El corazón se apretó de miedo.
—Eres lindo —anunció Todoroki con una sonrisa.
—Creo que no estaba pensando bien…
Todoroki se levantó y acarició su mejilla.
—No tengas miedo, Midoriya —comentó dando un beso pequeño en la mejilla —Te he observado desde que nos volvimos amigos, bajas la mirada cada vez que hago contacto visual, te sonrojas cuando te digo que te queda bien esos tirantes en tu atuendo y te pones nervioso siempre que vienes a mi biblioteca… Sé que también lo sientes.
—Yo no sé de qué hablas... —Izuku trató de hacerse el loco pero la locura ya recorría su cuerpo.
—Dices que no lo sabes y tienes una erección sólo por un beso —Todoroki señaló su entrepierna.
Izuku descendió su mirada y se llenó de pavor. Un bulto quería explotar en sus pantalones. Sus manos taparon la marca de la tela que mostraba su indecencia pero rápido Todoroki agarró las muñecas y las subió.
—Está bien, Midoriya —susurró y su mirada heterocromatica lo dominó —Esto será nuestro secreto.
El joven aristócrata se inclinó a besarlo otra vez, calentó su cuerpo pegándolo al suyo e incitó sus instintos primitivos. Poco a poco le desabrochó la camisa y los tirantes. Acarició suave su torso desnudo y su boca pasó a engancharse de su cuello dejando marcas rojas de sus besos. Descendió y sus labios chuparon sus tetillas rosadas que luego mordisqueó.
—¡Todoroki! No hagas eso. —se quejó por el dolor.
Todavía Izuku seguía de pie y Todoroki continuó mordiendolo unas cuantas veces hasta que sus pezones enrojecieron. Al separarse Izuku pareció querer reclamar por el dolor pero de nuevo lo sedujo con un beso dulce en la boca que borró sus quejas.
Enseguida lo guió de regreso a la cama y Todoroki lo desvistió en calma. Izuku también quiso hacer lo mismo, Todoroki no se lo permitió y lo empujó hacía su cama. El príncipe de Izuku se quitó la camisa, el chaleco y los pantalones por él mismo. Realmente actuaba como todo un varón frente a una mujer. Izuku se sintió incómodo porque a ambos los educaron para ser un hombre que debía tomar la iniciativa en cualquier aspecto y el control de la situación; la mujer era reducida a ser un objeto pasivo y receptor: Ama de casa, esposa y amante al servicio del hombre.
De todos modos a Izuku esa dominación lo excitó. Descubrir el placer de recibir y la incertidumbre de desconocer en qué posición lo pondría o donde sus labios atacarán realmente multiplicaba su gozo. Su corazón latió fuerte cuando acostado de manera pasiva en la cama, las manos frías de su amante abrieron sus piernas y se metió entre ellas.
La erección de Todoroki era evidente.
—Todoroki espera... —Izuku gritó cuando vio el pene largo con la punta roja y húmeda estando cerca de su entrada —Soy un chico no va entrar así de fácil… ¿o sí?
Todoroki lo escuchó y decidió ignorarlo. Tampoco sabía mucho de la respuesta a sus cuestiones y tampoco se detendría a pensar para que no se le bajara la erección. Empujó su pene en su hueco estrecho e Izuku gritó.
—¡Ahh! ¡No! Todavía no…
Todoroki chasqueó la boca porque su pene se trabó al principio y siguió introduciendose, a pesar de que Izuku le decía que esperara.
—S-sácalo... —pidió con unas lágrimas trabadas en las orillas de sus ojos cuando sintió como la punta del pene lo abrió —¡Me duele!
—Relájate, Midoriya —En su ignorancia, Todoroki hizo una mueca al sentir que era un pésimo amante por no haber podido meterla entera.
Había hablado con su padre sobre sexo y le dijo que para hacer disfrutar una mujer debería besar mucho la boca, el cuello y los pezones entonces culminar con su pene entrando por completo. Para mala fortuna de Izuku. Todoroki desconocía que el sexo con un hombre era un poco diferente. Ellos no se humedecían con las caricias y no poseían una v****a que se estiraba y se dilataba por excitación.
Con el pensamiento retrógrada de que un hombre debía cumplir en la cama y mostrarse tan viril, forzó su entrada hasta tocar fondo. Izuku se retorció de dolor y gritó. Su entrada pasó de ser pequeña a grande en segundos. Sentía que un cuchillo lo había atravesado.
El pecoso lloró y lo extraño era que su pene continuaba como un pilar. Descubrió que un cierto grado de dolor lo excitaba aunque el dolor que sentía estaba en el límite de lo tolerable. Sin embargo, aceptó que el sexo con un hombre debía doler horrores al no ser natural.
Todoroki agarró sus tobillos y comenzó a mover las caderas de atrás hacia adelante. Izuku apretó las sabanas azules y apretó los dientes a causa de la tortura de la penetración. Y cuando tomó ritmo fue peor.
Las piernas abiertas de Izuku rebotaron y la cama rechinó por el acto s****l. Arrugó la cara, sus lágrimas caían por sus mejillas y sus manos se aferraban a las sábanas.
Todoroki metió y sacó su pene casi sin emitir alguna palabra, estaba concentrado en su propio placer y en como estar dentro de Izuku era algo indescriptible y nuevo. También era su primera vez que fue torpe y un tonto.
La sangre resbaló por los glúteos de Izuku y se embarró en el colchón como se esperaba de una virgen en su noche de bodas. Izuku asoció el dolor con el sexo anal. No podía existir otra sensación que le diera placer que una penetración fuerte, brusca y dolorosa. Al final no resistió y se vació hasta la última gota de semen que cayó sobre su abdomen. Su eyaculación solo fue un acto reflejo al golpeteo en su próstata pero Izuku, también en la ignorancia de su cuerpo, creyó que Todoroki le había otorgado un orgasmo.
Todoroki continuó con las embestidas bruscas hasta que su cara de hielo dejó sus pocos gestos y se arrugó al sentir que venía su orgasmo. Terminó gimiendo y desbordándose dentro. Izuku se sintió como una esposa en un matrimonio arreglado y agradeció que terminara. Su cabeza se recostó en la almohada y mirada vio el reloj que marcaba la medianoche. Por fin tenía dieciséis años y se había convertido en un hombre.
Su mirada se mantuvo pensativa unos minutos mientras percibía un punzante dolor en su ano.
—Fue horrible —murmuró sintiéndose como un monstruo por dejar ser sodomizado.
Eso no era lo que imaginó del sexo. Pensaba que era algo que era hermoso, lleno de muchos besos, caricias, susurros y halagos y al final someterse al abrazo del amado y a través de la carne y el placer sentirse conectados y juntos. Aunque sus expectativas no fueron complacidas, de todas maneras aceptó qué el dolor en el sexo era algo normal.
Al volver su consciencia y percibir lo pegajoso de su cuerpo, del semen y la sangre saliendo de los desgarres de su ano se sintió repugnante. El dolor era tanto que no podía sentarse. Dejo que Todoroki le limpiara la sangre con una servilleta húmeda y lavará el semen saliendo de su cuerpo.
—¿Estás bien, Midoriya? —Todoroki se sentó a orillas de la cama y se inclinó a despejar el flequillo de Izuku y lo contempló.
—¡Todoroki te amo! —chilló Izuku.
Había mucha sensibilidad en su cuerpo y emociones que con la misma intensidad del dolor que sufría exigió ser amado.
Creía que no había otro motivo más grande que el amor para atreverse a ser un acto tan repugnante. Que su príncipe se había desnudado y dedicado a un acto de sodomía porque sentía las mismas emociones qué él.
Todoroki se quedó callado.
Le ayudó a levantarse y ponerse la ropa. A Izuku le dolía incluso dar un paso. Sus piernas seguían temblorosas y débiles; todavía sentía que lo penetraban con ardor entonces volvió a declararle su amor.
—Todoroki, te amo —dijo más tranquilo y lo besó suavemente pero al separarse Todoroki prolongó su silencio —¿Por qué no dices nada?
—¿D-decir qué? —Todoroki respondió nervioso.
—¡Qué me amas! —Izuku se quejó de lo obvio —¡Y por eso me hiciste el amor!
Todoroki agachó la mirada. Sentía atracción por Izuku, también aprecio y cariño pero lo que habían hecho no podía ser "amor". Hacer el amor era el sexo bendecido después del matrimonio. Así era como estaba acostumbrado a pensar. Izuku era alguien especial pero si ser sodomita era un pecado como el amor podía existir.
—¿Por qué no lo dices? —Izuku se puso serio a causa de su silencio prolongado. —Por favor. dilo —suplicó.
—Te amo —Todoroki respondió después de una reflexión, se inclinó a besarlo y luego susurró con temor —No se lo digas a nadie.
Izuku estaba feliz de oírlo.
—¡Ahh! ¡Todoroki lo dijiste! ¡Yo también te amo mucho! —La alegría volvió a su cuerpo e ignorando su dolor abrazó a su príncipe soñado.
Continuaron su relación secreta aunque sus citas nunca fueron en el exterior, siempre se reunían en casa de Todoroki y terminaban en su habitación teniendo sexo. A veces Izuku quería salir afuera, experimentar otro tipo de citas; quizás pasear en la plaza de la bastilla, subir de nuevo a la torre Eiffel, ir a comer algo. No es que quería exhibirse en sociedad como un par de maricones simplemente quería pasar el tiempo juntos de maneras distintas a las usuales, conversar de sus gustos, divertirse por tonterías, tener una noche tranquila y estar juntos en la cama sin necesidad de terminar con dolor en el trasero.
Izuku soñaba con sentirse, al menos una vez, como un enamorado normal.
Un año después, Izuku leyó en los titulares de periódicos un escándalo sobre una pelea en la calle. Un joven rubio fue arrestado por pelear en paños menores al dejar herido a un militar. Izuku ignoró aquella noticia sin saber que pronto ese chico de la portada sería su compañero de celda.
Un mes más tarde, la tragedia, qué llevaría a Izuku a juicio y luego al reformatorio, detonaría.
Un día en el trabajo el padre de Todoroki y el suyo salieron a negociar el vino de la zona de Burdeux. Tardarían horas en volver así que con las hormonas calientes decidieron tener sexo en el trabajo como en anteriores ocasiones.
Izuku dejó el mostrador de la licorería y Todoroki cerró el negocio. Los chicos pasaron un largo pasillo al fondo para encontrar el almacén y subir las escaleras hacia el segundo piso donde se hallaba la oficina de Enji. Un cómodo sillón los esperaba para ser testigo de su pasión. Izuku no estaba asustado, al contrario su corazón se agitaba con ansiedad y deseo. Todoroki era su pareja y sentía que había hallado a su amor verdadero, la realidad es que era un amor ciego qué si Todoroki le hubiera pedido que se arrojará a las llamas lo haría. También sentía amor recíproco por parte del aristócrata aunque su carácter taciturno le impidiera decirlo con palabras, al menos era lo que creía.
—Bien, no quiero apresurar pero no sabemos cuánto va a tardar mi padre así que…
—Si entiendo —Izuku interrumpió.
Todoroki sirvió dos copas de vino pinot noir y le dio de beber para relajarlo. Siempre bebían antes de acostarse. Izuku bebió rápido y se fue a sentar al sillón. Todoroki le siguió y le acarició la mano. Izuku esperaba un "te amo". No lo hubo. En cambio recibió un beso y luego otro y otro hasta que el chico de quien estaba enamorado lo besó por todos lados hasta desnudarlo. Todoroki solo se bajó los pantalones, sacó su pene, se metió entre sus piernas y comenzó a mover la cadera.
Izuku sintió el golpeteo de sus caderas y por fin el sexo dejo de doler. No sabía si se sentía bien o mal pero abrazó a su enamorado y se entregó por completo. Todoroki no lo cambió de posición, y estuvo penetrando hasta que se descargó por completo en el interior de Izuku. Cuando Izuku sintió el semen dentro, lo abrazó con fuerza y gritó:
"Te amo, Todoroki. ¡Te amo!"
Y se vino, no por la estimulación, si no por el sentimiento de amor.
Al calmar su excitación Todoroki se levantó pálido, arregló su ropa y se sirvió tres copas seguidas de vino. Izuku no supo como interpretar eso.
—Todoroki podrías prestarme una toalla —Izuku estaba muy sucio.
Todoroki después de beber una cuarta copa le ofreció una y lo miró cambiarse en silencio.
—Todoroki ¿También me amas, verdad? —Izuku preguntó dulce mientras se vestía y no hubo respuesta como otras veces, provocó un latir de su corazón que no era placentero —¿Por qué no me contestas? ¿Por qué cuando te digo "Te amo" te congelas? ¿Acaso no es fácil emitir tus sentimientos conmigo? Llevamos un año…
—No es tan fácil, Midoriya —interrumpió el aristócrata y pasó sus manos en su cabello rojo y blanco. Todoroki sintió la presión de la mirada de Izuku y no la soportó —¡Pareces qué todavía no lo entiendes!
—¿Entender qué?
—¡Date cuenta que eres! —señaló despectivo —¡Eres un hombre! ¡Yo soy un hombre! ¿Acaso la sodomía es amor, Midoriya?
—Pero me besas, me abrazas, tomas mi cuerpo acaso no me amas ni un poco. —Izuku se acercó a él y agarró su brazo —¡Sé que esto es prohibido pero no pido que oficialices nada, sería ridículo, solo te pido un poco, Todoroki!
—¡No actúes como una chica que busca comprometerse! —Todoroki se liberó del agarre —¡A los hombres no se les ama! —le gritó con tartamudeos —¡Solo te los follas y ya, Midoriya! ¡Pensé que entendías estas cosas!
Izuku se quedó helado, había creído que conocer a Todoroki y saber que existía gente con su misma condición lo volvía más normal, que había encontrado a su caballero de brillante armadura y experimentar el amor aunque fuera un sodomita. Fue un ingenuo construyó un cuento de hadas y ahora la realidad le escupía en la cara.
—¿No me amaste ni una vez? —Izuku tocó su pecho que dolía. El dolor lo devoraba vivo. Antes de que se pudiera llorar la puerta se abrió y la enorme sombra de Enji Todoroki cayó encima de ellos.
No era necesario ser detective para deducir que ocurrió con ver el sillón, su ropa desordenada, su cabello alborotado y sus labios húmedos.
—¡Papá! —exclamó Todoroki y su rostro bello se llenó de arrugas de temor. —No es lo que crees…
Izuku vio los ojos azules de Enji llenos de llamas y pensó estar frente a un monstruo. Era tan alto y ancho que cubría toda la puerta de escape. Ni siquiera pudo parpadear cuando se escuchó un fuerte bofetón. Sus piernas se paralizaron y vio a Todoroki con la mano marcada en su suave rostro.
—¿Cómo te atreves? —su padre gritó y sacudió a su hijo dándole otra bofetada en la otra mejillas —¡Un hijo mío no va a ser un desviado! ¡Te voy enderezar a golpes!
Una tercera bofetada estremeció a Izuku y entonces conoció el verdadero color de su príncipe azul.
—¡Papá déjame explicar! —Todoroki chilló y paró las bofetadas.
—¡Explicar que! ¡Todo el repugnante acto que hiciste aquí!
—Es solo que yo...
La boca delgada y roja que le había fascinado besar temblaba. Izuku también estaba asustado pero tenía los puños apretados dispuesto a ser honesto sin embargo su amante también apretó los puños y eligió la mentira.
—¡Él me sedujo padre! —señaló Todoroki —Midoriya me sedujo —repitió y actuó como si tuviera dolor de cabeza —Creo que me dio de beber algo raro en el vino, no sé qué ha hecho conmigo, de pronto me beso y eso llevó a otra cosa... Creía que era mi amigo… —Sollozando se arrastró de rodillas frente a Enji —Fui muy débil, padre. Perdóneme.
La actitud machista de Enji Todoroki no podía aceptar que su heredero era un desviado, a pesar de las evidencias de que Todoroki era quien invitaba a Izuku a su casa y no al revés. Su mente olvidó ese detalle y acusó a Izuku como el culpable de incitar a su hijo. Dirigió su mirada filosa hacía él y lo abofeteó tan duro en ambas mejillas que se volvieron rojas en segundos.
—Dile a tu padre que está despedido gracias a ti y cuéntale la aberración que hiciste.
Izuku bajó las escaleras y su padre que había regresado con su jefe por una chequera estaba perplejo. Había oído el griterío y su despido. Izuku lloró a mares frente a él pidiendo perdón pero no lo conmovió solo le provocó indignación. Lo sacó a empujones de ahí y en su casa lo golpeó con el cinturón intentando enderezarlo.
A los pocos días el rumor de que acosó a Todoroki llegó a su vecindario y colegio. La violencia aumentó para Izuku de parte de otros estudiantes que tuvo que ir al colegio privado de Todoroki a exigir que dijera la verdad y que retirara la denuncia por sodomía que Enji interpuso para limpiar el nombre de su heredero.
—Tienes que parar esto, Todoroki ¡Diles que no es cierto! ¡Di la verdad! ¡Tú me sedujiste, tú me diste esa estúpida copa de vino y me follaste! ¡Si una vez sentiste apreció por mí, por favor ayúdame! ¡Retira la denuncia o me llevaran a la cárcel! —Izuku suplicó en la entrada principal de la escuela.
Algunos alumnos aristócratas presenciaron como Izuku había encerrado contra la pared a Todoroki y éste pareció permitirlo. Comenzaron a murmurar que tal vez si le gustaban los hombres. Todoroki miró alrededor a sus compañeros y sintió la presión social.
—Ya basta. ¡Deja de acosarme! ¡Llamaré a la policía! —Todoroki soltó y huyó del lugar.
Izuku no podía creer que el tipo dulce que lo recibía dándole la mano al bajar del carruaje ahora lo estaba hundiendo. La impotencia y la ira lo invadieron.
El día de su crimen. Izuku salió de un portazo de su casa insultando a Todoroki con todas las maldiciones conocidas. Agarró una piedra de río de su pequeño jardín y caminó kilómetros hacía el sector más rico esperando que su furia se apaciguara pero no lo hizo. Simplemente la decisión de su vandalismo ya había sido tomada.
—¡VETE AL INFIERNO, IDIOTA! —gritó con un profundo dolor al ver a Todoroki y arrojó la piedra a las ventanas del local rompiendo en mil pedazos el cristal tal y como su "amor verdadero" rompió su corazón.
Ahora que estaba encerrado en ese reformatorio reconocía que fue muy estúpido, no por el pequeño vandalismo si no por seguir sus impulsos y arrojar la piedra con tantos testigos, tenía razón Katsuki la noche pasada cuando le dijo que debió hacerlo con una botella con un trapo encendido y quemar todo.
Todoroki le había enseñado que a los hombres no se les ama, solo se les folla. Por esa razón Izuku veía a Katsuki como algo s****l, un objeto que acrecentaba su placer, un estímulo que su pene usaba para mantenerse erecto y tener largos orgasmos. No permitiría ninguna profundidad al asunto. El amor por un hombre era un tumor que se debía extirpar.
Las campanas de la iglesia siguieron sonando y colándose con su santa gloria en todos los dormitorios. El chico pecoso todavía debajo del edredón morado y después de recibir unas cuantas amenazas tuvo mucha curiosidad de conocer la opinión acerca del amor de su amo.
Las campanas por fin se callaron.
—¿Katsuki, crees en el amor? —dijo quitándose el edredón de la cabeza y desde su cama vio a Katsuki ponerse una camisa para salir al pasillo al pase de lista matutino.
—¿El amor? —gruñó irritado mientras batallaba con meter un brazo en la manga —¡Deku, son las seis de la mañana, no la hora de té y panecillos en casa de alguna señora chismosa! —Katsuki respondió malhumorado, se preguntó qué le había picado para sacar un tema tan raro y querer conversar cuando ellos no hablaban de casi nada.
—¿Crees que una pareja pueda amarse para siempre? —Izuku insistió por curiosidad.
—¿Amarse por siempre? ¡No seas estúpido eso del amor es solo un contrato y todo mundo lo sabe! Un hombre no ama a una mujer, solo quiere estatus y sexo de ella y ella quiere una vida cómoda y dinero de él luego vienen los hijos y todo da asco. ¡Pff! Quién se preocupa por esas cosas. Solo te casas con quien tu madre te diga y ya.
Izuku infló las mejillas porque no hablaba del típico matrimonio arreglado que todavía se usaba aunque ya fuera 1890, si no de la capacidad de dos personas de sentir auténticamente amor, preocuparse por el bienestar del otro, sentir cariño genuino, comprensión y un deseo de permanecer juntos a pesar de los problemas. Amar a alguien incondicionalmente sin querer algún beneficio. Solo amarlo porque así lo sientes. Quería saber su opinión sobre ese tipo de amor que la mayoría de las personas jamás encuentra.
—¿Crees en el amor, Kacchan?
—¡Maldita sea, Deku! Eres un hijo de puta irritante. —Katsuki lo insultó porque era demasiado temprano para decir estupideces.
—¡Contesta! —Izuku lo desafío.
—¡El amor es una mierda! —gritó Katsuki y salió al pasillo con un azote en la puerta justo como aquel azote de campanillas en la licorería.
De pronto esas campanillas resonaron en su memoria. Las mejillas de Izuku se sonrojaron y sonrió de manera linda. El amor era una mierda y Katsuki estaba de acuerdo con él. Estaba feliz por haber encontrado a alguien que concordaba con sus ideas. Salió al pasillo y se alineó a Katsuki hombro con hombro y de reojo lo contempló y volvió a sonreír.
Kacchan tenía una personalidad horrible y era tan defectuoso que jamás se enamoraría de él. Izuku se sintió seguro y a salvo. Katsuki podría ocasionar jaquecas pero ningún dolor que devorara su corazón. Todavía con la sonrisa por la respuesta, Izuku no se percató de un tímido latido que sonaba como un afectuoso tic tac en su interior…
Era la hora de descanso. Izuku se sentó en las escaleras de la iglesia observando cómo se formaban grupos de conversación en la explanada. Los internos habían terminado de trabajar en los campos y la mayoría iban vestidos de overol y botas. Los aristócratas más caprichosos se quejaban del trabajo como jornalero y que Aizawa los estaba explotando, aunque solo trabajaban cuatro horas cuando en fábricas y minas se trabajaban más de doce horas en condiciones deplorables. Izuku suspiró por también estar fatigado, sin embargo, su fatiga y quejas iban dirigidas hacia la soledad y los días largos en prisión.
Al parecer, en el momento de ingresar al reformatorio, el tiempo parecía estático y los días eran largos y se hacían eternos. Un día se sentía como una semana y una semana como un mes. El calendario no parecía avanzar con rapidez, ni los colores del verano querían cambiar al otoño.
Las horas eran tan lentas que muchos internos se sumían en la depresión observando los muros altos qué los aprisonaban, las paredes frías de las habitaciones y el sentir como su vida se había hecho angosta. Para otros el aburrimiento de los días era una especie de desafío; la mayoría intentando romper con la monotonía habían podrido el sistema con su perversidad haciendo que otros les pareciera la vida de prisión un infierno.
Sea como fuera las experiencias de los días de cada interno, todos estaban aprisionados y obligados a vivir en un mundo sin tiempo; un mundo del cuál nadie hablaría al salir. Los buenos, los malos y los más malos, sin importar, los privilegios, los engaños y el placer… La cotidianidad se caracterizaban por la monotonía de repetir una y otra vez las mismas tareas:
A las 6:00 am las campanas de la iglesia los despertaban y de inmediato ocurría el pase de lista matutino. Aizawa pasaba por los pasillos de los dormitorios verificando qué nadie se hubiera fugado. Después todos se dirigían a las duchas.
A las 7:00 am los internos ingresaban a la iglesia para la misa, donde diariamente el Padre Yagi daba sermones severos sobre la moralidad, la castidad y el yugo de Dios.
A las 8:00 am era la hora del desayuno que consistía en pan con mantequilla o mermelada, té n***o servido con leche o azúcar y un par de huevos fritos.
A las 9:00 am Era la hora de los estudios. Los estudiantes vestidos con el uniforme de traje marrón y corbata púrpura cruzaban la explanada para dirigirse al edificio de la escuela que estaba ubicado frente a los dormitorios.
A las 12:00 pm la escuela finalizaba con la última clase que era la "Lectura Bíblica". Aizawa era el maestro que daba la clase al grupo de Izuku y los ponía a leer la Biblia en voz alta.
A la 1:00 pm La escuela terminaba y todos se dirigían a sus habitaciones a cambiarse el uniforme escolar por el del trabajo. Se usaba un overol y botas, sin importar el puesto de trabajo. Unos trabajan directo en los campos arrancando uva por uva o la hiedra mala, otros en las barricas macerando las uvas o rellenando las botellas de vino, etiquetando y acomodandolas en cajas para ser distribuidas en la región.
A las 5:00 pm el trabajo se daba por acabado dejando al alumnado descansar. Se dispersaban entre irse a los dormitorios, quedarse en la explanada o ir a esconderse a los lugares más solitarios a fumar, beber o hacer alguna de sus perversidades, sus juegos o intimidaciones.
A las 6:00 pm De nuevo tenían una ducha. Muchos mencionaban qué bañarse dos veces al día era una verdadera tortura. Otros elegían no hacerlo.
A las 7:00 pm Llegaba la hora de la cena. Después de trabajar, en el comedor se peleaban por la comida. La mayoría llegaban hambrientos y robaban los platos de los más débiles o de sus criados si tenían uno. La cena consistía en una sopa de temporada, un pedazo de carne, pan, queso y algún fruto seco como higos o arándanos como postre.
A las 8:00 pm. El dormitorio cumplía con las tareas escolares. Podían hacer las tareas en los cuartos o ir a la biblioteca iluminados con una lámpara o simplemente desperdiciar el tiempo en su propio placer.
A las 10:00 pm Aizawa hacía el pase de lista nocturno para asegurarse que ningún interno se quedará en el exterior haciendo alguna fechoría.
Izuku, sentado en las escaleras de la iglesia, descansó su cabeza sobre una mano mientras el tono brillante de sus ojos verdes se transformaba a un tono pantanoso conforme el tedio llegaba y el sol iba estirando las sombras de los prisioneros en la explanada.
Alrededor se oían risas causadas por un chiste obsceno, juegos tontos imitando voces de famosos y alguna conversación terrorífica donde contaban historias de que habían visto el fantasma de un monje en los pasillos de los dormitorios. Había miradas, coqueteos, susurros en la oreja y toques amistosos en los hombros.
Izuku volvió a suspirar fatigado. Envidiaba el tener a alguien para conversar en los ratos libres y distraerse como los demás. Todos los días sentía la boca seca por mantenerla cerrada, lo peor es que dependía de Katsuki para interactuar con otro ser humano, si no fuera porque le gritaba a menudo y él tenía que responder hubiera olvidado el tono dulce de su voz y las oraciones complejas.
Izuku volvió a suspirar por su soledad mientras sus ojos se desviaron a mirar a Katsuki que como de costumbre estaba rodeado por Kirishima y Kaminari quienes hablaban sin parar. El rubio estaba de pie con los brazos cruzados, mirando a ambos lados de la explanada como queriendo escapar de sus criados, de pronto su mirada roja se cruzó con la suya y algo tan pequeño provocó un escalofrío.
Sus ojos verdes y redondos se mantuvieron cautivos al color rojizo e interpretaron que esa mirada estaba harta de oír a sus criados y que quería que viniera por él.
"Ven aquí, Deku. Atiéndeme".
Izuku se sobresaltó y se puso nervioso. De inmediato sacudió su cabeza. Cada vez creía que se estaba volviendo loco por el encierro. Como no tenía a nadie para distraerse, dedicaba demasiadas horas a fantasear con Katsuki y masturbarse en su cama. Estaba perdiendo el control de la realidad. Soñaba con él, lo contemplaba en el desayuno, en las clases, en cualquier parte. Cada vez que Katsuki se encerraba con él en la habitación sentía sus piernas temblorosas al borde de un abismo.
Llegó a la conclusión que necesitaba salir de esa rutina viciosa de fantasear, masturbarse y querer un encuentro más íntimo pero Katsuki tampoco cooperaba con su desmedida situación, apenas conversaba y solo se paseaba por la habitación sin camisa bebiendo su chardonnay o poniéndose a hacer ejercicio con todo ese sudor resbalando por su piel y esos jadeos por el esfuerzo, que a sus ojos, era tan provocativo que solo empeoraba su estado.