De golpe, abrió sus ojos verdes. El ruido cavernoso paró su imaginación antes de desbordarse como esa copa en sus sueños. Izuku alejó su mano de su m*****o, se acomodó de nuevo el pijama y dio un largo suspiro.
-No no no. No necesito masturbarme frente a él —Izuku regresó a su cordura, pero la imagen del Dios del vino burlándose de sus mentiras en el trono perforó su mente. —S-solo fue un sueño. —musitó preocupado.
La llama de la lámpara en la mesita entre las camas se agitó por el viento que se colaba por la ventana, se oían a los grillos brincar afuera y el aroma a hierba, mojada por la brisa de la madrugada, impregnaba la habitación. Katsuki seguía roncando. Suspiré aliviado que no escuchara cuando dijo “cobijame, Kacchan”. Izuku retomó su inofensiva rutina de contemplación. Llegando a la conclusión de que se puede odiar las acciones malvadas de un hombre despierto, pero nunca la belleza de ese mismo hombre dormido.
Fueron minutos de admiración inocente cuando una ráfaga de aire cambió las líneas de luz y sombra y Katsuki se reflejó de manera distinta.
El ronquido se suavizó y terminó siendo un sensual susurró. La saliva se le escurría por un lado de la boca, su flequillo rubio estaba levantado mostrando su amplia frente y su cuerpo se desparramaba como una estrella. Con el edredón cubriendo su cuerpo solo notaba la forma de sus piernas abiertas y un pie que salía de la cama.
Bajo las luces naranjas y enredado en el edredón Katsuki se veía como un chico idiota pero dulce.
Cómo ese patán, cretino e idiota puede verse así de inocente. ¡Kacchan no debe de ser lindo!
Izuku se arrugó la nariz porque estaba en desacuerdo con esa imagen cándida. Katsuki tenía diecisiete años, y aún conservaba ciertos rasgos infantiles distintos a la madurez de los hombres en sus treintas. Al sodomita no le gustaba percibirlo con la pureza de su edad. Si lo consideraba puro, inmaduro y frágil entonces su fetiche se volvería humano. Descubriría que Katsuki era un adolescente como cualquiera otro, incluso como él. Un simple chico impulsivo que, por malas decisiones, entró en prisión y que lideaba con sentimientos y pensamientos que no entendía, mientras intentaba actuar como si supiera de qué trata la vida.
Si consideraba a Katsuki como un humano y no como una estatua malvada perfectamente cincelada para masturbarse, las cosas cambiaban entre ellos, significaba que entre dos chicos, con defectos y virtudes, obligados a convivir en una habitación, existía una relación aunque fuera la más básica. de las relaciones. Y pensar en “relación” le ocasionaba un rencor terrible.
—No veo bien —El pecoso chasqueó la boca con cierto capricho.
Izuku decidió no reflexionar demasiado en teorías sobre su amo. A veces un patán es un patán sin ningún motivo. Entonces le pareció insuficiente la tenue luz para contemplarlo. Sin pensarlo, salió de su cama para ver con mayor claridad a su fetiche. Izuku avanzó como un gorrión estúpido volando hacia el fruto prohibido. Sus pies desnudos se deslizaron por la alfombra hasta alcanzar el límite de la otra cama. No necesito más de tres pasos para llegar al otro lado. Sus piernas se pegaron a la base de madera de la cama, y desde esa posición superior observará a su amo dormir tranquilamente.
La sombra de Izuku se proyectó gigante sobre Katsuki, quien roncaba como un niño, ignorante de su sombra morbosa. Izuku dejó caer los párpados y sus ojos verdes se entrecerraron pensando en millas de aviones, de escenarios, de cosas que hacer con él. Su cuerpo estaba a contraluz que parecía un acosador que se ha colado a tu cuarto y te observa dormir.
“¿Sé lo que quieres de mí? Quieres tocarme".
La voz del dios ominoso sonó de nuevo en su cabeza y agitó su corazón.
“Tócalo ”.
Sugirió como si fuera el monstruo, que al final de su pesadilla, intentaba que no escapara de sus entrañas. La voz de su cordura respondió con firmeza.
"No. ¡Estás loco!”
Izuku tuvo un debate consigo mismo. Sus instintos estaban de acuerdo con el Dios de la fertilidad, el éxtasis y la liberación espiritual. Quería desbordarse como en el pasado. Beber esa copa de vino y rendirse hacia la sodomía, no querían quedarse con la fantasía de mirar y no hacer nada, de rechazar a Katsuki diciéndole “No quiero nada de ti” cuando en realidad lo quería todo de él.
Una gota de sudor resbaló por su sensación, pasó por su cuello hasta desaparecer en su clavícula. Sus ojos verdes adoraban la figura masculina que estaba sobre la cama. ¡Como le encantaban los hombres!
“Kacchan es tan lindo dormido. ¿No es así?”
“Sí, que lo es”.
Cuando su cordura se puso de acuerdo con sus instintos, Izuku tragó saliva y un hormigueo se apoderó de sus manos. Desde su posición superior, las líneas del edredón morado se arrugaban dando forma a su cuerpo abierto de piernas y brazos. El rubio dormía como una roca. Izuku vestido con su inocente pijama de rayas verdes, presionó los puños para quitarse esa sensación de delinquir. Su mirada se hipnotizó con la cobija que subía y bajaba al compás de sus ronquidos.
“Quitale la cobija”.
La voz áspera del Dios del vino, que sonaba como Katsuki con un tono maduro, le susurraba cerca del oído, insistía en el crimen, incitaba al abuso y al placer egoísta.
“¡Quitalá! “
“¡Por Dios, no! ¡Kacchan es una fantasía! ¡Las fantasías no se hacen realidad!”
Izuku insistió en su mente. Sin embargo, la influencia del Dios del vino era abrumadora pues hasta olía el sabor de las uvas fermentadas en la habitación.
“¡Pero quieres tocarlo! ¡Desde el primer día que cruzaste tu mirada con la suya, quisiste tocarlo! ¡El día siguiente a ese y al siguiente amanecer y anochecer! ¡Quieres tocarlo todos los días! ¡Te gusta tocar a los hombres! ¡Esa es tu naturaleza! ¡Un sodomita, no es una persona digna, así que no fingas dignidad! ¡Las masturbaciones son aburridas! ¡Tócalo! ¡Solo tócalo! ¡Tócalo!”
El monstruo insistía en la lujuria. En la edad media decían que las brujas hacían pactos con satán y tenían sexo anal con él. Los sodomitas lo practicaban en exceso ¿Eso no los convertía en un séquito que rechazaban la vía del bien? Izuku negó con la cabeza, intentó reprimir sus deseos que lo calcinaban pero había una verdad innegable:
¡Katsuki estaba buenísimo!
Desde hace semanas Izuku había notado que tocarse así mismo le dejaba un sabor agridulce, ya no era suficiente. Su crianza cristiana peleaba por mantener el respeto y el consentimiento mutuo. Aunque el respeto y consentimiento se había ido al carajo, el día en que se arrojó a su cama a masturbarse y arrojar semen como una manguera.
“¡Tócalo! No se va a despertar. Tu delito quedará impune”.
El naranja de la lámpara le daba un tono bronceado a los hombros descubiertos de Katsuki. La saliva brillante de su boca abierta, sus tentadores labios rosados y su lengua interior. El rubio estaba tan expuesto para recibirle la boca y la lengua dentro de un órgano más erótico. Izuku se sobresaltó por sus pensamientos sucios y su respiración se alteró. Echó un paso para atrás. Su padre le había enseñado a respetar: "Sé un caballero, no toques a las señoritas sin su permiso" le decía cuando hablaba de sexo pero ese consejo, ¿le servía si quería tocar a un hombre?
Exhaló y reguló sus impulsos. Los ronquidos pararon. Katsuki se le escapó un suspiro cálido y el incitante jadeo regresó y fue la gota que derramó el vaso. Las mejillas rosadas del pecho lo decían todo. Había hecho su elección. Pasó saliva mientras sus dedos bordados de cicatrices se movieron.
—Kacchan ¿estás despierto? —se inclinó a la cama para asegurar su estado de inconsciencia y cometer su crimen.
La cortina púrpura ondeó con mayor fuerza y dejó ver afuera las uvas prohibidas de la abadía, a la vez la mano derecha de Izuku descendió poco a poco para tocar el cuerpo desparramado del rubio. Hizo un gesto de ocultar los labios como si eso acallará sus gritos internos. Con su otra mano comenzó a desabotonar el cuello de su pijama a rayas.
Tenía calorías.
Por fin sus dedos rozaron el edredón que lo protegía. Izuku tembló. Si Katsuki viera su cara abochornada y el nerviosismo de sus manos se levantaría y le daría un golpe gritándole “¡Maldito Marica!”. Tuvo una contradicción no sabía si era mejor que no despertara y tocarlo o que despertara y sentir sus manos ásperas abofetear sus mejillas.
Izuku continuó y lo acarició con la palma encima del edredón. La caricia era delicada y casi etérea. Sintió las elevaciones de su respiración. Acarició su torso pero solo sintió la tela gruesa, así que asegurándose que dormía, se dio permiso de descubrir su cuerpo. Sus dedos tímidos apretaron la orilla de la cobija y en un movimiento lento y silencioso fue descubriendo su carne.
La escena era un abuso. Sus dedos con cicatrices se tensaron y deslizaron la cobija; sostuvo la respiración y la tela dejó ver los pedazos de su delicioso torso, fue bajando exponiendo sus pectorales y sus claras tetillas, su vientre hasta que el edredón quedó en sus caderas. Al final, agradeció que Katsuki siempre durmiera sin camisa y le dio ese espectáculo durmiente.
Izuku no sintió tanto remordimiento porque Katsuki se había aprovechado de él cuando lo besó mientras dormía. Como siempre justificaba que eso equilibraba las cosas.
Izuku se dedicó a eliminar las pupilas. Admiró su piel clara, limpia de tatuajes y sin cicatrices. Su abdomen definido subía y bajaba al ritmo de su respiración. Izuku estaba encandilado por su físico, esa cintura estrecha comparada con sus hombros anchos era atractivamente viril.
“¡Qué desperdicio ver a un hombre tan atractivo y no hacer nada! ¡Inclínate y agárralo a besos!”
Izuku no protestó ante las locuras que se estaba formulando. Se lamió los labios. Se inclinó y avanzó. Si tuviera un labial para colorear su boca hubiera sido perfecto. Quería dejar sus labios estampados en sus pectorales y lamer la sal de su piel. Pero ¿por qué no besar sus labios primero? Robar un beso como él lo hizo antes. Eso no era un crimen era "equilibrar las cosas" volvió a excusarse.
—S-solo será un beso muy pero muy pequeño —se convenció y se inclinó a sus labios como si fuera a oler el aroma de las flores.
Katsuki se movió y gruñó. Los vellos del pecoso se erizaron hasta la punta de su cabello verde.
—Maldita sea, no jodas —masculló el rubio removiéndose de su cama y su voz agresiva provocó un infartó al pecoso.
Katsuki abrió despacio los ojos y vio como Izuku se echaba veloz hacia atrás con una cara pálida y con los nervios rotos.
—K-kac, K-kac, K-kac… ¡Kacchan! —gritó.
Katsuki se limpió las lagañas para verlo con claridad. Se levantó con el ceño fruncido, la boca chueca y los rasgos tensos. Todo su lado lindo desapareció en un segundo.
—¿Qué haces ahí parado, inútil? —refunfuñó y se estiró a ver su reloj de bolsillo dejado en la mesita. Eran las tres de la mañana.
—P-parado aquí? ¿Quieres saber que hago parado aquí? —Izuku repitió para hacer tiempo y buscar una excusa. Sus ojos se movieron nerviosos por todas partes, su corazón se le salía de la boca. No podía decirle que estaba a punto de besarle la boca —¡BAÑO! —gritó al pensar en sus genitales.
—¿Al baño? —Katsuki se rascó la cabeza a medio despertar.
—Me paré al baño y la noche está muy oscura y este sitio es viejo y oí en el comedor que las almas de los monjes que vivieron aquí rondan después de la medianoche y que puedes ver sombras en los pasillos vestido con sus hábitos y oír sus rezos susurrar tus oídos entonces tuve ganas de orinar y pensé en ti… —Izuku murmuraba con una velocidad que superaba el ritmo de sus manos al explicar.
-¿What? ¿Cómo asocias tu orina conmigo? —Katsuki pareció sospechar.
—¡P-porque m-me dio miedo los fantasmas! —Izuku tuvo pavor —y y-yo pensé que era buena idea levantarte para que m-me a-compañaras…
¡Es estúpido no se lo va a tragar!
—¡Pero sabes que mejor iré solo! ¡Adiós!
Izuku corrió a la puerta sin importar que estaba descalzo y tuviera que pasar lo que quedaba de la noche a fuera. Todo con tal de huir de Katsuki y de su paliza. Esa excusa tan barata y fantasiosa no se lo iba a alguien creer a quien todos llaman "La bestia del reformatorio". Solo un idiota podría creerlo.
¿Fantasmas de monjes? ¡Querer ir al baño acompañado teniendo diecisiete años! ¿Quién se va a tragar eso?
Estaba a punto de abrir la puerta cuando una mano tosca agarró su brazo y detuvo su andar. Izuku entró en pánico.
¡Lo sabes! ¡Sabe que me pone como loco! ¡Sabe que quería tocarlo!
Izuku presionó los párpados, hallándose perdido y se preparó para un puñetazo en la cara.
—Espérame. También me dieron ganas.
¡What! ¡Kacchan se creyó esa basura! ¡¿Es en serio?!
Izuku se quedó desnudo. Sonrió con la cara algo chueca. Tuvo un sentimiento de culpa y de satisfacción por salir impune.
—Oye, ¿Deku en verdad te da miedo ir al baño por la noche? Pero si siempre me esperas afuera cuando salgo al pueblo —Katsuki razonó.
—¡Pero son las tres de la mañana! ¡Es la hora del diablo! —interrumpió y se estremeció que su mano tosca estuviera apretando su brazo —Me da miedo.
El temblor de Izuku en todo su cuerpo era tan real que Katsuki creyó que de verdad estaba aterrado por los fantasmas.
—¡Estás como una gelatina! Pareces que vas a orinarte aquí mismo —Katsuki se carcajeó y soltó el agarre. De nuevo apareció esa forma linda en su cara que Izuku vio antes. —Realmente eres como un niño. Ya que eres una gallina, supongo que tengo que salvarte —se burló.
Sus ojos verdes se pusieron serios y protestaron. Izuku sintió una irritación en sus entrañas. Su fetiche actuaba lindo y no debía ser así. Katsuki era un tipo abrasivo que te última y que esa imagen mostrará lo contrario dibujó una horrible mueca por la incoherencia. Su fetiche debía actuar como ese chico malo, salvaje, violento y s****l con quien uno no debería meterse. Un tipo peligroso, un villano, un egoísta, un abusador, un patán a quien no le importas en absoluto…
La verdad es que Izuku no lo conocía bien.
—Ya que eres una gallina, supongo que tengo que salvarte —Katsuki se burló al imaginar a Izuku como un niño de cinco años, asustado de que el monstruo del baño se lo tragara.
Despertar con esa situación tan patética y absurda lo puso de buen humor después de estar soñando con la luna.
Katsuki invadió con su risa la habitación. Llevar a un chico de diecisiete años al baño era tan estúpido. La tensión amargada mirada de su cara se suavizó y su belleza se mostró en su esplendor entonces una punzada en su nuca lo hizo voltear en dirección a Izuku y notó la verde que lo rechazaba.
—No es gracioso —comentó Izuku. Su tono fue agrio y desvió su mirada a la salida dando sentido que su risa y aspecto jocoso lo molestaba.
Katsuki se irritó por cortar su diversión y chasqueó la boca por su mala actitud. Izuku a veces lo exasperaba. Metió sus pies bruscamente en los zapatos, cubrió su torso desnudo con un saco que halló tirado y que dejó abierto.
—Es gracioso porque se trata de ti, estúpido —gruñó agresivo y pasó golpeando su hombro contra Izuku. Antes de dar un portazo a la puerta e ir al baño le ordenó despectivo —No te olvides de la lámpara, criado.
Katsuki era mecha corta y tenía problemas de arranques, el desahogo de su ira era fugarse para tener sexo y todo venía de maravilla, sin embargo, la presencia de Izuku alteraba su paz limitada. Últimamente su cara llena de pecas y sus ojos llamativos lo irritaban más de lo habitual y todavía este hacía cosas cuestionables como destruir su camisa favorita y ponerse así de arrogante. Provocaba querer molerlo a golpes.
Nunca había tenido que convivir tantos días con alguien, ni siquiera con la servidumbre que siempre renunciaban. Solo era él y su abuela. Izuku ya llevaba tres meses en su cuarto metido en esa habitación estrecha y eso era excesivo para él. Su mundo se sentía incómodamente lleno. Era difícil acostumbrarse a tener compañía que no fuera una rata del ático o una mujer para follar.
Tener que ver el mismo rostro pecoso a diario lo estaba afectado, tanto que había creído que lo observaban hasta el punto de la persecución.
—Hace unas horas dijiste con tanto carácter que no querías nada de mí, y ahora mírate como un pedazo de mierda queriendo ir a acompañado al baño. —dijo como si fuera algo natural el insultarlo.
Izuku sostenía la lámpara para alumbrar el camino de su amo mientras mantenía la cabeza baja para no enfadarlo más.
Ambos chicos caminaron por el sendero hacia las letrinas que estaban en un cuarto más allá de los dormitorios, por cuestiones higiénicas. Había luna nueva, así que la noche era muy negra y lúgubre de lo habitual. Katsuki llevaba las manos en los bolsillos usando ese saco abierto que dejaba ver su torso desnudo.
Pronto, el rubio notó que sus zancadas eran más grandes que las de su criado, que iba quedando más y más atrás, sutilmente avanzó lento para que Izuku lo alcanzará. Cuando llegó a su lado, lo miró curioso con el rabillo del ojo y el pechoso no parecía muy asustado por los fantasmas como dijo. Arrugó la nariz porque sus expectativas eran demasiado altas. En primer lugar, no lo hubiera acompañado al baño si no esperaba divertirse con verlo temblar, ponerse pálido y en pánico pensando que cada sombra en la esquina era un monje o cada chillido de alguna rata era un demonio. Quería verlo cagado del miedo y que saltará para sujetar su brazo con fuerza.
¿Qué me sujete el brazo? ¡Qué mierda estoy pensando! ¿Por qué querría que un hombre hiciera eso?
Su imaginación lo hizo gruñir y se amargó.
—Alumbra bien el camino, idiota —Katsuki se desquitó con Izuku empujándolo del hombro con brusquedad.
—S-si, Kacchan.
Caminaron en silencio y sin problemas hasta llegar al cuarto de las letrinas. Había un largo urinario de metal y Katsuki se acercó a hacer sus necesidades. Izuku con pasos sutiles se le acercó sonrojado, y su hombro se pegó con el suyo, eso le pareció extraño cuando había mucho espacio donde hacer. No le dio importancia, agarró su pene y apuntó a la pared del urinario. Comenzó a vaciarse mientras el ambiente lo llenaba el ruido de la orina golpeando el metal. Por el rabillo del ojo, percibió como Izuku se inclinaba ligeramente para ver sus genitales. Katsuki se sorprendió de esa mirada casi imperceptible. Cuando terminó y guardó su m*****o se giró hacia él.
—¡¿Me estabas mirando el pene?! —reclamó con un pronunciado ceño fruncido.
— ¿Ehh? ¡N-no, K-kacchan! ¡No miraba nada! —Izuku empequeñecio y balbuceó una explicación.
¡Otra vez esta mierda de “Te miro y no te miro”
Katsuki cruzó los brazos y escuchó otro de sus típicos balbuceos largos. Su paciencia era diminuta y se estaba acabando aunque la forma en que lo llamaba detuvo su malestar y el impulso de callarlo.
¿Kacchan? De nuevo ese nombre. ¡Lo dice millas de veces al día! Y todavía el estúpido cree que no me doy cuenta ¿Acaso él me puso un apodo? ¿No pudo inventarse algo mejor? ¿Por qué suena como si fuera el nombre de una chica? ¡Qué mierda!
—¡Habla bien, idiota! —interrumpió con agresividad —¡Si me vistes la v***a solo dilo!
—Lo juro, Katsuki, no te la veía —dijo con una voz avergonzada y encogió de hombros.
Aquella actitud sumisa complació al rubio.
De todas maneras no entendía porque se avergonzaba, los hombres al orinar a veces se la veían para comparar tamaños. Él se la había visto a Kirishima y Kirishima y ellos a él y no era la gran cosa. Katsuki estaba concentrado en su pequeño mercado n***o y sus fugas del reformatorio que a veces se le olvidaba que su compañero no solo estaba ahí por arrojar una piedra y por daños en propiedad privada sino que el motivo principal era la sodomía. La mayoría de veces olvidaba ese detalle y cuando lo recordaba ni siquiera le importaba, que fuera un sodomita y le gustará chupar una v***a no lo hacía mejor en limpiar sus zapatos, su uniforme o hacer sus tareas. Además a su punto de vista Izuku era estúpido para ser un criminal y no era como los típicos homosexuales declarados en el reformatorio que siendo unos sociopatas gritaban por los pasillos de los dormitorios que tenían ganas de un buen culo y una v***a.
En realidad Izuku no destacaba ni siquiera para ser homosexual ya sus ojos eran inofensivo. Así que siendo natural, Katsuki esperó a que Izuku sacará su pene para orinar y se asomó a ver su tamaño para burlarse.
—¡Kacchan, que haces! ¡No las mires! —exclamó el pecoso tapando sus partes.
—Por qué no tú viste la mía? —Katsuki le gustaba esa actitud de su criado, cuando encogía los hombros y se volvía tan pequeñito como un conejo a quien tirarle las orejas. —¡Déjame ver si eres hombre!
—¡No la estaba mirando Kacchan! —mintió de nuevo y su voz sonó nerviosa.
Katsuki jugó con eso y logró quitarle las manos que cubrían sus genitales. Su pene estaba dormido y goteando.
—¡La mía es más grande! —sonrió orgulloso después de su travesura y luego dijo sorprendido —¡Tienes una selva ahí abajo! Deberías cortarlo un poco. —sugirió como si hablara de cabello y no de vello púbico. —A menos que tengas un fetiche con el vello…
Izuku le dirigió una mirada avergonzada.
—Así es como te gusta, Kacchan? Que tengan el vello recortado —Izuku interrumpió y sintió arder las mejillas al igual que sus pensamientos. Le había visto el pene a Katsuki y lo tenía circuncidado, tenía un buen tamaño y su vello lo recortaba, así como estaba obsesionado por la perfección de sus notas escolares, su pene lucía impecable, pulcro y con una estética bonita para degustar.
-¿What? —El rubio arrugó la cara y de pronto estuvo consciente de que hablar de p***s con Izuku no había sido la mejor idea. De inmediato, la naturalidad con la que hablaba se perdió y hubo tensión entre ambos. —¡No es que me gusten así, conejo tonto! ¡No me malinterpretes, a mi no me van los p***s!
Unos segundos después, Izuku intentó orinar y no lo logró.
—Kacchan ¿puedes girarte? —El chico más bajo pidió —No puedo hacer si estás cerca.
Katsuki se lavó las manos y salió del baño para darle privacidad, no sin antes burlarse de su vejiga nerviosa.
Entonces salió del sendero principal y se adentro un poco al campo de uvas. Bajó la mecha del gas de la lámpara para que los guardias que vigilaban el perímetro no lo notarán. La luz era mínima. El viento silbaba y las hileras de uvas se alborotaban; sus mejillas percibieron el frío y se preguntó si estaba bien mantener a Izuku junto a él, aún faltaban siete meses para salir de ahí, si es que Aizawa no alargaba su sentencia. Hace poco había intentado asfixiar a su criado y ni siquiera lo denunció. Katsuki sabía que nadie quería estar con él por mucho tiempo por su tendencia a las agresiones, si no estaba borracho, se enfadaba por cualquier tontería. En menos de un mes sus otros criados terminaron denunciandolo y huyeron de su habitación. Llegó a la conclusión de que si Izuku había aguantado tres meses es porque seguro no estaba bien de la cabeza.
—Me estoy acostumbrando a su compañía ¿Qué sucederá el día que Deku me denuncia y lo reubiquen a otro cuarto? —dijo con un tono apagado, imaginando la habitación solitaria y enseguida sacudió su cabeza. —Qué estupidez, qué me importa si está o no.
—¡Kacchan! —Izuku lo sacó de sus pensamientos y corrió para alcanzarlo —Regresamos hace frío.
Izuku tembló y sin pensar lo agarró de su antebrazo para ganar calor. Katsuki percibió la calidez de su brazo pegado al suyo y fijó su vista en la mano apretando sus bíceps. Ambos nunca hablaban de nada importante, ni siquiera de los delitos que los llevaron a ese lugar, lo poco que sabían de ellos eran por los rumores de los demás. Katsuki el chico violento, que peleó con un militar porque se acostó con la esposa e Izuku el chico sodomita, que acosó e intentó matar al novio arrojándole una piedra. La dinámica de su relación era gritar órdenes y su criado las obedecía. No había otra forma de desviarse de esa dinámica rígida.
Tal vez fue la oscuridad, el aroma de las uvas alrededor, las estrellas brillantes o la tontería de preguntarse "¿Qué pasará cuando Izuku huya de mí como los demás?" ¿Qué incitaron a Katsuki a hablar de más?
—Oye, Deku ¿porque esta mañana me preguntaste si había matado a alguien? —preguntó para romper el hielo.
—Eso fue por… Bueno... —Izuku lo soltó y se sorprendió por su actitud repentina —Solo quería saber las consecuencias de… —se puso rojo por la razón de la pregunta pues la había hecho para saber que le haría si lo descubriera follandose sobre su edredón.
La llama pequeña de la lámpara qué sostenía Katsuki en sus manos apenas pudo iluminar la vergüenza de Izuku. Katsuki admiró el efecto de la luz naranja y las sombras sobre su rostro pecoso como si viera una pintura.
—Lo dijiste porque acosabas al tipo de la licorería y cuando te rechazó lo quisiste matar. ¿Fue por eso? ¿Crees que yo he intentado matar a alguien como tú?
—Matar? ¡No! Yo no quería matarlo —Izuku se sobresaltó —¡Ah, espera! ¿Eso es lo que dicen de mí? ¿Qué soy un acosador y un asesino? —dijo angustiado.
—¡Intento de asesino! No te des tanto crédito, idiota —Katsuki notó su angustia y de inmediato la cortó. —Pero qué importa si lo intentaste matar con una estúpida piedra y fallaste rotundamente. Cosa que no me sorprende sabiendo que eres un inútil. Seguramente ese tipo se lo merecía.
Izuku mostró una sonrisa apagada. Por una parte lo que pensaban los demás de él siempre afectó su autoestima, saber que pensaban que era un acosador y un asesino lo hacía sentirse repugnante. Por otro lado, las palabras de Katsuki fueron un bálsamo. Recordó como sus amigos no dudaron en ponerse en su contra, todos creyeron que había acosado a Todoroki, su padre, su madre, sus compañeros, el director de la escuela, el juez pero era la primera vez que alguien estaba de su lado y le Daba la razón “Se lo merecía”.
Esto no le sorprendió porque desde el primer día que lo conoció a Katsuki le valía un pepino quien era. Tal vez ese primer día Katsuki lo sometió y le enseñó lo horrible persona que era, pero sus palabras calaron muy hondo en su corazón. Le había dicho:
"No me importa quién eres, qué hiciste para llegar aquí, ya no pienses más a partir de ahora, yo soy tu amo y tú eres mi esclavo".
Izuku se dejó llevar por la atmósfera del campo de uvas y la fría noche iluminada únicamente por una pequeña llama. Continuó la conversación más larga que habían tenido.
—Yo no fui a matarlo —La mirada verde de Izuku volvió a recordar el momento exacto donde vio el rostro bonito y ensangrentado de Todoroki a través del cristal roto del aparador y sintió el dolor de su traición. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas —Yo no quería lastimarlo pero Todoroki me lastimó primero… —dijo sintiéndose miserable.
Katsuki se molestó al ver el rostro de su criado a punto de llorar, de inmediato, Izuku se percató de eso y se limpió las lágrimas para no enfadarlo. Aguantó el dolor aunque era evidente la aflicción en su rostro.
—¡¿Cómo pudieron atraparte?! —dijo encabronado —¡Qué estúpido, Deku! Debes lanzar la piedra y correr entre la muchedumbre.
De pronto, Katsuki presionó la mano de Izuku y lo jaló bruscamente hacia la parte del campo donde se encontró el espantapájaros.
— ¿Kacchan? —Izuku se sorprendió del agarre y su melancolía se detuvo de golpe. .