Izuku tenía el calor del alcohol en las mejillas y mirando los ojos exóticos de su novio se dejó llevar por la atmósfera de las rosas y quiso un toque romántico antes de ir a buscar una habitación.
Entonces p-puedes decirlo? —pidió con las mejillas rojísimas.
—Decir que?
—Ya lo sabes. Dilo.
Izuku vio a Todoroki hacer una pequeña mueca. Esperaba un dulce "Te amo" quizás dicho en su oído pero se arrojó a besarlo sin comprometerse esperando que se lo dejara pasar.
-¡No! ¿Por qué no lo dices? —Izuku se lo quitó de encima y se quejó. —No estás jugando, ¿verdad? —dijo temeroso —Incluso si amar a un hombre está mal y da mucho miedo yo preferiría ser un criminal por amarte, Todoroki. Te amaría por siempre. ¿Tú también harías lo mismo por mí, cierto?
Todoroki creía que Izuku era muy intenso y entre más pasaba el tiempo más demandante se ponía pero no quería romper porque se dejaba coger muy bien.
—Claro, Midoriya. Prometo amarte por siempre —respondió complaciente.
—¡Ah! ¡Es una promesa de amantes! —Izuku dijo emocionado, presionó meñique contra meñique, sintió rebotar su corazón y entusiasmado hasta mostrar sus dientes blancos. Era feliz.
De pronto a Todoroki se le bajó la libido. Miró a todos lados como si deseara huir de su promesa de mentiras y así lo hizo.
—Creo que necesito una copa, espérame aquí —dijo y abandonó a su pareja en el jardín.
Izuku se sintió extraño. Quién promete amor eterno y luego corre a beber. Todoroki era un chico difícil de leer se justificaba. Entonces bajo las lámparas naranjas esperó minutos en el silencio de la soledad Minutos largos tan largos que se volvieron insoportables.
— ¿Por qué no regresa? —se quejó al pasar quince minutos y dio un pisotón en la hierba entonces una voz áspera y juguetona que venía del cielo le gritó.
—¡Ey! ¡Romeo! ¡Romeo!
Izuku levantó su rostro pecoso y vio a un chico rubio de rostro filoso en la salida de un balcón. Llevaba una botella de chardonnay que columpiaba de lado a lado, las mejillas rojas por el alcohol y el frac abierto sin un moño en su cuello.
—¿Qué haces ahí abajo, Romeo?
Izuku pensó que era alguien de la servidumbre que se emborrachó. Pero sus ojos rojos eran muy llamativos para ignorarlo.
—Estoy esperando a alguien —gritó hacia arriba y vio como el rubio se echaba un largo trago.
—¡A tu novia imaginaria? ¡Porqué te ves como un perdedor que fue abandonado por un mejor pretendiente —El rubio se carcajeó para luego atragantarse con el alcohol y cuando se recuperó siguió burlándose —¡Malas noticias, Romeo! ¡Creó que tu cita es una puta!
El borracho impertinente como lo pareció Izuku solo incrementó su inseguridad enfermiza ya causa del vino se sintió con mayor carácter para armar escándalo.
—¡Oye Romeo! ¡Sube a mi balcón y bebé algo de delicioso veneno conmigo! Te ves tan miserable como yo —dijo el rubio siendo muy simpático y levantó la botella de chardonnay.
La cara amarga de Izuku cambió al sonreír por sus incoherencias.
—Tal vez, la próxima vez, Julieta. —dijo haciendo un ademán de brindis.
Izuku siguió su juego. Katsuki se carcajeó por su estúpida respuesta.
—¡Buen viaje, mi querido Romeo!
Izuku no recordó a Katsuki ni a esa juguetona conversación pues al entrar de nuevo al salón se le nubló la mente de puros celos como para recordar algo tan insignificante como hablar con un borracho en un balcón.
Al ingresar vio como en la mesa de vinos un chico inclinaba una copa de tinto a los labios de su novio.
Izuku caminó entre la multitud mientras el chico que era alto, de cabello corto color azul y que usaba lentes iba limpiando con un pañuelo de seda los residuos del vino en las comisuras de su novio. El pañuelo se manchó de gotas rojas y el chico más alto que su nuevo aprovechó a pasar una mano a su mejilla que Todoroki no abandonó.
A Izuku se le hirvió la sangre alcoholizada y los celos se le dispararon al ver que el chico llamado Iida le susurró algo a Todoroki y éste inusualmente como hacía en la licorería con los clientes.
—Quizás lo haga si es que me enseñas —había oído decir en calma a Todoroki mientras le alineaba los lentes.
—Todoroki ¿Por qué no volviste? —Izuku apareció y desinhibido por el alcohol reclamó furioso. Casi rechinaba los dientes.
—Discúlpame, Midoriya. Estaba a punto de volver pero me encontré con un amigo de infancia que se me olvidó —Todoroki hablaba tan tranquilo como si dejarlo esperando fuera irrelevante y los gestos anteriores no eran coqueteo si no gestos amistosos.
Izuku sintió un dolor en el pecho. Y sus manos quemaban.
—¡Cómo pudiste olvidarte de mí! —Izuku gritó y de pronto la copa que llevaba en las manos se rompió en mil pedazos con el deseo de romper las lentes de su sospechoso amante.
Ambos chicos altos y ricos se sorprendieron. La sangre se resbaló lenta y ardiente de sus dedos sin dolor físico alguno, el verdadero dolor se enraizó dentro de su corazón pero quiso creer en el amor y no dijo nada más.
Toc, toc, toc.
Toc, toc, toc.
Toc, toc, toc.
Izuku se sobresaltó al escuchar el ruido estruendoso de la puerta. De vuelta a la realidad escuchó la voz del Prefecto Aizawa.
—¡Midoriya tiene tres segundos para abrir la puerta o si no... ! —El prefecto se oía harto como si ya llevaba tiempo tocando y él no respondía. Estaba sentado detrás de la puerta que la bloqueaba.
Izuku espantado se levantó y abrió. Aizawa se vio furioso.
— ¿Por qué estaba atrancada la puerta? —regañó el hombre y al asomarse a la habitación ya no era esa habitación ordenada que Izuku había visto hace diez minutos antes. Todo era un desastre, una cama no tenía edredón, las almohadas estaban tiradas al suelo y la lámpara estaba hecha trizas sobre la alfombra púrpura —¿Qué pasó aquí? ¿Qué le hizo a su habitación?
Izuku se giró y vio atónito el desastre.
—Y-yo, n-no hice eso... No recuerdo que haya sido yo... —Izuku respiró alterado, se preguntó cuanto tiempo había pasado desde que llegó al cuarto. Al parecer tenía una amnesia de minutos. Ni recordaba el replicar de las campanadas de la iglesia ni cuando había arrojado la lámpara.
—¡Por Dios! ¡Su mano! —Aizawa advirtió.
La mano derecha de Izuku estaba cubierta de sangre, tenía un vidrio grueso perteneciente a la lámpara incrustado a mitad de su palma y la sangre caliente resbalaba por sus dedos.
¿Cómo me corte? ¿Cuándo pasó? ¿Cómo es posible? Acaso estaba tan celoso que mí mente se nubló.
Izuku estaba impactado por su amnesia de minutos. Sus pupilas empezaron a temblar. Ese ardor en las manos ya no estaba y su corazón ya no latía feroz. Había hecho algo malo que lo alivió pero no recordaba sus actos. Entonces se preguntó donde quedó la colcha de Katsuki fue cuando se oyeron gritos en el primer piso donde estaba la cocina.
—¡Fuego!
Aizawa apurado corrió al primer piso. Izuku lo siguió. Al llegar vieron el horno de leña abierto y adentro un edredón que se achicharraba. La cocina se llena de humo n***o y el pequeño fuego alarmó a los chicos que tenían turno para trabajar en la cocina y corrieron por baldes de agua.
Cuando se apagó y sacaron con unas pinzas el edredón, Aizawa se enfureció.
—¡Quién lo hizo! —gritó.
Izuku palideció. Dedujo que ese era el edredón de Katsuki. Aizawa amenazó a los internos que era mejor que hablara el culpable o les iría a todos mal. Izuku sabía que tarde o temprano él o Katsuki pedirían otro edredón para reemplazar el faltante y Aizawa lo sabría. Era mejor admitir la verdad.
—Creo que... Y-yo lo hice —Levantó la mano herida y la sangre escurrió por su brazo. Izuku sintió su mano dormida.
Aizawa lo mandó a la enfermería antes de decidir su castigo.
Izuku terminó con una venda en la mano y no se topó a Katsuki todo el día, ni en las duchas, ni la misa o el desayuno. Y su cara se amargó al no ver tampoco a Shinso.
Ambos se saltaron todas las clases que lo hizo sospechar. Katsuki llego a la lectura bíblica y sólo porque era el prefecto quien la impartía. Izuku lo vio caminar por el pasillo con los hombros tensos y las manos en los bolsillos luciendo tan atractivo con el uniforme de estilo de escuela católica. Entró al salón con todos los delincuentes y quiso alcanzarlo para reclamar porqué beso a Shinso pero porqué reclamar si ellos a duras penas eran amigos.
Izuku se deprimió aunque al estar cruzando la puerta. Aizawa lo detuvo y fue el centro de toda la clase.
—Usted no va a entrar, Midoriya. Está castigado. Vaya con el padre Yagi, a partir de hoy creo que necesita más disciplina. —dijo pensando en lo rebeldía que mostró en su oficina. —Y por la noche ira a trabajar en la granja y va reemplazar a quién defendió con tanta lealtad esta mañana, así aprenderá a que tiene que ser responsable por sí mismo y no mentir por otros.
—¿Con el padre Yagi? —Izuku parado en la puerta tragó un nudo de saliva. Sus músculos eran de terror y había oído de los azotes. —Pero ir con el padre se hace cuando hay una indisciplina en el salón de clases y yo...
— ¿De nuevo quiere actuar como un abogado? —Aizawa lo interrumpió. —Eso pasará de nuevo. Vaya o agregaré más días a su sentencia.
Izuku dio la media vuelta. Katsuki solo levantó el rostro del pupitre pero no alcanzó a mirarlo. Todos los internos comenzaron a chismear el motivo del castigo.
Al entrar a la iglesia. La sombra gigante del padre lo encogió de hombros y lo reconoció de inmediato.
—¡El chico arrojapiedras!
El padre se arremangó la camisa mostrando sus anchos bíceps venosos mientras unos chicos arrodillados mirando la pared se latigueaban su espalda rezando el padre nuestro en italiano.
El padre era compasivo pero no demasiado cuando se trataba de ofensas contra Cristo y más cuando estos chicos problemas regresaron una y otra vez sin aprender nada.
—¿Eres el compañero del joven Bakugou?
Izuku ascendió y tembló peor que una gelatina.
—Supongo que te ha influenciado a ser un chico malo. ¡Y yo que pensé que era al revés! Es una lástima pasemos a los asuntos. Ya que es ti primera vez volteate de espaldas ¡Hora de hacer justicia! —El padre estiró el brazo y la mano como si lo iba a castigar como un niño dándole palmadas en las nalgas.
— ¡Esperé! —El chico llevó sus manos a su trasero como protección —P-podemos negociar el tipo de castigo?
-¡No! Si es tu primera falla con mal comportamiento le castigo como su padre lo haría a su hijo y si no se endereza y vuelve toca latigazos hasta que se corrija.
Izuku protegió su trasero pegándose a una banca de la iglesia, el padre se acercó y su forma de caminar como de gladiador lo llenó de terror y su cara se puso blanca.
—Y-yo no soy un chico malo —dijo Izuku mientras pensaba en el dolor de una nalgada con esos brazos de hierro. Le gustaba un poco el dolor en el sexo pero esto era diferente. Estaba aterrorizado cuando el padre lo giró con una mano y levantó su mano al aire —¡Esperé! ¡Si no me pega puedo darle algo que le gustará! —Izuku gritó desesperado y recordó la vez que Katsuki comentó como se salvaba del castigo dándole "material pervertido".
El padre que usaba una sotana blanca se detuvo y lo giró para verlo cara a cara.
— ¿Qué podrías dar? —El hombre se sonrojó y toco su mentón imaginando material nuevo que viviendo en el reformatorio no lograba conseguir —Sabes dibujar una chica desnuda? Porque si hablas de ofrecerte sexualmente déjame informarte que no soy un pedófilo, joven Midoriya. No me gustan los hombres y mucho menos menores de edad.
—No, no sé dibujar y no quería ofrecerme —Izuku hizo una mueca. ¿Cómo creyó que era capaz de eso? —Pero puedo hacer que las palabras crean una imagen erótica en su mente que le fascinara. S-si me da unas horas le escribiré a la mujer más sexy desnuda caminando en el pasillo de su iglesia como una novia hacia el altar.
La mirada del pecoso era determinada y sonriente de lado al ver que el padre lo meditaba y que estaba a punto de caer en tentación.
—No había probado leer relatos eróticos, aunque es excitante leer cuando las hijas de Lot emborrachan y se ofrecen a su padre terminando embarazadas pero hay algo que me hace dudar de su talento, joven Midoriya.
—He leído mucho y créame que mi imaginación es muy buena —dijo siendo modesto cuando en la realidad tenía un universo de Katsuki siendo un dios griego que lo seducía en sus sueños.
—Usted está por sodomía ¿cómo podría describir la belleza de una mujer?
—Dante escribió como era el infierno y ni siquiera fue, Homero escribió la iliada y no creó que necesitó estar en una guerra? ¡Créame Padre describiré a la mujer más hermosa del mundo solo para usted! —Las manos de Izuku formaron dos puños y se inclinaron con mayor confianza al hombre gigante quien su mirada brillaba como zorro pervertido.
—¿Y cómo sería mujer perfecta, joven escritor?
Izuku quedó en blanco. Sólo había lanzado palabras al azar para convencerlo entonces se le vino a la mente el objeto más hermoso del mundo.
—¡Una mujer rubia con grandes tetas! —gritó desesperado que su voz se hizo eco en la iglesia hasta el cristo del fondo del altar lo había escuchado. Izuku se enrojeció.
—¡Tenemos un trato, joven artista! —exclamó feliz.
Después de tanto alborotó Izuku por fin se sintió como el mismo. Olvidaría ese momento de celos fuera de lugar y descansaría su mente escribiendo sobre esa mujer perfecta.
Una mujer rubia de cabello espinoso, delgada y curvilínea, de mirada felina que de puntillas caminaba al altar usando un vestido blanco translúcido que sus senos redondeaban la tela y sus pezones rosas resaltaban una simple vista.
Izuku sentado en una banca escribió y escribió frente al cristo crucificado los detalles de esa mujer divina. Dejándose llevar escribió que tenía ojos rojos muy intensos que lograba perforarte en un parpadeo y una piel de leche y seda con unos labios dorados.
Izuku se perdió en su imaginación donde la mujer se volvió un hombre de hombros anchos, brazos fuertes y cintura estrecha que llegó al altar donde el sodomita lo esperaba.
Su dios del vino sonando coqueto como siempre, levantó su cáliz lleno de vino tinto y una ostia que metió a su boca junto con sus dedos que fue metiendo.
—¿No te cansas de ser tan sumiso? —dijo al tocar su lengua y penetrarlo con mayor fuerza con dos dedos. —Tu lengua está muy seca —dijo sacando sus dedos y formando un hilo de saliva entre ellos.
Izuku sonrojado y con una mirada de "Follame aquí mismo", lo vio en esa toga semitransparente y perdió el aliento con notar sus pezones claros y el oscuro vello de su entrepierna.
—Arrodillote y bebe —dijo desamarrando su toga del hombro que cayó a sus pies. Izuku salivó al presenciar como ese apetitoso pene se levantaba como si tuviera mente propia.
Cuando Izuku se arrodilló y abrió grande deseando tragar su carne fálica de pronto un chorro de vino de sangre cayó en su coronilla y su dios comenzó a burlarse justo como sus supuestos amigos hicieron una vez.
—¿No te cansas de ser patético? —Izuku levantó el rostro y el vino ensangrentó su cara —¡Deja de soñarme, sodomita de mierda! ¡Ahora le pertenezco a otro devoto! ¡Tú nunca podrás tocarme, perdedor!
Entonces al fondo de la iglesia vio a Shinso caminar como un rey usando una toga roja y una corona do oro. Al llegar, el dios del vino lo beso y devoró sus labios hasta abrir su boca y meter su lengua de manera grotesca.
—¡Basta! —gritó y el lápiz ralló una línea en la libreta.
Izuku interrumpió su escritura. Aunque quería ignorar ese beso seguía acosándolo. Lanzando choques eléctricos como a los locos en sus sienes. Incluso el refugio que era su imaginación fue invadido por el dolor.
Enseguida colocó la libreta en su cara y recitó "El es mío, él es mío, él es mío" refiriéndose al dios en sus fantasías aunque su corazón lo mezcló todo el real, el no real y sus sentimientos.
Izuku terminó su trabajo. El padre quedó fascinado con su talento y le dio una palmada de agradecimiento en la espalda. El chico fue a cambiarse el uniforme formal por el overol gris y las botas que usaban en los campos.
Su trabajo consistía en arrancar la mala hierba, Izuku oyó a los gorriones y notó que eran una molestia seguir aferrados a probar las uvas si temían al espantapájaros y se reflejaba por completo en ellos.
— mirar debería a alguien más —Izuku suspiro y estando en cuclillas fue jalando la mala hierba. —Hay otros chicos como yo que podría relacionarme incluso llegar a besar —pensó positivo y se sonrojó.
Gracias a la atmósfera pacífica de los campos, de su color verde que se extendía hasta los altos muros de la propiedad y el aire puro; el pecoso logró meditar y encontrar una solución. ¡No tenía que obsesionarse con una persona! Estaba en un reformatorio de varones ¿Por qué actuaba como si fuera el novio de Katsuki y que debía permanecer célibe y fiel?
No era necesario aceptar el dolor si no desviarlo con el placer.
—¡Esa es la solución! —dijo para sí mismo y su sonrisa larga y dulce apareció de nuevo en su cara.
Por un minuto quiso ser como Todoroki que no sintió dolor de celos, miedos y de rechazo en su relación porque nunca involucró el corazón. Ir coqueteando y follando sin amor al parecer era una aventura divertida. ¿Acaso fue desagradable que Shinso lo ayudara a masturbarse? No, al contrario se sintió bien que lo haya tocado. No era necesario que Katsuki fuera el único que debía tocarlo.
El dolor se iba alejando como esos gorriones que en lugar de morir de hambre esperando en vuelo que un día el espantapájaros se vaya de los campos de uvas iban al bosque cercano por comida a su alcance.
Izuku estaba aceptando esa idea de exploración. Vivir sin sentir. Sin embargo para el siguiente minuto su corazón lo contradijo y vibró como un tictac punzando dolorosamente su pecho.
Una uva púrpura tocando su cabeza de hierba, Izuku se levantó para ver quien la arrojó y en el pasillo de uvas se cruzó con esos ojos rojos que paralizaron sus pupilas y lo hicieron adolecer el cuerpo. Estaban cara a cara.
—¡Kacchan! —Izuku creyó que se pondría furioso en cuanto lo viera pero todo se volvió un sin sentido.
—Oí que Aizawa te mandó a trabajar en la granja como castigo —dijo con esa voz áspera que el pecoso sentía que era exclusiva para sus oídos.
— ¿Por qué preguntas? No recuerdo que te preocupara tanto —Izuku intentó contestar con frialdad y quiso agregar "¿Por qué mejor no te preocupas por la boca de Shinso?" Izuku quería estar indignado pero Katsuki no se lo dejo fácil cuando empezó a conversar.
—Quería decirte que no cepilles a Champagne más de tres veces o harás que su cabello tenga frizz.
-¿Champán? —Izuku ladeó la cabeza confundida.
—Habló del caballo. Es el caballo quien me preocupa —dijo gruñón —Mister Champagne tiene carácter dale las zanahorias que quiera o va relinchar y levantará a Rene, Roselyne y Román.
Izuku parpadeó y su expresión era un signo de interrogación. No era la clase de enfrentamiento que se imaginaba tener cuando viera a Katsuki. Había imaginado alguna discusión y quizás gritos de respuesta como "¡Ya te dije que no te metas en mis asuntos, inútil!" o "¡No me digas con quien debo besarme!"
—No le des toda la comida a esos tres, si engordan demasiado se los van a comer y acerca de Laila y Lila solo limpia sus corrales de la mierda y si las vas a ordenar se delicado. A las gallinas las puedes ignorar fastidian hasta que se van a dormir a las ocho arroja su comida al gallinero y listo.
Izuku permaneció desnudo.
—¡Escuchaste todo lo que dije! ¡Responde! —Katsuki lo empujó con su acostumbrada impaciencia.
—¡Si y yo...! —La impredecible conversación lo dejo en blanco que la pregunta celosa de: "¡¿Por qué besaste a Shinso, patán?! " cambió a una tan tonta e incrédula —Le pusiste nombres a los animales, Kacchan? —dijo extrañado.
Katsuki presionó los puños que llevaba vendados.
—¡Algún maldito problema, Deku de mierda! —gritó a la defensiva y cruzó los brazos —¡Si quiero ponerle nombres al caballo, a los cerdos ya las vacas voy a hacerlo y no necesito tu permiso! —Su ceño se arrugó y se miró avergonzado —Es mejor ser amigos de los animales que la estúpida gente, al menos ellos jamás traicionan.
Katsuki se enojó, su malestar continuó. Izuku agachó la cabeza y pensó en esa última frase. La gente siempre traicionaba si le dabas tu confianza ciega. Recordó en la traición de Todoroki y sintió que Katsuki también lo traicionaría un día. Y no solo por dar un beso si no por egoísmo. El dolor de su pecho volvió.
—¡Deku! —Katsuki volvió a él a gritos —Se me olvidó decirte no llegues tarde del castigo quiero decirte algo. ¡Entendido!
Izuku levantó el rostro y sin palabras parecía intimidado. Katsuki jamás tenía nada que decirle excepto órdenes. ¿Qué sería ese "algo"?
De pronto el dolor de su corazón cambió. Se tocó el lado izquierdo y percibió latidos como un tic tac. Había dolor pero era un dolor diferente. Un dolor placentero con el cual se podía vivir por siempre.
Shinso
Eran las cinco con cuarenta y cinco de la mañana. Shinso tambaleó hasta su habitación la cual era la más amplia y bonita de los dormitorios, tenía cortinas doradas, una cama matrimonial y muchos libros. Pero sus beneficios como interno no fueron regalados había trabajado por ellos.
Y esa mañana, sus ojeras oscuras era la evidencia de su esfuerzo pues no había dormido en 36 horas. Sus párpados estaban calientes y pesados y arrastraba sus pies al avanzar por el lúgubre pasillo de piedra caliza.
Los pasillos tenían muros gruesos de un color sepia que acompañado a la falta de luces eléctricas, las lámparas de gas daba un aspecto de catacumbas. El aspecto poroso de la pared creaba sombras difusas. Shinso siguió caminando como un muerto de regreso a su lugar de confinamiento.
El rey estaba a punto del desmayo.
Había estado como siempre atendiendo sus fiestas privadas a la vez que hilaba su plan en contra de Katsuki y seducía a Aizawa. Quería manipular a su amante para que llevara al rubio a aislamiento, el cual era un hoyo a dónde todos temían. Le llevo desvelos preparar su plan desde hace tres meses cuando puso sus ojos en Aizawa una figura de autoridad y descubrir que era lo más valioso para Katsuki: su libertad.
El acto de burlar al sistema y usarlo a su favor no era tan fácil como lo hacía ver, a pesar de su esfuerzo de mover las piezas como en un tablero de ajedrez, Katsuki seguía libre y alguien había arruinado su trabajo de meses.
—Creo que mi plan tendrá un ligero retraso —respiró exhausto mientras arrastraba su cuerpo pesado a su cama.
En sus labios aún estaba esa dulzura que su nuevo criado depositó con un beso. No. No se había enamorado de él, lo había pedido por joder. ¿Qué tipo vicioso por las mujeres no vería como una humillación besar a un sodomita? Pero el rubio en lugar de sentirse asqueado, le importó una mierda su orientación y lo beso como lo hace un caballero, suave, gentil y lento como si lo considerará una pieza de porcelana que podría romperse en un descuido.
—Bakugou así que tu naturaleza salvaje no rechaza a los hombres como pensé —Shinso sonrió al descubrir algo nuevo que podía usar de ventaja porque estaba seguro que Katsuki no tenía idea de su enfermedad como en aquel tiempo se creía que la homosexualidad era un mal psiquiátrico. —¿A quién imaginabas cuando me besaste, bastardo? —Su rencor burbujeando en sus venas le alcanzaba para pensar aunque estuviera encorvado del cansancio y sus párpados caían —¿Quién de sus tres criados es tu amante? Necesito arrebatárselo. —sintió neurosis y apretó tanto su puño que sus venas se saltaron —¡Maldito conde! Te juro que mientras estés en este reformatorio voy a quitarte todo lo que tienes como allá afuera tú me lo quitaste a mí, borracho de mierda.
Shinso cruzó su puerta recordando su aliento a chardonnay golpear sus mejillas en la noche de su detención sin embargo, en el instante que su mirada opaca por el agotamiento vio el fino edredón azul marino cubriendo su esponjosa cama, su fuerza de voluntad y venganza flaquearon y se dejó caer como si se arrojara al océano para ahogarse.
Shinso saldría del reformatorio hasta ser mayor de edad, su estadía duraría tres años más. Su delito fue homicidio múltiple, había asesinado a su amante que era su tío, su esposa y al hijo que está llevaba en el vientre.
La fortuna de su sentencia le bendijo al ser menor y su padre aristócrata consiguió ingresarlo a esa cárcel privilegiada por el amor que le tuvo a su madre aunque después lo rechazó por completo y lo desheredó. Se decía marqués pero actualmente solo era el hijo de una puta.
Por esa razón el chico de cabello azul-violeta conocía el poder de los títulos. A los dieciséis había llegado en el reformatorio y fue interceptado en los baños donde un grupo de cinco lo golpearon hasta sangrar en la acostumbrada "bienvenida" a los novatos.
Vencido en el suelo, los internos sacaron sus p***s y lo orinaron encima diciendo que era demasiado lindo para no usar su culo como letrina. Le advirtieron que al terminar el mes sería la esposa del grupo.
No fue el acto humillante que lo inspiró a llegar a la cima, era el hecho que esos niños ricos y heteros sintieron placer por el poder que poseían sobre el desvalido. Algo se despertó en él. Ver lo brillante de sus miradas cuando lo observaron lo despreciaron desde arriba y el gusto de hacer daño al decidir orinarlo, ver eso, hizo a Shinso querer tener ese poder recordando lo que su madre repetía:
"Los demás deberán idolatrarte, mirarte hacia abajo y tú los mirarás con desprecio. Jamás aceptes menos de lo que eres".
De inmediato uso su mente a trabajar. No iba ser el criado de nadie y mucho menos ser como esos chicos que solo por su físico endeble los tomaban como "esposas de cárcel". Él no iba ser una puta a quién se podían coger a su antojo. El sería el jefe que mirara hacia abajo mientras orinaba a los demás.
Entendió el sistema de la cárcel rápido. Si no tenías nada eras vulnerable. Si no te ganabas el respeto de los demás eras basura. Y si eras debilucho eras usado.
Tal vez su fuerza física era poco destacable a comparación del talento de su boca para manipular. La violencia era vulgar y poco efectiva en un lugar donde el más fuerte ganaba. La única forma de tomar poder era seguir el principio básico de "Divide y Vencerás". Su voz de serpiente creó conflictos donde no los había, separó a grupos que se prometieron protegerse y los volvió enemigos con simples rumores. Y metió ideas de inconformidad a los vulnerables para que explotara todo. Entonces esperó a que el "gobierno" del lugar se derrumbara con peleas absurdas.
Fue divertido ver todo arder desde su cómoda habitación que Aizawa le dio por su desempeño como un soplón que obligó a trasladar a los antiguos jefes a otros reformatorios. Entonces un día sin darse cuenta los internos comenzaron a llamarlo "El rey" y el poder llegó a sus manos.
Shinso lo tenía todo, era temido y admirado a la vez, tenía beneficios y dos amantes que besaban sus pies pero aunque lo tuviera todo no tenía nada en realidad. Estaba vacío en el corazón y tan dispuesto a que su venganza lo llenara lo suficiente para no sentirse como en realidad se sentía: Miserable.