Izuku se puso rojo al darse cuenta de la magnitud de sus declaraciones públicas que escucharon también los demás chicos que estaban fuera del pasillo. Todos se quedaron callados por unos segundos que a Izuku le parecieron eternos y vergonzosos aunque todos lo reconocían como “la esposa de cárcel” de Katsuki. De pronto el pecoso sintió las miradas de sorpresa de Aoyama y Sero, se encogió de hombros y se tapó la cara abochornada. Katsuki que estaba junto a él sonrió orgulloso de que lo haya dejado como un hombre bien dotado y cumplidor entonces les dirigió una mirada de advertencia a sus vecinos. —¿Ya lo escucharon, idiotas? Mi conejito está lleno con mi v***a y no necesita vergas flácidas como las suyas. No lo molesten más. Katsuki jaló a su criado del brazo y entró con un portazo. Izuku

