mencionó al apretar su sexo. Izuku se dedicó a mirar la pared, quería decir algo pero tampoco tenía esa personalidad dominante para exigirle que no tocara de más. —Eres hombre tienes que tenerla grande, déjame ayudarte un poco —El guardia susurró de manera sucia desde atrás y empezó a tironear su pene. Izuku se sorprendió y tuvo escalofríos. —Por favor, no toque ahí —pidió amable. —¡Cállate! —El guardia apretó su pene para que se comportara. El dolor hizo callar a Izuku y apretó los párpados esperando que acabará. De manera enfermiza pensó que Todoroki era el único hombre que podía tocarlo así. Lo tenía clavado en el pecho como una estaca. y todavía recordaba el cómo acariciaba su m*****o con amor, en cómo el deseo se notaba en su mirada heterocromática y su voz le susurraba al oído cosas obscenas qué lo excitaban. Tuvo ganas de llorar porque se sintió asqueroso. El guardia continuó con el manoseo s****l sin ningún resultado. —Eres duro de roer aunque debes acostumbrarte a dejarlo salir esos niños ricos son unos depravados y te la van a meter en cuanto te vean —dijo con una actitud como si fuera su aliado y le estuviera ayudando. Continuó tirando su pene y con su otra mano procedió a la revisión anal metiendo dos dedos. —¿Tienes alguna droga por aquí, niñito? —¡Ahhh! ¡No tengo nada, lo juro! —Izuku gritó al ser abierto. Los dedos fríos se movían como tijeras adentro y era incómodo. Por memoria muscular Izuku continuó recordando a Todoroki ya que su piel también se sentía fría cuando lo tocaba dentro. Tan solo un mes atrás adoraba la compañía de Todoroki y que era el único hombre que podía tocarlo de esa manera indecente y ahora estaba solo y siendo abusado. —No te creo, no seas mentiroso, seguro metiste un cigarrillo de opio. El guardia insistió en buscar drogas. Sacaba y metía los dedos a su antojo mientras le susurraba en la oreja que si tuviera tiempo lo dejaría preñado. Izuku aguantó, arrugó la cara y apretó los dientes. Unas lágrimas se trabaron en sus ojos por la auscultación. Se sintió sucio pero no culpó al guardia del acto, Izuku pensó: “Me lo merezco por ser tan repugnante. Tal vez no sea una mala idea morirme aquí”. —Qué buen niño, así me gustan —concluyó el guardia al sacar sus dedos —Estás muy limpio como para chuparte el culo —El guardia giró a Izuku para hablar de frente y le dio una sonrisa sínica. Después se fue a traer el uniforme y algunas cosas personales. Izuku se quedó solo. Se encogió en el suelo, hecho bolita se abrazó y esperó desnudo, todavía percibiendo los dedos abusivos en su interior. Estuvo una hora oyendo los truenos de la tormenta como si fueran las voces de su familia y la sociedad que gritaban en su cabeza que merecía ser humillado. A punto de querer llorar, se preguntó si el guardia lo había tocado porque en su archivo venía escrito la palabra sodomía o todos los reclusos pasaban por lo mismo. Su ingreso tuvo sentimientos ambivalentes. Por un lado tenía ganas de huir para salvarse de la tortura. Por el otro lado, pensaba que si alguien quería torturarlo y matarlo se lo permitiría. Izuku no tenía fuerzas para seguir viviendo. Por fin le entregaron su uniforme y se vistió de inmediato. Al ser un reformatorio católico y exclusivo, los chicos usaban uniformes escolares, un traje marrón, chaleco y corbata púrpura con un distintivo rojo en el pecho que tenía su número de recluso. También le dieron un overol y botas para el trabajo de campo. De las cosas personales que le permitieron quedarse eligió un libro. Izuku había traído una primera edición de "Los Miserables". El nombre era ideal para su situación. Comenzó a llover a cántaros. Anocheció y el prefecto Aizawa regresó. Después de la revisión a Izuku ya no le pareció un hombre tan frío, lo percibió como un hombre respetuoso y que detrás de ese tono disciplinario en su voz había amabilidad. En silencio, el adulto abrió un paraguas y cubrió a Izuku, su mirada oscura le ordenó que lo siguiera. Ambos cruzaron por el adoquín de la explanada, pasaron frente a la iglesia gótica y Aizawa lo guió al edificio del lado derecho. Era el viejo claustro de los monjes, una casa señorial de tres pisos que poseía un pequeño ático. Estaba construida de piedra caliza con unas delicadas columnas formando arcos en los pasillos exteriores y una robusta puerta doble de madera recibía a los visitantes. Por la falta de electricidad parecía un convento lleno de fantasmas caminando por los pasillos oscuros y estrechos. Izuku no podía pedir un lugar más fúnebre para su deseo de muerte. Aizawa no perdió compostura todo el camino, a pesar del viento de tormenta, los rayos en el cielo y las salpicaduras del aguacero. Al llegar al claustro sacudió el paraguas en el pasillo exterior y lo cerró. El hombre de cabello n***o recogió una lámpara de gas cerca de la puerta doble de madera. Izuku lo siguió desde atrás cargando sus cosas como sus libros de estudio, cepillo de dientes y su overol de trabajo. Al entrar se toparon con un enorme salón de techo cóncavo, había pinturas en óleo de los doce apóstoles en las paredes y un montón de mesas de madera donde los reclusos tomaban su desayuno y cena; más al fondo había unas escaleras anchas de piedra que llevaban al segundo y tercer piso donde estaban los dormitorios entonces cruzaron el pasillo central del comedor y subieron hasta llegar al tercer piso. —Como notará este reformatorio no es una cárcel. Es un privilegio que alguien como usted cumpla su sentencia en instalaciones tan civilizadas. Debió caerle bien al juez —Aizawa dijo suspicaz ya que en ese reformatorio al ser tan privilegiado se recibían más aristócratas que burgueses pues era la clase que podía pagar la cuota. Los burgueses que estaban dentro habían llegado ahí por ser amigos de gente rica —Aquí hay puertas en lugar de rejas, camas en lugar de losas de piedra, habitaciones en lugar de celdas. Hay uniformes escolares en lugar de uniformes de presidiario. Hay comida caliente y una buena educación. Así que no lo arruine si no quiere ser trasladado a una cárcel real. Izuku asintió mientras le seguía el ritmo al hombre. Ambos caminaron por un largo pasillo de puertas interminables que tenían placas doradas señalando el número de habitación. La madera de las puertas tenía grabados de racimos de uvas y hojas de parra que se torcían como hiedras. Los truenos retumbaron los gruesos muros y los rayos alumbraron el tenue pasillo iluminado por las lámparas de gas colgadas en las paredes. Desde atrás Izuku perseguía la sombra de Aizawa en el piso mientras el sonido de tormenta auguraba su infortunio. No dejaba de pensar en sus errores, en la aberración de amar a un hombre, el pecado del placer s****l, el dolor de la traición, el corazón roto… La sensación de estar muerto en vida no se le quitaba. De pronto Aizawa se paró en la antepenúltima puerta y dio un largo suspiro. —Desafortunadamente las habitaciones deben compartirse. Así que tendrá un compañero. —Los ojos negros del adulto lo observaron por un momento con lástima —Joven Midoriya, sea un buen chico y no deje que nadie le influya al pecado otra vez. La advertencia de Aizawa llamó su atención. Izuku levantó la cara y leyó el número de la puerta que correspondía al 308. La luz de la lámpara mostró una mueca por parte del prefecto. —Me hubiera gustado elegir a alguien más apropiado para usted. —Aizawa sonó cálido y eso fue curioso. El corazón de Izuku latió asustado. Recordó las amenazas del guardia acerca de los reclusos depravados y tembló por reflejo —Llegó en mal momento pero es el único chico que no tiene compañero. Supongo que el azar es el azar. —dijo resignado y le dio un ligero empujón para acercarlo a la puerta —No se involucre con él, no le hablé y vaya directo a la cama las luces se apagaran a las diez. El prefecto Aizawa le puso una mano en el hombro como si le deseara suerte y lo abandonó llevándose la luz. Izuku se quedó en claroscuros, las lámparas colgadas en las paredes del pasillo ofrecían una luz tenue color naranja. Se colocó frente a la puerta, apretó sus libros contra el pecho fijando su vista a la madera. El relieve de las uvas resaltaron en sus ojos verdes como si fuera la entrada hacia un mundo desconocido. La lluvia era intensa como si fueran sus lágrimas cayendo desconsoladamente, entonces su mirada esmeralda entristeció, se volvió cristalina y la luz naranja ocultó su aflicción creando sombras en su flequillo. —Esto es lo que me merezco, —musitó —estar encerrado con tipos repugnantes porque amar a un hombre me hace ser repugnante igual que ellos. Un trueno lo sacó de su dolor e Izuku se obligó a sonreír en un gesto desesperado por agradar y sobrevivir al monstruo que estuviera detrás de esa puerta entonces con sus manos sudorosas giró la perilla. La puerta rechinó y se abrió de par en par. La luz fuerte de una lámpara dilató sus pupilas y sus ojos de jade se sorprendieron. Izuku enmudeció. Frente a él se hallaba un chico rubio con el torso desnudo como una hermosa estatua griega. Tenía la espalda apoyada en la cabecera de la cama, y sus piernas largas se desparramaba por el colchón; el edredón púrpura se arrugaba por su peso creando líneas sugestivas y las luces naranjas de la lámpara, que estaba a un costado sobre una mesita, creaban sombras en el relieve de sus pectorales y abdominales. Alrededor de aquel chico había elementos que estaban prohibidos: una caja abierta de galletas, una de chocolates y cigarrillos. Lo más llamativo era una botella de chardonnay empinada a la boca que bajaba sonoramente por la garganta. El rubio de cabello puntiagudo mantuvo los ojos cerrados mientras bebía el vino como si fuera agua en el desierto. Su gesto era de placer. Izuku se paralizó bajo el marco y se fijó en el torso tonificado, parecía que algún escultor había cincelado sus músculos. A pesar del impacto visual, la energía que le transmitía era de peligro y vulgaridad. Su compañero parecía un modelos y a la vez un vagabundo de esas que están en una esquina y amenazan a quien pase junto a ellos. Tuvo miedo aunque su físico varonil era difícil de ignorar. Izuku suspiró y su aliento estaba caliente. El chico rubio usaba los pantalones demasiado abajo, tan abajo que se veía marcado el cinturón de Adonis, era esas líneas sensuales en forma de V donde terminaba el vientre y empezaba el pubis. Izuku lo tachó de exhibicionista. El rubio se empinó más la botella y el vino dorado se deslizó de sus comisuras hacía su mentón donde goteó hasta mojar sus prominentes pectorales como un niño que necesitará usar un babero. Izuku respiró el aroma de aquel vino. El chardonnay era un vino blanco lo opuesto al Pinot noir. Su sabor tiene notas de frutas blancas como manzanas, peras, melocotones y piñas y unos toques florales como la flor del naranjo. Si el Pinot era un vino delicado y seductor, el chardonnay era un vino versátil y complejo. Izuku odiaba el Pinot noir por la asociación con Todoroki, podía hasta vomitar pero aquel aroma no le parecía nauseabundo. El rubio estaba encandilado con el pico de la botella como si bebiera de un seno materno que no percibió el aire entrando por la puerta, Izuku tuvo un segundo más para apreciar su nueva habitación, había dos camas una a la derecha y la otra a la izquierda, una mesita de noche en medio donde estaba la lámpara de gas y un armario con un espejo situado cerca de la puerta. Por fin el viento fresco acarició el torso desnudo del rubio y abrió los ojos, de inmediato su boca se separó de la botella dejando ver sus labios hinchados de tanto succionar. Se percató de la mirada fisgona y sus ojos rojos y alargados se dirigieron furiosos a la puerta. —¿Quién mierda eres? ¡Cómo te atreves a abrir mi habitación, hijo de puta! —El rubio endureció su gesto y le señaló sin soltar la botella de su mano. Izuku vio el fuego salir de sus ojos rojos y su cuerpo se estremeció. Su boca era de dragón y tuvo pavor cuando lo vio salir de la cama. En ese instante su corazón moribundo latió fuerte como nunca había latido antes. Creyó que se le iba a lanzar y tirarlo al suelo para darle una paliza, sentía que el sol estaba frente a él y lo haría cenizas. Izuku estaba dispuesto a morir. Sin embargo, el chico rubio se detuvo a mitad del pasillo entre las dos camas y lo miró condescendiente. Sonrió malvado como si pudiera tomarse el tiempo de matarlo cortándolo pedazo a pedazo porque era una simple basura. —Dime cómo quieres que lo haga —El rubio habló con un tono amenazante y pasó el dorso de su mano por sus labios para limpiar el resto del chardonnay. Los. Labios de Izuku temblaron —¡Ah! Eres de esos mudos —dijo fastidiado mientras se le veía un cierto desequilibrio por la borrachera —Voy a matarte hasta que no quede nada de ti. —advirtió e hizo un ademán en la que su mano sostenía hola salgo —Te voy a sacar el corazón. Izuku ser estremeció de nuevo porque eso era lo que quería. No tener un corazón que sufriera el desamor. — Hazlo, por favor. —musitó y el rubio no pudo escucharlo. Sus ojos verdes parecían suplicar que le pusiera final a su vida. De todos modos Izuku disimuló su deseo de muerte y entró a la habitación. En el exterior parecía que la amenaza le importaba poco y eso provocó qué él rostro del rubio se arrugara. Izuku tenía miedo pero su tristeza era mayor; dejó en la cama sus libros y el uniforme. Inhaló y exhaló y pensó en cómo Todoroki le dejo con el corazón roto, pensó en la golpiza que su padre le dio al descubrir su homosexualidad y su advertencia de que regresara enderezado. Pensó en su madre que lloraba con culpas. Ya no tenía amigos, escuela, reputación y era un criminal ¿Qué tan miserable podía ser si ya era un desdichado? Que lo matara una cara tan bonita como la que tenía enfrente no se oía un mal plan. Como pudo sonrió como un mecanismo de defensa y se volteó hacia el rubio que lo observaba en silencio con la mirada hecha humo e hizo lo contrario de lo que el prefecto había aconsejado. Habló con él. —¡M-monsieur Aizawa me ha asignado a esta habitación espero llevarnos bien! ¡Es un placer conocerte soy Izuku Midoriya! Izuku quiso enfocarse en portarse bien y salir rápido de esa cárcel pero no se percató de algo, cuando su mirada verde y tímida se cruzó por primera vez con esa mirada roja y violenta una pregunta surgió de su corazón: "¿Quién es este patán? ¿Y de qué forma va a sacarme el corazón?" El 25 de abril de 1890 algo se despertó en sus entrañas. La semilla de los impulsos, el placer de la carne y la obsesión comenzó a retorcerse y crecer sin su consentimiento… Aquel día de tormenta y con el aroma del chardonnay alrededor conoció a Bakugou Katsuki.
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