Capítulo 13

5000 Words
A Shinso le gustaba estar en la bañera comunitaria sin importar que era conocido como "El rey" del reformatorio, si no fuera porque Katsuki manejaba el pequeño mercado n***o del vino, todos los internos estarían adorandolo como un Dios. Era estoico, directo, inteligente, elegante y buen conversador a pesar de su imagen taciturna. Izuku no tenía idea de cómo llegó a ser nombrado "Rey" pero cayó cautivado en sus ojos violetas tan bonitos como enigmáticos. Había algo intrigante en su persona, algo hipnótico en su tono de voz bajo pero suave, en el movimiento de sus labios delgados, en su imagen sombría. El hecho que era un homosexual sin represiones atrajo su interés, era difícil encontrar alguien así en un sociedad doble moral qué orillaba a los homosexuales a expresarse en habitaciones cerradas con miedo a ser denunciados e ir a la cárcel y a la vez públicamente era normal casar a niñas de catorce años con viejos que triplicaban su edad. Katsuki le advirtió "No mires a nadie" pero Izuku continuó sin parpadear hasta que esa mirada violeta y sombría notó la energía penetrante de sus ojos verdes. De pronto sus pupilas temblaron por el contacto directo. Izuku sintió ser tocado por el color violeta como si fuera un vino de sabor robusto pasando por su garganta. En un segundo desvió su mirada. Nervioso de que descubriera su identidad se talló, enjuagó y salió corriendo de la bañera. Se vistió y asustado escapó de ahí tan rápido que olvidó entregarle la toalla a Katsuki y la ropa para cambiarse. —¡Oh! —exclamó Shinso al verlo correr y recordar la presencia casi invisible de Izuku. —¡Creo que sin querer pesque algo bueno! —dijo con una sonrisa pícara y misteriosa. Mientras Izuku huía de Shinso. Al otro lado de la cortina en una tina de porcelana. Katsuki se hundía en el agua. Con sus manos en forma de cuenco se echó agua a la cara y la temperatura caliente disminuyó la tensión en sus hombros. La sensación de estrés iba acumulándose. Lo percibía en el cuerpo, en la mandíbula apretada y en el veneno de sus entrañas. Necesitaba salir a desahogar sus impulsos salvajes y tener sexo. Sin embargo, estaba preocupado por un detalle. Aizawa lo tenía en un régimen de castigos nocturnos limpiando mierda. El prefecto no tenía evidencias pero si la sospecha de que se fugaba. Eso demostraba qué alguien había ido de soplón y lo había jodido. Los soplones eran lo más vil y asqueroso del lugar, en eso era lo único que estaban de acuerdo el reformatorio pero Katsuki no tenía idea quién era para darle una paliza. Ahora debía controlar su ira hasta que las aguas se calmaran e Izuku fastidiando con sus quejas de sentirse solo, sus descuidos y ese "Kacchan" qué decía cada segundo no aportaban la paz que requería. —Ese idiota sigue llamándome como quiere —Katsuki se hundió por completo en el agua pensando en la rareza de su criado y en ese soplón descoconido. Se preguntó cuántos días duraría antes de que explotará e hiciera una estupidez. A veces se cuestionaba por qué estaba tan mal de la cabeza, porque siempre estaba enfadado como si estuviera hartó del mundo. Las burbujas flotaron en la superficie de la tina pero Katsuki no salió del agua. Tal vez era mejor no emerger y eliminarse a sí mismo. Había pasado un año desde la muerte de su abuela y aún sentía que su mal comportamiento la había matado. Ella era dura, lo encerraba en el ático y le pegaba pero era la única quien lo quería. La realidad es que cuando saliera del reformatorio nadie lo estaría esperando. Sus padres eran un matrimonio arreglado y él era el heredero que procrearon por deber y que abandonaron al poco de nacer por los placeres mundanos. Pensaba que sus padres pudieron demostrar que lo querían sobornando a los jueces para que no fuera a ese reformatorio pero no lo hicieron. No tenía nada afuera, ni siquiera conocía la palabra amigo. Solo tenía mucha ira contenida y ni una mujer donde desviarla. Las burbujas se multiplicaron con alarma. Katsuki sintió el agua en sus fosas nasales y el corazón acelerado por salvarse, quiso quedarse ahí, flotar muerto y ya no sentir la rabia en las entrañas que causaba el rechazo de los demás. De pronto entendió lo solo que Izuku se sentía allá adentro y para su poca fortuna, los reflejos de su cuerpo lo subieron desesperado a la superficie. Salió del agua como un monstruo marino. Tragó bocanadas de aire y tosió fuerte. Poco a poco el color regresó a sus mejillas entonces con mayor tranquilidad se recargó en la tina y apoyó su cabeza en la orilla. Observó el techo preguntándose si un día sentiría algo más que soledad y odio. —Tal vez también me esté volviendo loco —Katsuki suspiró por darle la razón a Izuku de cómo en el encierro se necesitaba a alguien para conversar y no perder la cordura. Los picos de su cabello rubio gotearon perezosos y en lugar de preguntar como esa rabia en su corazón pudiera hallar paz prefirió imaginar desquitarse con algo. Azotarlo, golpearlo, quebrarlo, destruirlo hasta que solo quedara trozos irreconocibles. —Lo siento abuela, no puedo portarme bien —dijo al sentir mayor relajación con solo soñar con la sangre y la violencia. Sintiendo como el viento refrescaba sus hombros desnudos y húmedos recordó el rostro de Izuku agradeciendo qué lo "cuidara" como si estuviera haciendo cosas buenas cuando en realidad era por su propio beneficio. —Nunca había conocido a un hombre tan tonto —Katsuki se relajó en el agua y después esperó venir a su criado con diligencia trayendo la toalla y su ropa, sin embargo, pasaron minutos, minutos y minutos mientras se remojaba como un perro por su tardanza. De golpe su mirada roja se abrió como un huevo blanco y sus pupilas se hicieron un punto rojo. ¿Acaso no va venir? ¡Se atrevió a dejarme desnudo en las duchas! Furioso abrió la cortina del cubículo y con un tenue rosa en las mejillas tuvo que salir desnudo en público. Los morbosos y depravados del baño, no perdieron la oportunidad de espiar su cuerpo entero. Unos chiflaron al fondo, recibió piropos y sintió esas asquerosas miradas. Katsuki jamás se había bañado frente a todos así que era la primera vez que exhibía su cuerpo e Izuku se lo estaba perdiendo. —Malditos enfermos —murmuró para él mismo mientras tenía en mente destruir en pedacitos el rostro pecoso del culpable. Caminó a pisotones y de prisa robó una toalla limpia al primer idiota que se topó, se la enredó en la cintura y rechinando los dientes por los piropos obsenos qué muchos se atrevían a decir ocultos en la muchedumbre, tomó su ropa del armario en la entrada del baño y se puso la ropa interior y los pantalones. Salió del edificio con el cabello escurriendo y la camisa en la mano hacia el autor de su pequeña humillación. —¡DEKU! Entró de un portazo e Izuku quien ya estaba listo para ir a la misa con el uniforme escolar se sorprendió por su entrada feroz y palideció ante su aura. Esta vez sí sintió peligro. —¿¡Cómo te atreves, gusano!? ¡Tú pedazo de mierda como pudiste dejarme en el baño! —gritó con rabia que erizó el vello de Izuku quien pasó de estar sentado en su cama a levantarse de golpe. —¡Ahh! ¡K-kacchan! ¡S-se me olvidó que seguías en la tina! —dijo en pánico y se cubrió la cara poniendo enfrente las manos para protegerla de un futuro puñetazo —¡Perdóname, Kacchan! —gritó con terror —¡Por favor, Kacchan, no me pegues! ¡Te juro que tengo una buena explicación! ¡¡No fue mi intención olvidarte, Kacchan!! ¡Es la primera vez! ¡Perdóname, perdóname, perdóname, Kacchaaan! Katsuki no soportó esa voz aguda gritándole ese apodo amistoso múltiples veces en menos de un segundo. Era como un taladro en su cabeza que en lugar de endurecerlo más debilitó sus ganas de matarlo. ¡Kacchan! ¡Kacchan! ¡Kacchan! ¡No para de repetirlo! ¡Joder, Deku como no te das cuenta! ¡Deja de cambiarme el nombre! ¡Ya cállate! Katsuki llevaba meses oyendo ese "Kacchan" que siempre ignoraba. No sabía si Izuku se burlaba llamándolo con un diminutivo o que mierda pensaba al imventarlo. Del otro lado, Izuku gritaba disculpas en pánico y cerró los ojos aterrorizado. Espero un gritó, un bofetón, un puñetazo, un jalón de pelo... Espero y espero y espero y nada. No pasó nada. —¿Kacchan? —preguntó extrañado por el silencio. Abrió sus hermosos ojos verdes bajó las manos con sus dedos entreabiertos como un niño teniendo miedo al lobo. Katsuki estaba cerca de la puerta a centímetros de él, con el cabello húmedo y afilado, el torso firme y desnudo; todavía el agua resbalaba por su cuello hasta su pecho lampiño. Pasó saliva temeroso por un posible arranques de ira. —K-kacchan puedo explicar mi falta —dijo con cautela al notar como Katsuki se masajeaba la nuca estresado e inquietantemente en silencio —Estaba en la bañera y el vapor estaba muy caliente y mi cabeza giró y todo se nubló… —Izuku intentó inventar una excusa, si le decía la verdad que estaba observando a Shinso cuando le advirtió qué no mirará a nadie lo iba hacer explotar —Así que corrí por el calor y Izuku balbuceaba cosas sin sentido hasta que la voz áspera de Katsuki lo interrumpió. —¿Me pusiste un apodo de mierda? —dijo con su amargura habitual y puso las manos en la cadera. —¿Qué? Izuku se quedó en blanco, no comprendió. Katsuki se aguantó las ganas de darle un bofetón. —¡Me llamas "Kacchan" casi todo el tiempo! Y te ves como un tonto cuando te corriges creyendo que no note el cambio ¿Porqué lo haces? —preguntó impaciente. —N-no... yo no... —Izuku agitó las manos, tartamudeó negando todo solo para después decir: —No te di un apodo, Kacchan. El pecoso al escuchar su voz, agachó la cabeza al haberse delatado solo. Katsuki permaneció en silencio pensando que tenía el criado más tonto del reformatorio y que debió deshacerse de él antes de acostumbrarse a su presencia. —No planeé darte un apodo, simplemente surgió... —explicó bajando y subiendo la vista nerviosa, analizando si Katsuki estaba furioso como para matarlo o solo estaba furioso como para insultar como era lo normal. Izuku paró de hablar al percatarse que su mirada era honesta y realmente estaba interesada en la razón tras el tierno apodo. Entonces decidió también ser honesto y dejar de inventar excusas qué complacieran los oídos de su amo. Se obligó a recordar cómo se sentía al entrar al reformatorio, se encogió de hombros y sus ojos verdes se volvieron melancólicos —Quería morir, Kacchan —confesó y su voz armoniosa y depresiva resonó en la habitación como un eco. Katsuki se sorprendió porque hace minutos eso había pensado al hundirse en la bañera. —Desde que fui denunciado las personas me trataron como si fuera la peor basura y no fuera un humano. —Izuku continuó hablando y dio unos pasos adelante hacia la puerta donde Katsuki estaba para romper con la barrera entre ambos. —¿Un humano? —Katsuki tomó interés, era la primera vez que no lo veía con esa sonrisa que siempre tenía —¿De qué mierdas hablas? —Todos pensaron que era un monstruo, Kacchan ¿Alguna vez te has sentido así? —Izuku se detuvo a una distancia coherente y levantó su mirada triste. Katsuki comprendió la sensación de inmediato pero no le respondió —Cuando fui denunciado, el rumor llegó a mi escuela. Los amigos que creía tener me trataron como si hubiera hecho algo repugnante, como si de pronto hubieran olvidado el resto del tiempo y solo miraran mi rostro como una mancha. —Izuku volvió a sentir el dolor de la traición —Un día me pusieron me encapucharon, me golpearon y me echaron vino en la cabeza. Katsuki comenzó a sentirse incómodo, volteó hacia a la puerta y quiso irse. Sabía que Izuku vino por sodomía y no necesitaba que le confesara una mierda sentimental como se relacionaba su pequeña pregunta de su apodo con su tristeza. —Mi padre me golpeó para enderezarme, mi madre al verme lloraba como si fuera un criminal de verdad, perdí mi trabajo, fui expulsado de la escuela y pulverizaron mi corazón… Mi vida se derrumbó. ¿ Cómo podía querer otra cosa más que la muerte, Kacchan? Dime si estuvieras en mis circunstancias ¿Cómo encontrarías fuerzas para vivir aquí? ¿Por qué querría vivir otro día? Por un momento la voz de Izuku pareció romperse pero se mantuvo. —¿Por qué de pronto no quisiste morir? —Katsuki no entendía la coherencia del relato porque sabía que después de entrar por la puerta de su cuarto y saludar con una sonrisa fingisa lo agarró de las solapas de su saco y lo jaló para intimidar y gritarle en la cara: "¡ Mira bien, burgués de mierda! Me da igual lo que hiciste para acabar aquí. No me interesa tu vida, tus gustos, tus sueños rotos. ¡No me importa que seas! ¡Yo soy el amo de este lugar y el que hace las reglas! ¡Tú vas a ser mi esclavo, quieras o no! ¡Puedo matarte, así que mejor no te resistas. (...) Escúcha inútil, todo estará bien en cuanto no toques mis cosas, no te metas en mis asuntos y no me provoques". —Sé a qué te refieres —Izuku sonrió levemente al recordar lo que había pasado al conocerlo. Katsuki levantó una ceja al creer que se volvió loco y era un masoquista. —No suena coherente no tener ganas de morir cuando me amenazaste con matarme ¿cierto? De pronto su rostro melancólico se iluminó con una sonrisa más grande. Katsuki contempló su belleza sonriente y saboreó esa imagen azucarada en su boca. —Cuando abrí la puerta de la habitación de inmediato fui atacado por ti, sentí el fuego de tu voz capaz de quemarme vivo, la tensión de tu cuerpo como una lanza a punto de atravesarme las entrañas, tu aura peligrosa haciéndome temblar entonces tus ojos rojos se cruzaron frente a los míos y me causó una impresión que aún no puedo olvidar. Tu mirada era distinta a las miradas que había visto en los demás. Incluso si me estabas intimidando, Kacchan, tú me miraste como si fuera una persona. Luego d ijiste algo que me hizo querer vivir. Tú dijiste: "No me importa que seas". Izuku limpió la humedad de sus ojos antes de que las lágrimas cayeran. Katsuki siguió sin comprender que algo como eso lo ayudará a sentirse mejor pero en ocasiones el gesto más compasivo para alguien que ha sufrido odio es ser mirado por otro como un ser humano y nada más. —Me haces olvidar cosas que no quiero volver a sentir —Izuku se atrevió a contemplar su mirada roja directamente y por reflejó su cuerpo se acercó a su amo como si se inclinará a ver los detalles de una bellísima pintura. Sin darse cuenta arrinconó a Katsuki entre la puerta y su pequeño cuerpo. —¡YA CÁLLATE! —Katsuki lo empujó y le echó una mirada impaciente y en llamas —¿Acaso te dije que me contarás tu vida de mierda? —dijo furioso y puso sus manos en los hombros de su criado y lo sacudió con fuerza. A Izuku le dolieron los huesos. Katsuki le sacudió el polvo del pasado, la tristeza, la discriminación, la humillación, la traición y todo para devolverlo al momento presente. —¡Crees que me importa tus lloriqueos! —reclamó —Te pregunté si me pusiste un maldito apodo no qué me contarás si mis palabras te parecieron bonitas o que mis ojos fueron lindos. ¡No puedes contestar con un sí o un no, inútil! ¡Contesta, Deku! ¿Me pusiste un maldito apodo? Katsuki finalizó exhausto. Izuku y su sobre analizas siempre lo alteraban y lo hacía frustrarse. —¡Si, lo hice, Kacchan! —Izuku admitió todavía sintiendo las manos de su amo tocándolo —Te di un apodo porque me agradas pero si te molesta nunca volveré a decirlo. ¡Lo prometo! —dijo con decisión. El rubio notó que Izuku todavía tenía unas lágrimas atrapadas en sus ojos verdes y chasqueó la boca. Si lo pensaba bien, aunque Izuku se lo prometiera de todos modos era un inútil y lo volvería a decir entonces su desobediencia lo iba a frustrar más. —Está bien —se resignó con un tono malhumorado —Si te gusta llamarme así entonces ¡hazlo! Katsuki de manera casual quitó las manos de los hombros de su criado y se sacudió el agua de su cabello. —¿A qué te refieres con solo "hazlo"? —Izuku creyó oír mal. Katsuki torció la boca. —Te estoy dando permiso. ¡De verdad que eres lento! Katsuki tampoco entendía que lo impulsó a ser tan benevolente y olvidarse de lo ocurrido en las duchas.Nunca había convivido con alguien tanto tiempo como para que le diera un apodo bonito. Ahora los dos tenían uno. —¿Entonces puedo llamarte Kacchan como si fuéramos amigos? —Izuku se sobresaltó pero luego se arrepintió de decir esa palabra. Consideraba a Katsuki como un fetiche, era obvio que no quería ser su amigo y tampoco quería que fueran muy cercanos. Todoroki le había enseñado que un hombre solo sirve para follar y eso quería que Katsuki fuera, un objeto que levantaba sus instintos básicos y servía para masturbarse. Entonces esperó que le gritara: "No seas imbécil, eres mi esclavo, no un amigo". —¿Amigos? Katsuki pronunció del otro lado y esa palabra flotó en su mente. Amigo era ser cercano a alguien y eso no iba con su personalidad antisocial. Era raro. Tan raro como ese apodo que se oía bien en la voz amable y torpe de Izuku pero consideró sus inquietudes recientes y decidió ayudarlo con su anterior problema. —¡Bien, seré tu amigo si eso es lo que quieres, me da igual! —aceptó y le dio la espalda a Izuku para ponerse la camisa y prepararse para la misa. —¿Qué? —A Izuku casi se le cae la cara de sorpresa —¿Estás diciendo que ahora somos amigos? ¡¿Por qué?! —reclamó. —¿No era por lo que estuviste chillando ayer? —Katsuki se abotonó la camisa mientras su rostro volvía a frustrarse por Izuku. No lograba entenderlo. —No querías a alguien para conversar y no volverte loco. ¡Te estoy dando lo que quieres, malagradecido! —¡Sí, pero no me refería a ti! —Izuku lo gritó de una manera tan natural y sincera que irritó a su amo. De pronto sintió taquicardias y se sostuvo de la pared, tenía las piernas flojas y el cuarto parecía dar vueltas. Jamás había planeado ser amigo de Katsuki. ¿Qué significaba? —¿¡Estás despreciandome, hijo de puta!? —Katsuki enfureció y terminó de jalar a Izuku de la camisa para acercarlo peligrosamente a su cuerpo cálido. —¿Acaso no soy suficiente para ti, Deku? Katsuki buscaba una confrontación pero Izuku se derritió a su trato brusco. Sus mejillas se sonrojaron por la sombra qué cubría su pequeño cuerpo y el tirón qué retorcía su camisa. Solo una pequeña inclinación y Katsuki podría morderle el cuello o la boca. —Eres más que suficiente, Kacchan —Izuku tartamudeo excitado y sus ojos se volvieron locos hacia donde mirar. Por delante tenía su rostro con su hermoso perfil afilado y su expresión abusiva, sobre su pecho tenía esas grandes manos estirando su camisa con esa dominación qué poseía, más abajo tenía una pierna entre las suyas qué estaba apunto de someterlo y tirarlo al piso. —Si quiero ser tuyo —Izuku inhaló el jabón de su cuerpo como si fuera una droga que excitaba sus sentidos. La temperatura corporal qué subía desde su sexo hasta su cabeza mató a sus neuronas. —¿Quieres ser mío? ¿A qué te refieres? —Katsuki de nuevo no entendía la mierda que Izuku hablaba y sacó la conclusión de que era algo estúpido. —¡A que si quiero ser tu amigo, Kacchan! —Izuku se apuró a aclarar aún siendo sometido por su amo —Y y-ya que voy a ser tu amigo, significa que te pertenezco ¿no? ¿Qué soy tuyo, cierto? A eso me refería —dijo nervioso. Katsuki lo liberó y notó sus mejillas rojas —¡Me perteneces desde que eres mi esclavo y para aclararte, qué seamos amigos no va cambiar tu estatus? ¿Oíste? —Katsuki le dio un vistazo, en realidad Izuku no estaba oyendo pero tenía las mejillas rojas —¿Porque de pronto estás tan acalorado? —¡Es que el sol está entrando por la ventana, Kacchan. —Van a ser las siete. ¡El sol apenas salió! —¡Soy una persona muy sensible al calor, Kacchan! —Izuku se abanicó con sus manos en pánico y su cara se ponía cada segundo como un tomate gigante. Cada día su estado de excitación se hacía evidente en su vida pública y le asustaba qué Katsuki un día descubriera su lujuria por él, no obstante, esta vez tuvo suerte y las campanas de la iglesia lo salvaron de la incómoda situación. Agradeció a Dios que Katsuki era un patán, egoísta, un bebedor empedernido qué sólo pensaba en fugarse y conseguir mujeres pues así la atención que le daba era poca para notarlo. —Qué raro eres —Katsuki concluyó y se colocó de prisa el saco y usando el uniforme sin corbata, lo jaló del brazo hacia la misa de siete. —¡Vamonos ya, tonto! Izuku no prefirió pensar demasiado en su nuevo amigo y Katsuki aceptó qué su apodo no estaba tan mal. Al convertirse en amigos, el rubio creyó que había resuelto el problema de su criado antes de que se volviera loco por no hablar con nadie. Pensaba que le estaba haciendo un favor, la realidad era que solo empujó a Izuku a unos centímetros del abismo, sin darse cuenta que al caer lo arrastraría con él… Eran las 12:00 am, y el aula resonaba con el eco silencioso de pasos y suspiros. La última clase del día era especialmente pesada: la lectura bíblica, dirigida por el imperturbable prefecto Aizawa. Aizawa caminaba con paso firme entre las filas de pupitres vestido de n***o como una figura lúgubre de la propia prisión, su mirada penetrante lograba que los internos bajaran la cabeza a seguir la lectura de la Santa Biblia mientras el eco de su voz resonaba en las paredes de piedra, recitando versículos bíblicos con una solemnidad casi funeraria. Sin embargo, cuando Aizawa daba la espalda, los estudiantes encontraban un breve respiro e intercambiaban papeles entre sí, desafiando sus normas. El chico de cabellos alborotados y selváticos se encontraba en la fila del centro del salón, su figura era apenas visible entre los internos más avispados, tenía el libro cerca de su cara y parecía murmurar plegarias oculto tras la Santa Biblia pero debajo del pupitre sus pies se movían como si estuvieran brincando sobre brasas incandescentes. —Solo un pequeño, muy pequeño, pequeñito, pequeñísimo vistazo y ya… —Izuku murmuró por enésima vez. Entonces su mirada inquieta emergió de la orilla del libro y miró el horizonte, deteniéndose en la figura de Katsuki, quien ocupaba el asiento delante de él en la siguiente fila. De pronto el salón parecía haberse transformado en un lugar donde la línea entre la realidad y la fantasía se desvanecía. Su mente imaginativa y desbordante recordó las fascinantes ilustraciones de la mitología griega de la clase de Historia, sobre todo a Dionisio estando de pie sujetando con la mano derecha un cetro y con la izquierda una copa de vino. Lucía su cabellera rubia coronada por uvas y un cuerpo joven y atractivo ocultó por una ligera toga y una mirada qué transmitía seducción hacía el desenfreno. El dios del vino y el teatro representaba la emoción y el caos, el éxtasis y la liberación, con sus fiestas bacanales, permitía a las bacantes (sus fervientes seguidoras) liberarse de las inhibiciones y conectarse con su lado salvaje, s****l y desconocido. Izuku se comparó con aquel mito de Baco, adoraba a Katsuki como una bacante de manera desenfrenada y fiel qué deseaba un día, solo un día ser poseído por él. —Otro pequeño vistazo y este será el último —Izuku insistió pero su moral lo limitó. —No. Ya fue demasiado. Estoy en clases. . Izuku alzó su biblia frente a su cara como si creará un muro contra la tentación y el pecado; sus dedos apretaron los bordes del libro y percibieron las pastas de cuero n***o. Sus yemas tuvieron un escozor imaginando la porosidad de su piel blanca y las arrugas de los rincones prohibidos en su cuerpo. La temperatura se elevó y sus mejillas tomaron un color rosado. Las letras negras del antiguo testamento peleaban por su atención a la página. Su conciencia decía con empatía "No lo veas de esa manera erótica, ahora es tu amigo" y su lujuria gritaba con egoísmo: "¡Al diablo! A quien le importa ser su amigo si solo quiero que su m*****o me atraviese". Mientras debatía el aspecto moral, sus compañeros alrededor miraban somnolientos las letras de la Biblia. Monoma en la fila de la ventana garabateaba aburrido en los márgenes del libro a dos niños tomados de la mano, un niño rubio y otro de aspecto sombrío con corazones flechados alrededor. En la siguiente fila Kirishima y Kaminari se pasaban recados planeando pasar una noche juntos en la cama, se daban argumentos de quien estaría arriba y quien abajo, por supuesto Kirishima estaba ganando. Un banco atrás en la fila siguiente a la de Izuku se hallaba Shinso quien miraba con curiosidad al joven de cabello verde que esa mañana cruzó miradas en las duchas. —¿Qué haces? —se preguntó al percatarse del movimiento constante de sus pies y cómo sus dedos apretaban la Biblia como si quisiera sacudir el mismísimo demonio al libro. Sus ojos violetas y sombríos lo habían calificado como un "chico sin ningún atributo" y el criado de Bakugou más insignificante pero su comportamiento extraño cautivó su interés. En general se sentía atraído por chicos rubios con ojos de color llamativos pero si no tenía que esforzarse, no dejaría pasar la oportunidad de pasar un rato divertido con alguien. Y aunque Izuku no era su tipo, sus ojos verdes eran preciosos como joyas y sonrió entretenido al ver cómo escondía su cara pecosa y colorada tras la Biblia. —¿Y quién provoca ese sonrojo? —dijo intrigado y no necesito hacer mucho para descubrirlo, siguiendo la trayectoria de su mirada, sus ojos violetas se movieron en dirección a la cabeza rubia y afilada qué sobresalía del pupitre de delante de su fila —¡Ah! —suspiró y recargó su cabeza en su mano —Un criado enamorado de su amo en secreto. ¡Qué aburrido! Shinso perdió el interés. El criado del bebedor de chardonnay no tenía nada de especial para colmo era un cliché. Un "Rey" no iba a perder el tiempo con la servidumbre. Izuku siguió debatiendose en alzar la vista de nuevo. — Solo será una última y pequeña, muy pequeña, pequeñísima, una mirada chiquitita y fugaz para apagar estas ansias. No va a pasar nada con ver a Kacchan un minuto más. —se convenció. Por fin lo decidió y otra vez sacó la cabeza del libro. Poco a poco sus párpados subieron temerosos y lentos, sus ojos grandes y obsesionados mostraron en sus iris verdes el reflejo acuoso de Katsuki sentado en su pupitre. Esa mirada que suponía ser pequeña se alargó por minutos. Izuku no hizo más que mirarlo el resto de la clase mientras que oía muy lejano como monsieur Aizawa ordenaba a Kirishima leer en voz alta un nuevo versículo. El chico pelirrojo comenzó a leer un párrafo del génesis cuando Dios expulsó del paraíso a Adán y Eva. Ellos fueron expulsados por comer una manzana y Izuku por coincidencia observaba a su fruto prohibido. El rubio soltaba pequeños gruñidos y no dejaba de tocarse incómodo el nudo de la corbata que Aizawa le vistió al verlo con el cuello de la camisa abierto. La prenda ahorcaba su garganta.La corbata era color púrpura que se llevaba con un elegante conjunto de camisa blanca, chaleco color vino y saco marrón con un distintivo rojo en el lado derecho qué era su número que lo identificaba como un preso.Katsuki siguió peleando con ese nudo apretado qué parecía hecho por alguien que practicaba el bondage. Katsuki odiaba las corbatas. Aquel distante cabello afilado de color rubio cenizo resaltaba entre las demás cabezas oscuras,castañas, pelirrojas de los otros internos. Desde su pupitre,Izuku observó el espacio donde terminaba su cabello rubio e iniciaba su cuello, ese cuadrado de piel blanca lo estaba provocando. Surgió como un géiser la idea de que su boca con pintalabios dejarán un beso rojo en ese espacio tan estrecho de piel. Era como marcar su territorio con una mordida. Después imaginó sentarse en su regazo y abrazarlo con las piernas en su cadera, rozar su pene con un delicioso vaivén hasta sentir su erección.
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