Capítulo 21

5000 Words
Dejando de lado su dilema, el rubio gruñón se acercó aún más y más y un poco más hasta sentir esos jadeos acariciar la punta de su nariz. —Su cara se ve tan inocente que me dan ganas de... Los párpados de Izuku comenzaron abrirse y sus ojos verdes lo sorprendieron. El rubio de aspecto rudo se sobresaltó, su corazón latió en pánico y con vergüenza de ser descubierto espiando, lanzó un puño instintivo. —¡MI OJO! —Izuku gritó y se revolcó en el colchón del dolor. —¡Maldita sea porque despiertas sin avisar antes, estúpido! —Katsuki regañó con cierto nerviosismo. —¡Cómo voy avisarte cuando vaya a despertar si estoy dormido! —Izuku se quejó lloroso —¿Porqué me pegas? —gimió de dolor con el ojo derecho cerrado. Katsuki desvió la cara y chasqueó la boca. —Eso no te importa lo que importa es que te lo merecías, maldito loco de los conejos. Katsuki cruzó los brazos y mantuvo el silencio con gruñidos y maldiciones. De reojo vio a Izuku hacer una mueca de desagrado hacia él. ¿No te caigo bien, Deku? ¡Perfecto tú tampoco me caes bien! De pronto alguien tocó la puerta... Ambos se tensaron y cruzaron miradas preguntándose quien era tan temprano. —¡Qué me ves, Deku! ¡Abre la puerta! El pobre chico fue a la puerta sintiendo la hinchazón en el ojo. La puerta se abrió y el diablo apareció. —Buenos días, compañeros —Shinso habló bajo el marco de la puerta y al ver sus cabellos recién levantados y el ojo hinchado de Izuku sonrió divertido —Al parecer pasaron una buena noche... Tres de la mañana. Edificio de ingresos y dirección. Habitación del prefecto. Sus manos calientes arrugaron las sábanas azules. Shinso sintió una presión de unos dedos fuertes en su cadera y por reflejo su cuerpo (que se había despojado de la ropa como si estuviera en llamas) se inclinó hacia la cama con descaro hasta formar una posición en cuatro completamente sumisa. Su trasero fue elevado por esas manos que hace poco logró seducir. Los ojos oscuros del prefecto Aizawa admiraron el color azul violeta de su cabello que lo llevaba lacio sin su peinado común echado hacia atrás; la curva exquisita de su espalda y la redondez de su trasero que tan solo de mirarlo tuvo la desesperación de abrirse la bata negra, apretar sus glúteos e introducir su pene a su dulce carne. —A-Ai.. —Shinso intentó decir Aizawa pero gimió al sentir como se iba abriendo su piel delicada y caliente y aceptó el m*****o viril del adulto. —Eres tan lindo —dijo ansioso Aizawa mientras acariciaba su espalda baja y entraba por completo. El hombre quien acostumbraba a usar el cabello relamido y ser demasiado formal, en la intimidad era pasional y lucía el cabello largo, salvaje y húmedo por el sudor que se le pegaba como hilos sobre el rostro. Shinso balanceó su trasero hacia atrás y hacia adelante provocando que su amante soltará quejidos placenteros. Su iniciativa duró unos minutos hasta que Aizawa tomó el control, hundió sus dedos en su cadera y besó su espalda mientras bajaba su mano a tocar su m*****o para hacerlo sentir bien. —Ire más rápido —El adulto susurró en la oreja del adolescente. —Lo mataría si no lo hiciese —Shinso con las mejillas rojas y muy acalorado se estiró como un zorro coqueto. Aizawa se encorvó y pasó la punta de su lengua por su espalda, el cabello n***o y largo causó cosquillas en el recluso de diecisiete años que de nuevo arrugó las sábanas y volvió a sentir una penetración más profunda. Aizawa embistió vigoroso y dio unas embestidas hasta moldarse en sus entrañas con comodidad. Después la cama comenzó a crujir con rapidez, los resortes rechinaron y se mezclaron con los jadeos del adulto. Shinso se mantuvo serio escuchando como lo volvía loco, por un momento miró las arrugas de la cama y las sombras que las luces eléctricas formaban y pensó en las palabras de su madre que delirando por la sífilis le dijo cuando desfallecía en la cama: "El sexo es la debilidad de los hombres, los ciega, los esclaviza incluso es capaz de provocar que se arrojen al fuego por sí mismos. Los hombres sólo fueron piezas para mí al igual que tu padre lo fue. Yo lo quise tener todo y tú no mereces menos que eso." Su madre fue una prostituta que en lugar de ser una víctima de los hombres los utilizó como sus armas. Enamorando a su padre, un marqués, logró salir del sucio cabaret donde trabajaba a vivir en una lujosa casa en los suburbios en Lyon. Su padre venía de París donde vivía con su esposa a Lyon donde vivía su amante. Sin embargo el matrimonio de su padre no se consumaba con un hijo. Su madre inteligente le ofreció darle uno a pesar de que ella intuía que él hombre era estéril y que su machismo negaba su poca virilidad. De ese modo Shinso nació siendo un hijo de un cualquiera pero ella no era estúpida había seducido a un hombre con las mismas características que su padre legítimo. "Tiene mis ojos y mi cabello. ¡Es idéntico a mi!" El marqués con el bebé en brazos anunció feliz cuando vio por primera vez a su hijo a los seis meses de nacido pero aquello no le dio beneficios a la mujer que ya tenía muchos pues era tratada como una señora respetable en lyon. Ella quería más, quería ser la mujer del marqués. Al saber que no dejaría a su esposa por ella la hizo frustrarse y por despecho se metió con muchos hombres. Shinso ya a los cinco años era testigo de cómo sus amantes tomaban a su madre en la cama. Sólo eran ellos dos. Así que la mujer lo dejaba deambular durante sus sesiones íntimas. El niño observaba asombrado por la puerta medio abierta, veía como la falda de su madre era levantaba por los hombres, como le metían su "cosa", la escuchaba gemir, disfrutar su sexualidad sin tabús y gritar el nombre de su padre. Cuando despedía a sus invitados y ella se daba cuenta que su hijo estaba por ahí, se arreglaba el vestido y los rizos de su cabello y como si aquello fuera normal de ver para un niño le decía: "Eres el hijo de un marqués, vas a tenerlo todo, dinero, joyas, mansiones, respeto. Los demás deberán idolatrarte, mirarte hacia abajo y tú los mirarás con desprecio. Jamás aceptes menos de lo que eres". Shinso creció con la semilla de la soberbia y la avaricia en su cabeza. Al morir su madre, se trasladó a París con sólo trece años y se convirtió en el único heredero de una gran casa. Recibió halagos por su belleza e inteligencia, la servidumbre bajaba la cabeza y le llamaban Monseiur, era satisfactorio aunque su madrastra era cruel con él y su padre todavía en duelo por la muerte de su madre le echaba en cara su conducta inmoral. —¿Con cuantos se acostaba esa puta? ¿Acaso mi pene era poca cosa para ella? ¿Porqué necesitaba follarse a tantos? ¡Contéstame! —su padre siempre le reclamaba y lo abofeteaba —Eres hijo de una ramera... —decía con desdén. Un día Shinso no aguantó sus insultos y enfureció. —¡Ya cállese! ¡No me arroje su mierda! ¡Si se hubiera casado con mi madre, jamás se hubiera acostado por despecho entonces... ELLA SEGUIRÍA VIVA! ¡La culpa es suya, usted la mató, usted me quitó a mi mamá! —El adolescente reclamó con dolor y su voz escabrosa se oyó en eco en la enorme sala que parecía la de un rey. El adolescente sintió rabia, quiso sacar un navaja heredada de su madre y acuchillar a su padre que ya era un viejo de cincuenta pero su madre le había enseñado que los impulsos son solo sangre venenosa atorada en el corazón que lleva a los hombres a cavar su propia tumba. Que si quería algo de verdad, debía enfriarse y pensar en mover sus piezas a su único beneficio. "¿Quieres saber que significa la vida, Hitoshi? La vida es solo un tablero de ajedrez, cariño". Shinso siguió perdido en las lecciones de su pasado mientras Aizawa aferrado a sus caderas continuaba con sus embestidas hacia a quien debería disciplinar, esos ojos violetas lo habían flechado hasta la locura y no había día en que lo mimara. Le permitía saltarse el trabajo forzado en la plantación y aunque los internos debían estar incomunicados para reflexionar sus delitos Shinso recibía periódicos a diario y libros nuevos, tenía una cama cómoda y amplia, conservaba la navaja de su madre como un recuerdo aún cuando era una arma y para los guardias era intocable. Aizawa lo adoraba sin razón y Shinso lo aprovechaba. La lámpara eléctrica sobre la mesita de noche iluminaba de naranja al chico y al adulto en aquella posición y rol de sumiso y dominante sobre una cama individual color azul. El cuarto tenía un bonito recibidor con un sofá marrón, una mesa de té y un librero en el fondo, estaba ubicada en el tercer piso del edificio principal del reformatorio en donde se recibía a los reclusos, se encontraba adelante de la iglesia y los dormitorios. Bajo esa luz naranja, Shinso se miraba vulnerable, tenía el cabello hacia abajo, la cara pegada al colchón y su expresión de placer y dolor era incitante al ser atacado, justo la actitud que Aizawa gustaba pero no permitió que su rostro se apartara de él. Cambio de posición y lo acostó suave de espaldas en la cama. Separó su flequillo y lo contempló. Aquello impacientó al chico de ojos color violeta. —¿Qué pasa, monsieur? —preguntó por su larga observación. Shinso estaba acalorado, sudado, pensaba en ir a la ducha y estar limpió antes de que Monoma descubriera ( muy convenientemente) una peculiar escena en el granjero de un recluso golpeado con saña hasta sangrar y dejado con la cabeza sobre un montón de mierda. Era su plan. Aquella tarde obligó a uno de sus criados a robarle la mercancía a Katsuki. —¿Robar a Bakugou? ¡Va golpearme! —dijo temblando su subordinado al enterarse de sus ordenes. —Si, claro puede golpearte pero tienes dos opciones, o peleas por defenderte de sus puños o peleas por defenderte de los míos —dijo e intimidándolo sacó la vieja navaja de su madre. Shinso sabía que Katsuki después de enterarse de su nueva posición de criado y su larga frustración s****l por no salir iba a explotar. Buscaba que Aizawa lo llevara a sufrir a una celda de aislamiento. —¿Porqué no continua? —dijo impaciente con las piernas abiertas. —Es solo que... —Aizawa lo contempló como se hace cuando uno mira un campo de flores, es hermoso pensaba el hombre solitario con el corazón latiendo ilusionado pero no lo mencionó y enseguida se metió entre sus piernas, se apretó y lo abrazó dulce. Shinso amplió la abertura de sus piernas, lo acogió y su carne dejo pasar a su pene como mantequilla. Aizawa dejó besos en toda su cara, besó su frente, sus mejillas, su nariz, sus labios y se volvió loco. Todo se agitó y el roce derritió la carne de ambos, su sudor se mezcló, al igual que la saliva y sus jadeos intensos. Aizawa repitió su nombre como a un ídolo. —Eres mío —dijo en su oído mientras las embestidas y la humedad de sus cuerpos chocaban como música frenética. Shinso cerró sus ojos violeta y disfrutó como su pene golpeaba rítmico su punto de extasis que hizo vibrar sus piernas. De pronto se sintió desbordado, gimió y gimió mucho. Aizawa sostuvo con fuerza sus muslos y siguió embistiendo con mucho ruido. El chico de aspecto lúgubre parecía cansado, su boca se abría por aire y su pene estaba rojo por su erección. El golpeteo a su próstata le retorcía el cuerpo hasta que soltó un largo quejido y su orgasmo brincó como una manguera. El semen cayó en su torso y su cuerpo se aflojó, Aizawa le alzó más la cadera y continuó embistiendo contra el adolescente. Shinso acomodó su cabeza en una almohada por el agotamiento, se mantuvo en silencio, con la mirada vacía hecha a un lado y el rechinido de la cama subió un decibel y esperó a que todo terminara. Aizawa depositó su orgasmo dentro de él y agitado se acostó a su lado, su aliento golpeó su cuello. Se acercó a su delicado rostro y de nuevo lo beso con dulzura. Shinso sintió la boca ajena moverse. Aizawa acarició su pecho desnudo, justo en el lado del corazón. —Si fueras una chica me encantaría ver como crece mi semilla en tu vientre —Aizawa sonrió provocativo y admiró a su joven amante quien ocupaba su almohada. Shinso no dijo nada, sus ojos se mostraron pensativos. Se creó un silencio incomodo en la cama. Ya eran las cinco de la mañana. —Pronto amanecerá debo tomar una ducha antes de que todos despierten y usted también debe dar el pase de lista así que iré a... —dijo desviando la mirada hacia la puerta. —De acuerdo —interrumpió Aizawa —Tengo una caldera y una tina ven a bañarte conmigo. Shinso iba a negarse pero Aizawa no le dio tiempo, lo cargó como princesa y no le quedó de otra que sostenerse de su cuello. La cara de zorro astuto que acostumbraba tener se transformó a una cara más infantil. Un pequeño sonrojo apareció en sus pálidas mejillas y un latido inesperado surgió. El hombre abrió la llave de la caldera y el agua caliente llenó la tina. Ambos entraron y Aizawa sentado detrás besó un costado de su hombro. Shinso se quedó callado por un momento. Había seducido a Aizawa por ambición, para convertirse en el rey absoluto del lugar esperaba un tipo pervertido pero no había esperado llegar a tener una escena cálida, sintió como desde atrás Aizawa le echaba agua con sus manos en forma de cuenco de una manera cariñosa. —¿Monsieur Aizawa está casado? —Shinso preguntó curioso. —Estoy casado —respondió simple y empezó a enjabonar su espalda —pero mi esposa carece de la misma debilidad que yo. Ambos nos atraen nuestros congéneres. Creo que así es mejor un matrimonio en donde el otro haga lo que quiera. —Ya veo. Suena interesante. —¿Y que hay de ti? —dijo y con sus manos en cuenco mojó su cabello violeta. —¿De mí? —Shinso agachó la cabeza recibiendo el agua. —No soy ingenuo sé que se vuelven locos en los dormitorios. —¿Monsieur Aizawa está celoso? —una pequeña risa se le escapó —No debería pensar en eso, no necesito un segundo o tercer amante. —¿Qué hay de tu compañero, ese que va contigo a todos lados? —¿Monoma? —¿Ustedes son novios? Shinso meditó que significaba el rubio petulante para él y antes de contestar la puerta principal sonó. Aizawa salió del agua se puso su bata negra y abrió su puerta encontrándose con un guardia y el chico rubio del cual sentía inseguridad. —Señor este jovencito encontró a un herido. —¿Un herido? —Aizawa no sonó sorprendido siempre había peleas pero Shinso sonrió al saber que Katsuki había mordido su anzuelo. —Tiene que venir monsieur —dijo apurado Monoma dando su mejor actuación —Un compañero del primer piso no vino a dormir, lo buscamos, oímos el mugir de las vacas y fuimos al granero entonces vimos huellas de sangre en la salida cuando nos asomamos adentro vimos a un chico tirado ahí. Aizawa suspiró y dijo que lo esperaran. Se cambió de inmediato y le ordenó a Shinso que regresara al dormitorio. Sin embargo, no obedeció y apareció en el granero para ver como auxiliaban al pobre chico que él había enviado a robarle a Katsuki. —Te dije que no vinieras —refunfuñó Aizawa al ver como se paró soberbio a su lado. —Me gusta estar informado. Los ojos de Shinso se entrecerraron y mantuvo una pequeña sonrisa de satisfacción al ver como los guardias arrastraban a la víctima sacándola del excremento, su cara estaba llena del verde del pasto de la mierda de vaca y la sangre le escurría como hilos viscosos rojos. Se dijo a sí mismo hay que sacrificar a los peones si quieres tomar a la reina. Aizawa observó la escena cruda como si mirara un plato con un pan encima. Realmente no sentía nada, siempre había golpizas, intimidaciones y violaciones, nada fuera de lo común, aunque la brutalidad lo hice chasquear la boca. —¿Su huella iracunda es innegable no es así? —Shinso habló con su voz sombría. —¿Qué número de recluso es? —Aizawa preguntó a los guardias e intentó ignorar la voz de serpiente de Shinso que parecía hablar tan seductor como lo hacía durante el sexo que le temblaron las piernas pero se mantuvo firme. —No tiene que pensarlo, sabe quien fue. Usted lo castigó con el trabajo nocturno de granja. —insistió y su voz pareció enroscarse en su mente. —No hay pruebas —respondió en calma mientras apagaba la lámpara de gas que llevaba en la mano al ir aclarándose el cielo. —Pero sabe que fue él. —Shinso continuó. —Su ira fue el motivo el que lo trajo al reformatorio y en sus peleas desde que llegó sus arranques siempre han sido tan desproporcionados. Parece que el encierro solo lo hace más criminal. —El incidente pudo haber ocurrido a cualquier hora de la madrugada. No hay testigos. No tengo pruebas más que suposiciones. —¿Acaso quiere ser un Sherlock Holmes? No es un detective. No necesita de testigos o pruebas, usted es la máxima autoridad aquí porque el director ni siquiera pisa el lugar. Tiene el poder y sabe que fue él. Katsuki tiene problemas de ira. —La mayoría aquí tiene problemas de ira, Shinso —replicó. El chico torció la boca encaprichado, su amante aunque le diera privilegios e ignorará su pequeño reinado en los dormitorios era demasiado recto. Ni siquiera un juez era tan obsesionado con las pruebas. —Monoma, ve a limpiar las duchas como te corresponde, el día de los internos debe iniciar sin ninguna demora —dijo con esa seriedad de costumbre y Monoma obedeció no sin antes echarle una mirada de complicidad a Shinso que este asintió levemente. Los guardias subieron al chico inconsciente a una camilla y lo llevaron a la enfermería que se hallaba en el edificio principal de entrada. Aizawa meditó el asunto mientras Shinso observó las huellas de sangre dejadas en la paja y en el suelo, eran huellas de arrastre. El rojo salpicado se le metió a los ojos y recordó el verdadero motivo porque estaba en el reformatorio: un homicidio. —Ve por ellos —Aizawa habló y Shinso salió de su introspección. —¿Ellos? —Y se sorprendió un poco por el plural. —Quiero al grupo de Bakugou. —¿Al grupo entero, incluso a Midoriya? —En especial a Midoriya. Shinso obedeció. Y fue a los dormitorios antes de que el día empezará y sonarán las campanas de la iglesia. En el pasillo tras la puerta 308 oyó una discusión que le puso de humor. Midoriya se quejaba porque lo había golpeado Katsuki y este solo le gritó más. Tocó la puerta y sonrió. —¡Qué me ves, Deku! ¡Abre la maldita puerta! —oyó gritar al rubio. La puerta se abrió y vio al pobre chico de pecas con una mano presionando su ojo. —Buenos días, compañeros... Shinso habló bajo el marco de la puerta y los vio con el cabello recién levantados en sus pijamas: Katsuki sin camisa con pantalones holgados negros e Izuku con esas adorables pijamas de rayas verdes. Al percatarse del ojo hinchado del pecoso sonrió divertido. —Al parecer pasaron una buena noche. —¿S-Shinso? —Izuku pronunció nervioso y sus mejillas enrojecieron. Viviendo en un reformatorio los días parecían muy largos pero solo había pasado un día desde que Shinso metió a Izuku en un armario y con su mano moviéndose frenética sobre su pene lo hizo venirse. Por supuesto Izuku bajó la cabeza avergonzado y su mano se quedó pegada en la perilla de la puerta. —B-buenos días, S-Shinso... —¿Parece que tuviste una noche salvaje, Midoriya? —Shinso se inclinó a su oreja y susurró de manera burlona —No sabía que te gustaba que te la metan por los ojos. —N-no eso no fue que... —El chico de verde se encogió de hombros. El sombrío chico río y el rubio frunció el ceño al no escuchar que le decía a su compañero. —¡Qué tanto murmuran! —Katsuki gritó y se dirigió a la puerta con mal genio a dar un pequeño golpe en la cabeza a su criado —¡Te dije que abrieras la puerta, no que chismearas, Deku idiota! —Y-yo no estaba chismeando, Kacchan —respondió y bajó la voz como un pajarillo. Shinso analizó la dinámica de su relación por primera vez. Era obvio que Izuku no era el dominante pero Katsuki estaba siendo muy exagerado al controlar cuando debía hablar su compañero. —Midoriya solo trataba de ser amable, Bakugou. —No tienes que ser amable con este tipo —Katsuki se dirigió a su criado y le gruñó. Izuku escondió su cara roja y su nerviosismo, no quería ver a Shinso, estaba abrumado por al asunto del armario y la ayuda manual. Al contrario Katsuki le dirigió una mirada de odio al de ojos violeta. —¿Qué es lo que quieres? —dijo apoyando agresivo un brazo sobre la pared cercana a la puerta para no dejarlo pasar. El rubio se veía amenazante pero Shinso era un poco más alto que él y no se perturbó. Sus ojos violeta permanecieron sombríos. —Hubo un chico a quien golpearon en el granero Aizawa los ha mandado llamar a interrogar. —¿A ambos? —preguntó Izuku de manera inocente. —Así es —respondió y de pronto estiró la mano de Katsuki y fingió examinar la piel rota de sus nudillos. Izuku levantó la cabeza y su ojo sanó miró como sus dedos pálidos presionaron esa piel abierta y roja provocando quejidos en Katsuki que le hizo torcer la boca. Shinso notó sus evidentes celos. —Tuviste una noche muy interesante verdad, Bakugou. Parece que trabajaste mucho anoche en el granero —dijo presionando aún más sus heridas. —No me toques, maldito —gruñó y alejó sus manos con rapidez. —Porque eres tan maleducado creí que las cosas eran claras entre nosotros ¿Acaso no recuerdas cuando nos volvimos intimos frente al altar de la iglesia y el vino de consagrar que bebimos juntos? Shinso recordó a Katsuki el beso que le robó, solo quería joderlo para que en la interrogación con Aizawa llegará furioso y lo inculparan pero se sorprendió al oír un ligero tono irritado por parte de alguien más. —¿Cómo que se volvieron íntimos en la iglesia? —intervino Izuku y lo vio apretar los puños —¿Conoces a Shinso, Kacchan? ¿Son amigos? —No seas estúpido, Shinso está en nuestra clase de lectura bíblica ¿no lo recuerdas? además tendrías que vivir en fantasilandia todo el tiempo para no conocer a este tipo. Esas lindas pecas se pintaron más de rojo al ponerse en evidencia; la verdad es que su mundo se concentraba en cumplir las órdenes de Kacchan y tener fantasías sexuales con él. —No te apures en explicar quien soy. Midoriya y yo ya nos conocimos oficialmente ayer. Fue un encuentro muy satisfactorio. Izuku recordó el placer de ser masturbado y se erizó por completo tanto que dejó de sentir la hinchazón en el ojo que se iba coloreando de morado. —Tu compañero es más interesante de lo que piensas incluso es muy travieso. —Shinso sonrió y ni siquiera parpadeó al ver de arriba a abajo al tímido chico. —Oí su voz armoniosa y me pareció excitante. Izuku se tapó la cara con ambas manos recordando sus gemidos cuando estaban en el armario. Katsuki se mostró molesto. —¡Ya cállate! Si eso era todo, ahora márchate serpiente —Y cerró la puerta contra su cara. Shinso se mantuvo en calma y sonrió porque su cometido de irritarlo había funcionado entonces se quedó tras la puerta a escuchar sus reacciones. —¿Estaba coqueteando contigo? —preguntó Katsuki a gruñidos. —¿Q-qué? ¡No! ¡Estaba coqueteando contigo! —replicó Izuku con cierta celopatía. —¡Yo no soy anormal como ustedes! ¿Y cuando le dejaste oír tu voz armoniosa? —regañó. —¡Ah! N-no pienses otra cosa, K-Kacchan debe e-estar hablando de cuando leí la biblia en el salón de clases p-pero jamás le leería a alguien más. Lo que paso anoche entre tu y yo ... —Izuku balbuceó —S-solo lo haría contigo... —¿De que mierdas hablas? ¿Cómo qué solo lo harías conmigo? —¡Habló de leer! —gritó —¡De leer! —¿Porqué eres tan raro? Yo jamás dije que debías leerme solo a mi, haz lo que quieras, no me importa. Ni que hubiéramos hecho algo especial además lo de ayer fue un impulso tonto. —¿Un impulso tonto? Shinso levantó la ceja con curiosidad. Su relación no parecía tan estricta como creyó al entrar. Estando solos Izuku hablaba mucho y Katsuki no lo reprendía. Hubo un silencio y Izuku continuó conversando. —¿Porqué quisiste que te leyera? Ayer te veías enojado, creí que me pegarías pero no lo hiciste y esta mañana de pronto me golpeaste por nada. ¿No se supone que ahora éramos amigos, Kacchan? ¿Te preocupa algo? Shinso pensó que todo sonaba muy interesante y el interés por Izuku aumentó el doble. —¡Cállate! ¡Cuando te dije que hablarás, inútil! ¡No te metas en mis asuntos! ¡Y no hables con nadie si no te doy permiso! Por fin Shinso regreso a su cuarto, se desplomó a la cama y suspiró cansado por la noche con Aizawa. Unas ligeras ojeras se marcaron, sus ojos se volvieron vacíos mirando el techo y su rostro no parecía decir nada. Empezó a jugar con la navaja en sus manos recordando sus días en libertad, su madre sonriendo, el dolor de su primera vez y el sonido de su navaja penetrando la carne de un vientre abultado, los gritos de una mujer, el ruido de su amante desangrándose del cuello y la voz de su madre repitiendo: "Yo lo quise tener todo y tú no mereces menos que eso." —¡Hitoshi! De pronto oyó a Monoma gritar inclinado frente a su cara. El rubio de ojos azules le observó impaciente con las manos en la cadera. —Te he estado hablando y no me respondes. ¿Qué pasó con ese troglodita? —¿Hablas de mi nuevo criado? Monoma chasqueó la boca se le notaba a kilómetros sus celos. —No lo necesitas. —volvió a decirle justo como lo hizo el día anterior en las duchas. —Sigues con eso —Shinso se relajo y puso sus manos bajo su cabeza. Monoma arrugó la boca. —¿Porqué quieres tenerlo de criado? ¿Te gusta? —A quien no le va gustar un rubio de 1,70 con el abdomen bien trabajado, un excitante cuerpo de nadador: hombros anchos, cintura estrecha y con unos fuertes brazos y lo mejor de todo sexualmente activo. —sonrió divertido —¿Y todavía me preguntas si me gusta? —¡Qué le ves! Es un gorila rubio, gritón y que escupe al hablar. Monoma se quejó a gritos y Shinso le jaló el brazo y lo estiró a su cama junto a él. El chico rebotó sobre él y su compañero despejó su flequillo rubio. —No te pongas celoso, Neito. Eres mi amante favorito —dijo en su oreja y acto seguido lo sedujo con un beso profundo. —Ya te lo dije no puedes evitar lo que tu corazón anhela... —susurró entre sus labios húmedos —Es solo un capricho. Lo siento soy muy obsesionado en demostrar que soy mejor que la basura. Enseguida Shinso le quitó la ropa a Monoma. Lo beso, lo acarició, abrió sus piernas, pasó su lengua por su sexo y penetró su cuerpo hasta venirse adentro del rubio. Era una mañana tibia. El padre Yagi se puso su sotana negra la cual sus bíceps anchos tensaba los hilos de la tela al punto de dar miedo, se encaminó a abrir con una sonrisa gigante las puertas de su iglesia de estilo gótico. Las puertas eran altas no obstante con sus músculos anchos no había problema para empujarlas, faltaba poco para sonar las campanas y despertar a sus enclaustrados felices a la rutina rígida del reformatorio. Al exterior los gorriones cantaban en el campo como siempre en tercados alrededor del horrible espantapájaros de búho, las uvas redondas y apetitosas estaban a punto de explotar y el horizonte lleno de colinas verdes irradiaba la luz suave y amarilla del sol. Parecía un día aburrido de Julio, unos de esos días de transición donde no ocurriría nada sin embargo iba a ocurrir un beso inesperado y tierno y una promesa absurda que dolía.
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