Capítulo 23

4984 Words
Antes de que saliera por la puerta, Katsuki miró a Izuku palidecer y ponerse como una tabla. Toda su imagen de desafiar a la autoridad como el delincuente que era se desvaneció al quedarse solo. Katsuki al cerrar la puerta sintió un remordimiento por tener que abandonarlo, una parte de él deseo permanecer a su lado y agradecer su valentía y devoción. Era la única persona en toda su vida que se atrevió a metro las manos al fuego por él sin temor a morir quemado. Y eso gesto tendría una respuesta. Era una mañana tibia. Izuku sentado en la orilla de su cama, acosaba con su único ojo bueno a un furioso Katsuki. La visita de Shinso lo puso colérico. Se preguntaba de que iba esa llamada a la oficina del prefecto Aizawa y a que se debía ese malestar en el estómago que sentía desde hace rato. El chico de pecas en las mejillas fingía mirar sus pies que se movían infantiles de arriba a abajo como si dieran pasitos mientras alzaba la vista en secreto a pesar que su otro ojo iba coloreándose de morado e hinchándose con diminutas punzadas. Aquella hinchazón como globo en su párpado derecho no lo detuvo de devorarse al rubio con la mirada a pesar que él fue quién lo golpeó. Katsuki se ponía de manera agresiva una camisa negra que fue cubriendo su torso desnudo: Su abdomen con ese relieve de cuadros que quería tocar se dobló como si tuviera una grave gastritis, la camisa se deslizó por esa espalda de nadador y sus omóplatos se vieron tensos... Katsuki era el mundo de Izuku. Una obsesión. No había nada que explorar de la vida en el reformatorio más que el chico malo que nunca lo consideraba sin embargo, estaba bien que su descortesía no hacía volcar su corazón. Estaba a salvo de amarlo, de sentir ansiedad, decepción, agonía y dolor. Eso era lo que el amor significaba para él. Quién cae enamorado siempre sera destruido. Cuando el chico que negaba el amor notó los hombros tensos del rubio, apretó la boca para no pasar su lengua por sus labios pues su cabeza pervertida cocinó una imagen apetitosa de él levantándose de la cama para ir a masajear sus hombros y relajarlos entonces quizás pasar a otro tipo de masaje, por ejemplo pene contra pene. ¡Lástima! Que en un parpadeó la camisa negra ocultó su piel blanca. —¡Qué me ves, inútil! —Katsuki regañó al sentir sus ojos pesados. —No te estaba viendo, Kacchan —negó con voz empalagosa. Enseguida bajó el rostro para ocultarse debajo de su flequillo verde. Katsuki chasqueó la boca y se agachó a buscar sus botas, siempre pensaba que Izuku era un raro, a veces olvidaba que existía y que era homosexual. Izuku de nuevo le dio un vistazo. Pasó saliva y comenzó a dar pellizcos en sus piernas para que su pene no se parara. Era excitante que su compañero le diera la espalda y se inclinara para meter la mitad de su cuerpo bajo su cama en busca de sus botas. Humedeció sus labios y su respiración se oyó con un ligero jadeo y la redondez del trasero de Katsuki acaloró sus mejillas. Pero sus reacciones duraron tan poco cuando el rubio encontró sus botas. La cotidianidad de observarlo como un ente gris y que él ni se enterara era muy placentero y en el fondo (aunque no se diera cuenta) le daba paz. Mientras sus deseos de que su mundo se quedara igual hasta cumplir su sentencia. Afuera de la ventana los gorriones tercos volaban alrededor del horrible espantapájaros de búho en busca de picar el fruto prohibido. Hace noches atrás Katsuki e Izuku probaron sus punterías, siendo el mejor quien llegó al reformatorio por arrojar una roca a su amante desleal. Nadie debía olvidar que a pesar de su imagen dulce Izuku era un criminal, estaba ahí porque decidió romper la ley y vengarse deseando que la roca alcanzara no solo el vidrio del aparador si no la cabeza de su amante. Segundos después que el pecoso admirara el espectáculo anterior, vio a Katsuki alterado más de lo normal, respiraba como un toro, mascullaba algunos insultos y sacudía la cabeza como intentando concentrarse en su situación, ya que Aizawa los había llamado a su oficina. En pocas palabras parecía un loco peleando consigo mismo. Estaba en una crisis violenta. Al contrario Izuku en silencio parecía un buen niño sobre la cama con ese cabello enredado y usando esa adorable pijama de rayas verdes. Se le notaba tranquilo y obediente aunque también se sentía alterado por esa inusual visita. Hace un par de minutos Shinso de manera sugestiva tocó a Katsuki y había mencionado que bebieron vino de consagrar juntos y se volvieron íntimos. ¿Desde cuándo se juntan a beber? Izuku no olvidaba ese detalle, se le pegó en la cabeza e iba enroscándose como la hiedra con espinas. No sabía interpretar las palabras de Shinso desconocía sus motivaciones. Izuku pensó que ambos eran atractivos que quizás el encierro los juntó. Ese tipo de relaciones de odio al amor pasaban muy seguido aunque dudaba que Katsuki le interesaba tener romances con otro tipo. De pronto enchuecó la boca de imaginar a ambos chicos compartiendo el mismo cáliz con el alcohol rojo como en un beso indirecto y se tocó el vientre al percibir una punzada irritante como un cuchillo dentado que iba perforando sus tripas. Su ritmo cardíaco se aceleró y sintió un raro escozor en las manos entonces tuvo miedo. El malestar lo conocía muy bien, era una rabia de cuando un intruso quiere arrebatar lo que es tuyo: Izuku tenía celos. Celos amorosos. Identificaba el sentimiento porque lo había vivido. Al trabajar en la licorería de los Todoroki, Izuku desde el mostrador veía a su novio saludar y hablar con los clientes que eran todos de familias ricas, odiaba que frente a los hombres mostrara su elegante sonrisa aunque fuera diminuta y actuando pasivo permitía que una mano tocara su hombro. A veces pasaba por su impulsiva cabeza, el apretar una de esas botellas de vino Pinot noir que lucían en la estantería detrás del mostrador y arrojarlas a esos hombres que al notar la belleza delicada de Todoroki se atrevían a susurrar en su oreja algo incomprensible que a su novio sonrojaba. En esos momentos Izuku estiraba una liga en su muñeca o los tirantes de su atuendo para calmar sus bajos instintos no obstante sin pedir permiso salía esa parte animal de marcar territorio y gritar: "¡Es mío! ¡Dejen de tocarlo!" pero Izuku reprimía sus pasiones y jamás confrontó a Todoroki para que explicara esos susurros que lo ponían rojo y el porque los respondía con una sonrisa. En su pureza e ingenuidad creía que para Todoroki su relación era importante por sobre todas las cosas. Que él era de Todoroki y Todoroki era suyo y que se amarían por siempre incluso hasta en el infierno a donde iban los sodomitas. Ahora conocía que su romance idílico fue una vil mentira y al parecer una aventura s****l para su ex quedando Izuku al final como un criminal degenerado que lo acosaba. Esa herida seguía abierta aunque no quería sentirla. Katsuki era el dios de sus fantasías y la tabla que indirectamente lo hacía flotar y no hundirse en la tristeza. Solo de tenerlo cerca lo hacía sentir tan vivo y bien en cada orgasmo imaginativo que tenía. En conclusión era su sol y era feliz negando sus heridas y orbitar a su alrededor. Su habitación empezó a estrecharse, el pensar en esa diminuta posibilidad de Katsuki gustando de Shinso provocó que Izuku se alterara más y más. Su expresión sonrojada cambió del placer de observarlo a sentirse inseguro, inútil e impotente incluso abandonado. Su mente se creó su propia tormenta en un vaso de agua. ¿Qué ocurría entre Kacchan y Shinso? ¿De verdad Shinso le coqueteó esa mañana o era su imaginación? ¿Kacchan estaba fingiendo que lo odiaba para encubrir sus verdaderos sentimientos? ¿Y si a Kacchan le gusta Shinso? ¿Y si cambia de compañero de cuarto? ¿Si ya no soy útil como criado? Y si ahora le estorbo... ¿Cómo viviría sin verlo cada mañana dormido frente a mí? ¡No quiero que nadie se lo lleve! Entonces interrumpió sus ideas absurdas, no quería sentirse vulnerable de nuevo y enfadado sacudió su cabeza formando dos puños en su regazo. En que estoy pensando. ¿Cómo puedo sentir celos por un patán que nunca se para ni cinco minutos a verme? Kacchan solo se fija en mí cuando tiene algo para lavar. ¡No debo sentirme así! No me importa quien le guste, si es una de esas chicas pasajeras con las que sale o si es con Shinso. Kacchan es solo un fetiche. ¡Se puede ir con quien quiera! ¡Ese patán no significa nada! Si la semana que viene se muere por beber tanto chardonnay entonces que se muera y si alguien más lo vuelve suyo... ¡No, no me interesa! Izuku apretó los dientes siempre que se daba cuenta de algún sentimiento de apego lo rechazaba como la peste. Todo lo referente al amor y al cariño le repugnaba. El amor te ciega, te debilita, te hace daño eso seguía carcomiendo su mente. Las heridas de recordarlas lo hacían llorar. Y desde que entró al reformatorio no había llorado ni una vez. —No se puede confiar el corazón a nadie —susurró cabizbajo contemplando sus manos en forma de puño en su regazo. Habían pasado solo tres meses de la última vez que hizo el "amor" con su ex. Si Izuku no estaba llorando en su cama ni muriendo de desamor todas las noches era por su fascinación superficial por Katsuki. No planeaba conocerlo, simpatizar o sentir nada pues Todoroki le enseñó que a los hombres no se les ama solo sirven para follar. —No estoy celoso —se repitió a susurros con un tono de regaño. Izuku arrugó sus pijamas y logró hacer un lado los celos. No puedes sentir celos si el otro no te importa. —Kacchan, no me importas —declaró en una voz clara y dulce para escucharse a sí mismo. Katsuki se metía los pantalones negros de su pijama dentro de sus botas y alzó el rostro con una cara molesta. Tenía sus propios problemas con que lidiar y no estaba para descifrar sus susurros y palabrerías. —¡Tú tampoco me importas, basura! —Katsuki respondió enojado pero no hablaba en serio y luego ordenó —Cuando vayamos con Aizawa no abras tu boca. Si te pregunta entonces contesta pero no intervengas ¿entiendes? —Ofuscado se levantó de su cama y se encaminó a la puerta —Ya no tengo tiempo para hablar contigo, necesito hablar con mis otros criados, baja en cinco minutos y... —¡Espera no te vayas! —Izuku gritó impulsivo a ver como partía. —¡Qué quieres! —Katsuki se detuvo fastidiado a mitad de la puerta. —¿Kacchan, porqué nos están llamando a la oficina del prefecto? Es a causa de tus nudillos rotos, por eso llegaste tarde anoche ¿qué hiciste ayer? ¿Shinso está involucrado? —De nuevo unos diminutos celos aparecieron en el pecoso. —¡Shinso es asunto mío! —respondió colérico y el pecoso no entendía la razón de su enojo —¡Ya te advertí muchas veces que no te metas en mis asuntos! ¡Porqué eres tan lento para aprender! —regañó mientras se le notaba apurado. —Pero Kirishima y Kaminari saben todo pero tú nunca me dices nada, creo que también debería saber, soy tu criado como ellos —Izuku respondió y no sabía porque tanto ansias de saber. Katsuki gruñó rabioso desde la puerta por gastar su valioso tiempo escuchando su vocecilla de pájaro y pasando una mano a su cabello, halló un poco de paciencia que no tenía ese día. —Escucha bien, inútil —dijo volviendo a él —Eres pequeño, débil y estúpido —contó con los dedos —Solo sirves para lavar mi ropa, es mejor que no te entrometas. —¿Porqué no puedo intervenir? ¿Puedo ser útil? —Izuku lo decía pensando en mostrarle que servía y no pensara en abandonarlo. —¡Eres pequeño, débil y estúpido! ¡No entendiste! —Katsuki le dio un golpe ligero en la cabeza —Te excediste con las excusas que siempre le das Aizawa, llegaste a tu límite, si acabas con su paciencia te va a castigar y vas a resaltar con los internos. Y yo no quiero que alguien tan pequeño, débil y estúpido como tú este en boca de todos. Es peligroso además no quiero que te esten rondando. Aunque creas que soy un hijo de puta, te lo estoy diciendo por tu bien. ¡No pongas tu culo en riesgo y calla tu puta boca! —¿Y si algún día eso pasara? —Pasarán cosas malas ¡Ya deja de preguntar! —le dio un empujón y se dirigió a la salida entonces se detuvo a mitad de la puerta —¿No has hablado con nadie, verdad? —¡Solo habló contigo, Kacchan! —Izuku negó efusivo con la cabeza mientras sus mejillas se sonrojaban. Si decía que tuvo un encuentro con Shinso seguro que Katsuki le preguntaría que ocurrió y no quería que dijera que lo ayudó a masturbarse. El rubio lo miró por un segundo como si buscara un rastro de mentiras entonces gruñó: —Deku, no hagas estupideces. Katsuki se fue con un azotón e Izuku se quedó con ese sentimiento amargó de saber que para Katsuki era un simple criado y por fin sus celos enmudecieron. Se tocó el pecho y sus latidos volvieron a la calma. Katsuki tenía unas formas maleducadas y bruscas al hablar y una conducta tosca que Izuku sonrió porque su corazón estaba bien. —No me importas, Kacchan —Y comenzó a reír ocultando sus viejas heridas. Contrario a que su boca hablaba sus acciones siempre se rebelaban porque minutos después en la oficina de Aizawa sus palmas abiertas golpearon contra el escritorio y alzando la voz salió para defender con espada desenvainada a Katsuki. Desde el ingreso a la oficina se había mantenido callado como su amo le había ordenado y advertido, Katsuki intentaba defenderse así mismo pero estaba agotado de intentar calmarse. La ira que cargaba era una espada de doble filo. Izuku lo observó con su ojo bueno. Katsuki tenía los dientes apretados, los hombros tensos y una mirada ardiente. Conocía bien su mirada asesina sin embargo apareció una nueva mirada que jamás había visto. Cuando Aizawa había dejado claro que su compañero no valía como persona, que había nacido torcido y que siempre se retorcería, esos ojos intensos y rojos los cuales Izuku pervertía con ser observado mientras tenían sexo tomaron un color bermellón. Los ojos rojos perdieron su luz y se miraron vacíos como si estuviera roto por dentro. El rubio con quién Izuku fantaseaba como si fuera el dios del vino se vio frágil. Hubiera abierto grande sus dos ojos verdes si no tuviera el morado en el derecho, fuera de sus fantasías y su forma de ser patán, por primera vez lo vio como un ser humano. Su perfil era hermoso, filoso y estilizado, sus pestañas tan rubias y su piel tersa y clara; la postura se mantenía en guardia como siempre pero sus ojos eran lejanos y depresivos. Era una mirada que observa a la distancia como el mundo te abandona y sigue viviendo como si no le importases. Y claro que Izuku la conocía cuando su mundo se derrumbó en el momento en que todos lo señalaron por amar a un hombre. Izuku movió en negación la cabeza de manera imperceptible. No quería reconocer que todos tenemos una historia detrás, nadie llega a la cárcel juvenil porque nació del mal. Su único ojo abierto ardió con deseos de combatir. Si su tabla quien lo mantenía a flote estaba tan rota que sería de él si se rompiera, estaría hecho pedazos. Su corazón ese que creía que estaba bien por no sentir nada latió tan fuerte que lo hizo saltar al frente sin pensar. ¿Porqué las personas meten las manos al fuego por otros? ¿Quién se arriesga por alguien que considera un fetiche? Izuku creyó estar loco por alzar la voz y arriesgarse por su amo. Solo quería salvarlo de la celda de aislamiento, no le perdonaría que se fuera por un mes. Era demasiado. De prisa se volvió un devoto para defender a su Dios del éxtasis y de la embriaguez y empezó a deliberar con Aizawa. Se sentía como una bacante en su delirio. —¡Basta! —Aizawa azotó la fusta en su escritorio y silencio la habitación —Por el momento no acusare a nadie. Esperaré a que la víctima reaccione y nos cuente su versión de los hechos. ¡Todos regresen a sus deberes! ¡Retirense! Cuando el encuentro se declaró empate creyó estar a salvo pero el prefecto echó a los demás afuera y el se detuvo al escuchar. —Excepto usted, Midoriya —anunció y sus ojos se veían como flechas negras. Izuku palideció y se puso rígido pasando un nudo por la garganta. La puerta se cerró tras su espalda y se encaminó al escritorio que sirvió de muro protector entre Aizawa y el chico. —Debe creerse muy listo —dijo el hombre aún con la fusta en la mano. —N-no, monsieur, yo no... —Izuku contestó nervioso, Katsuki le advirtió no acabar con la paciencia del prefecto. —Silencio. Se que me miente todo el tiempo. —dijo severo. Aizawa dejo la fusta en el escritorio, se sentó y con un ademán pidió que Izuku tomara asiento. Este lo hizo temblando y el hombre del cabello n***o bien peinado observó unos segundos el morado de su ojo. —¿Qué le pasó a su ojo? Por reflejo Izuku intentó ocultar la hinchazón morada de su ojo con el flequillo de su cabello. —¿A que se debe la anterior acción de rebeldía? ¿Bakugo lo golpeó? ¿Lo amenazó para que mintiera por él? ¿Lo maltrató? ¿Abusó sexualmente de usted? ¿Le tiene miedo? Izuku podría haber contestado varios sí pero en la cárcel a nadie le gustaban los soplones. Por el contrario Katsuki le dio permiso de denunciarlo y cambiar de compañero durante el incidente con la camisa y el vómito, Izuku no iba a denunciarlo. —¡No! ¡Kacchan no ha hecho nada! Jamás ha abusado de mí —Izuku comentó con una cara decepcionada y eso le disgustó a Aizawa —Kacchan no me da miedo, tal vez un poco cuando grita pero él es ... Aizawa alzó una ceja. La actitud del delincuente que había venido por sodomía y vandalismo fue preocupante. —¡Kacchan no me pegó, monsieur! —dijo seguro pero su voz comenzó a oirse nerviosa —S-solo me caí. —¡Ah! ¿Entonces se cayó? —Aizawa junto ambas manos sobre el escritorio y vio a Izuku bajar la cabeza, hizo una pausa y el silencio incomodó al interno y llegó a una conclusión —¿Está enamorado de Bakugou? —¡Qué! —Como un rayo Izuku alzó la cabeza y su cara se mostró sorprendida a la pregunta —¡No, nunca, jamás! —respondió y una arruga se marcó en su frente. Izuku dejaba crecer la idea en su cabeza de querer acostarse con Katsuki pero estaba aferrado de nunca sentir afecto alguno. Si no lo amaba no había dolor. El amor de Todoroki todavía le dolía más que un golpe físico o insulto de Katsuki, a veces al acostarse a dormir, recordaba su aroma corporal que sabía al oceano y a su voz elegante y tranquila diciendo: "Te amo". Aizawa notó su estrés y prefirió cambiar de tema. —¿De verdad quiere enderezarse en el reformatorio o quiere ser un criminal, Midoriya? Porque si pienso que no se ha rehabilitado puedo alargar su salida —Aizawa cruzó los brazos. —No. H-he venido a enderezar mi camino, Monsieur. Estuvo mal arrojar esa roca pude lastimar a alguien, no pensé en las consecuencias y acerca de mi denuncia por sodomía, no quiero pecar otra vez —respondió con escasa convicción pues sus pensamientos impulsivos continuaban retorciéndose por gustar sexualmente de los hombres y no se arrepentía de lanzar esa roca contra Todoroki. Se la merecía por desleal. Su mal no se había calmado ni un poco desde su ingreso al reformatorio. —Supongo que estamos de acuerdo. Ahora que somos sinceros, es evidente que Bakugou golpeó su ojo. —¡Fue un accidente! —interrumpió y Aizawa comenzó a disgustarse otra vez. —Fue un error designarlo como compañero de Bakugou pero si me pide un cambio, esta vez elegiré un compañero con su mismo perfil de delitos y podrá cumplir su sentencia tranquila y... —¡No! —gritó y Aizawa torció la boca por su poca disciplina. Midoriya calmó sus impulsos. La mirada oscura del prefecto y su rechazo a su comportamiento lo hicieron tartamudear —E-estoy bien, de verdad. K-Kacchan no están malo como uno piensa. Todos tenemos una historia antes de entrar y tuvimos un error pero podemos enderezarnos —habló diplomático. —No lo justifique Izuku —Aizawa golpeó la mesa —No sé lo que ocurre en su dormitorio y que se traen con ese jueguito de sobrenombres que de pronto se pusieron pero Bakugou no es su amigo. —El prefecto se levantó de su silla y en un archivero buscó el expediente de Katsuki y lo colocó en el escritorio para que el pecoso echará un vistazo. —Bakugou es un niño problema desde siempre, ha escapado de su casa desde los doce, va a lugares inapropiados para su edad, es un bebedor, se pelea en la calle por el motivo más mínimo y tiene una mala reputación con las señoritas. Es impulsivo, agresivo, no tiene control y estoy seguro que un día va cometer un homicidio imprudencial. Pero usted no es como él. No es un chico podrido, no está aquí por golpear a un hombre que nunca le hizo nada. Katsuki azotó su cabeza contra una acera hasta la inconsciencia, solo por una discusión de faldas. —dijo apuntando el archivo —Joven Midoriya, usted es una persona decente, un estudiante excelente que iba del colegio a su casa de su casa al colegio, obedecía a sus padres católicos, su error fue arrojar una roca de jardín, fue la calentura del momento no el plan de un criminal. No quería lastimar a nadie solo se equivocó al enamorarse del hombre equivocado que traicionó su secreto. —Aizawa hizo una pausa y lo contempló —Por favor no se equivoque otra vez al enamorarse de un hombre como Bakugou. —¡Pero yo no estoy enamorado de él! —exclamó Izuku indignado. —Midoriya aún puede enderezar su camino —Aizawa ignoró sus palabras —Olvide este tropiezo en su vida y si quiere enamorese de un hombre de su clase social que entienda el riesgo de su secreto, no de aristócratas caprichosos. —¿Aristócratas caprichosos? —Izuku le pareció curioso que hablara en plural. Conocía que Todoroki era de buena familia pero quien era el otro. Izuku se encogió de hombros y se recargó en la silla a observar el expediente amarillo sobre el escritorio n***o y sus ojos redondos se abrieron a las letras cursivas del informe. Su boca se abrió al leer la palabra "Conde Bakugou". Había creído que Katsuki era un burgués con suerte como él, su forma de hablar con vulgaridad, falta de propiedad y su costumbre de hablar de "Tú" era más usado por la burguesía que no estaban acostumbrada a títulos nobiliarios como "Conde, Marqués, Duque" Se enteró de sus otros delitos relacionados con la violencia y de un posible diagnóstico psiquiátrico: trastorno explosivo intermitente. —De verdad entiendo lo que está haciendo Midoriya, —siguió hablando Aizawa —protege a Bakugou por que lo intimida pero estoy cansado de sus inventos por encubrirlo y si sigue interfiriendo con mi disciplina empezaré a disciplinarlo a usted. Necesito que coopere conmigo y me diga la verdad de lo que Bakugou está haciendo. Esta vez haga lo correcto. Izuku se quedó callado, aún continuaba leyendo el expediente. Estaba convencido que era un tipo con el cual no debía meterse y aún así cuando Aizawa insistió en el cambio de cuarto su corazón latió con un rotundo y desesperado no. —Quiero quedarme —respondió con claridad y Aizawa se presionó la frente a su terquedad. Izuku cerró el expediente y su mirada se notó reflexiva igual que su voz —Cuando llegue aquí todo estaba muerto, las flores, el cielo, los colores y el mundo pensaba que era una aberración pero a Katsuki jamás le importó quien era yo. Fue ahí que sentí que podía vivir de nuevo. —Izuku sonrió un poco y después torció la boca y su mirada se notó furiosa, se levantó del asiento y se inclinó al prefecto, sus cejas se pronunciaron y sus ojos verdes parecían navajas —Ya entendí —dijo con un tono muy serio —Usted quiere que traicione a Kacchan, que sea la rata que salta del barco hundido, que lo engañe y lo acuse como un día me lo hicieron a mí. Quiere que se lo entregue en bandeja de plata y sé que es un patán y a veces quisiera arrojarle una piedra en la cabeza pero no voy a decir nada. —El rostro de Izuku pareció pintarse de sombras —No voy a dárselo. Kacchan no le pertenecera. Aizawa se alertó por la forma de hablar de Izuku, sus últimas palabras fueron hechas con un tono pesado, celoso y posesivo como si estuviera a punto de arrebatarle un juguete. El adulto no le gustó su rebeldía. Izuku era un alumno destacado en clases y un trabajador silencioso que olvidó que trataba con un delincuente. Un extraño fenómeno se creaba con la lealtad durante el encierro. La fidelidad era absoluta incluso si había rencillas o agresiones los internos nunca hablaban con los guardias y menos se acusaban con el prefecto. —Creó que debería organizar sus prioridades, jovencito. —dijo amenazante. Aizawa ya había previsto ciertas cosas para su reunión, tenía en su cajón cartas de los familiares de Kirishima, Kaminari e Izuku para convencerlos de denunciar a Katsuki. (él jamás recibía cartas). Un sobre amarillo con sello rojo se deslizó en el escritorio. Izuku sintió nostalgia por la calidez de su casa, recordó a su madre canturreando alabanzas mientras preparaba el desayuno y a su padre atareado en hojas de cálculo sobre la administración del negocio de vinos de los Todoroki. —Debe saber elegir bien a sus amistades —dijo Aizawa con más serenidad mientras Izuku tomaba la carta y comenzó a experimentar sentimientos agrios acerca de su idílica imagen familiar —Bakugou es un aristócrata y su dinero siempre tapara sus estupideces incluso puede comprar su reputación pero usted no. Su familia es burgués y su padre se esforzó con el juez para enviarlo a este reformatorio en lugar de una cárcel de verdad. Y tengo entendido que fue despedido de su empleo por su comportamiento indecente. Si ya los decepcionó una vez no los decepcioné de nuevo. No se vuelva un criminal. Izuku bajó la mirada y reflexionó que defraudó a su familia y recordó el sonido del cinturón de su padre en su espalda, tan fuerte y ruidoso que le dio escalofrío mientras le pedía enderezarse. Con las manos en su regazo arrugó la tela de su pantalón y se aferró a su versión. —Kacchan estuvo conmigo toda la noche. Aizawa suspiró resignado y lo dejo ir. Izuku salió de la oficina. —Este día no puede ser peor verdad —dijo tocándose la hinchazón del ojo. Por una parte se sentía orgulloso de salirse con la suya y ser útil para su amo. Y por otra lo que Aizawa dijo resonó en su cabeza: "No se vuelva un criminal". Sacudió sus pensamientos y continuó adelante. Usando su adorable pijama de rayas verdes y una botas rojas se encaminó a la explanada frente a la iglesia gótica, iba dirigirse a su dormitorio pero al ver las figuras detrás del costado del recinto su mente se nubló. Sus ojos se paralizaron y su cuerpo sintió helado. No creía lo que veía a la distancia. A varios metros suyo Katsuki se inclinaba hacia adelante para tomar la mejilla de Shinso. Lo miró por un segundo y acto seguido le dio un tierno beso. Sentía su corazón rugir tan fuerte como un león encadenado. Tan fuerte que dejo de escuchar el sonido de los gorriones llorando en el campo. Solo el sonido de los golpes de su pecho y el sonido de la vida escapando de su boca. — ¿K-kacchan? —sus ojos redondos y verdes se humedecieron llenándose de impotencia. Su labio inferior tembló. —N-no, no me importas —dijo y su voz se quebró. Su cuerpo se paralizó y sus pupilas verdes se llenaron de algo tan común e insignificante: Un beso de un par de adolescentes. Los rayos tibios de la mañana cayeron sobre dos cuerpos atractivos que formaban una sola silueta y un puente con sus labios. Katsuki tan rubio y llamativo vestido en pijamas negras se había inclinado adelante hacia al chico de rostro sombrío y cabello azul violeta, más alto que él.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD