—Buenas noches, chicos —musitó tomando camino por el pasillo de la segunda planta hacia su habitación.
—Buenas noches abuela —respondimos al unísono, vi detenidamente cómo a paso lento llegó hasta su puerta, abrió y entró cerrando tras de sí, solté un suspiro mientras Kole aun se encontraba a mi lado.
—Kole, la abuela no durará mucho —espeté.
—No salgas con tus cosas místicas ahora, Kali Ann, la abuela estará bien, solo se cansa más rápido —explicó con algo de molestia por mis palabras.
—No lo entiendes, Kole, su aura se está apagando poco a poco, ya pude verla, ella se irá y no podremos hacer nada por evitarlo —declaré, Kole se puso frente a mí tomándome por los hombros, mis ojos se cristalizaron conteniendo lágrimas, sabía que perdería a una de las personas a las que más amo en este mundo, pero no sabía exactamente cuándo, sería pronto, de eso estuve segura.
—Kali Ann, se que te afecta lo que le pase a la abuela, pero recuerda que ella es mayor, hay un ciclo de vida que cumplir, abuela hizo mucho por nosotros, es nuestra familia, la amamos, pero ya está cansada, si su hora de partir es ahora, mañana o en un mes, ella estará feliz por lo que logramos, lo que somos ella lo formó y nos hace saber todo el tiempo lo orgullosa que está de nosotros, así que debes estar tranquila, no estás sola, estamos juntos en esto, Kali Ann.
Asentí haciendo pucheros, las lágrimas rodaron por mis mejillas y en un intento inútil me limpie con la manga de mi chaqueta.
—Solo que la extrañaré mucho, hermano —sollocé.
—Yo también, pero estará bien, ahora, a la cama a dormir, Kali Ann, mañana yo debo ir a la oficina y tu a la tienda de la abuela.
—Si —respondí en un hilo de voz—. Buenas noches, grandulón.
Se acercó a mi besando mi frente con mimo.
—Buenas noches, hermanita, descansa.
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Mis ojos se abrieron cómo platos, me encontraba recostada sobre mi cama, la habitación estaba en penumbras, giré un poco mi cabeza hacia el buró, los números rojos del reloj marcaban las tres de la madrugada, fue cómo si algo me impulsara a despertar justo a esa hora; mi garganta se secó de repente, así que me puse de pie, necesitaba beber agua, caminé saliendo de la habitación con mis pies descalzos, todo estaba obscuro, seguí mi andar hacia la escalera, la madera chirrió un poco bajo uno de mis pies, el sonido a veces llegaba a ser escalofriante, pero ya estaba acostumbrada a él.
Estiré mis brazos desperezándome mientras bajaba hasta la primer planta, pude ver la luz de la estancia encendida, eso es extraño, la apagamos al subir, quizás Kole vino por algún bocadillo nocturno, arquee una de mis cejas y me acerqué hasta el pasillo rumbo a la cocina.
—¿Kole? —lo llamé, pero no hubo respuesta, seguí mi andar y un fuerte escalofrío me recorrió de pies a cabeza, mi pulso se disparó y mi sentido de alerta se activó, algo andaba mal, mi mano fue al collar que jamás quitaba de mi cuello, empuñé la medalla mientras caminaba con cautela —. ¿Kole? —llamé de nuevo, pero lo único que se escuchaba era el sonido de mis pies, tragué en seco, un ambiente gélido se manifestó haciendo que fuera incluso difícil el respirar.
—Ego te de hac domo, umbra, calcem —escuché la voz de la abuela, era forzada, algo no andaba bien, armándome del valor que tenía, corrí hasta llegar a la cocina.
—¡Abuela! —chillé al ver como una sombra la acorralaba, ella tenía la mano con su marca extendida hacia la criatura en un intento por detenerla, esto es casi imposible, tenemos sellos en nuestra casa que no permiten el paso de los espíritus, a menos que sean invocados; sus ojos fueron de la criatura a mí, podía ver su miedo, la sombra se dirigió a mí y fue cuando decidí atacar.
—Exi hinc, ab inferis esto, redi ad abyssum, qui non es gratus ad domum meam —vociferé levantando mis manos hacia el ente mientras mi energía fluyó, la casa tembló y este ser se esfumó en un abrir y cerrar de ojos, fue ahí que la abuela se desplomó de rodillas contra el suelo.
—¡Abuela! —corrí hacia ella y en un ágil movimiento, evité que su cabeza chocara contra el suelo—. Tranquila, abuela, estarás bien —dije en un hilo de voz mientras veía como su aura se apagaba de a poco, escuché un quejido proveniente de su garganta, sentí un miedo atroz, su cuerpo se sacudió un poco y sus ojos fueron a los míos.
—Ya no puedo contra ellos, Kali Ann, ya debo descansar —murmuró con dificultad, su respiración se hacia más entrecortada con cada segundo mientras mi desesperación aumentaba.
—No, abuela, iremos al hospital, ¡Kole! —grité con fuerza—. ¡Kole! —insistí, abuela tosió entre mis brazos, las lágrimas corrían por mis mejillas mientras luchaba con contener un sollozo.
—Ya debo irme, Kali Ann, cuida de Kole —tragué en seco, un nudo se me hacia en la garganta mientras el ambiente fúnebre comenzaba a manifestarse con ese aroma a flores del cementerio, me dio una cálida sonrisa, tomé su mano y sentía como esta se ponía fría poco a poco—. No olvides lo que te he enseñado, mi niña, los amo —sus ojos se apagaron, una última exhalación salió de ella y comencé a sollozar, jamás, desde lo de papá, pensé que una perdida me dolería tanto, los pasos de Kole resonaron por la casa deteniéndose estrepitosamente a pocos centímetros de donde me encontraba con el cadáver de mi abuela en brazos.
—A-abuela —balbuceó, le di una mirada llena de dolor y solté un alarido, había perdido el alma de esta familia, adiós abuela Mary, Kole se tiró al suelo frente a mí, su labio inferior tembló y se pasó ambas manos por el rostro tratando de contener su llanto.
—Kali, Kali Ann —dijo con dificultad—. Estaremos bien, nena, yo te voy a cuidar.
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El funeral se celebró con normalidad, abuela jamás permitiría que la lleváramos a una iglesia ni a ningún templo religioso, tenía un rencor bastante justificable hacia la religión, después de todo, fueron ellos los que mataron a nuestros ancestros, así que lo realizamos en casa recibiendo a pocas personas, las cercana a la familia, cómo los Bishop y los Putnam y aunque Joyce intentó reconfortar a mi hermano, él no se separó de mí en ningún momento, sabia que estaba con un dolor inmenso en mi corazón, sí hubiera bajado antes, quizás el espíritu me hubiese atacado a mi y no a ella, yo lo hubiera expulsado del lugar sin problemas, ella ya no tenía la fuerza para hacerlo.
—Kali Ann, ya terminé de recoger todo, iré por una pizza para cenar —dijo sacándome de mi ensoñación, todos se habían retirado ya hacia unas horas, después del entierro, regresamos a casa y nos hicieron compañía mostrando su respeto a mi abuela, quien los ayudó durante décadas con sus problemas.
—Yo iré, Kole —musité tomándolo por el hombro para detenerlo—. Necesito un poco de aire, este ambiente me está matando.
Se giró quedando frente a mí, me tomó por los hombros y sus ojos se clavaron en los míos.
—¿Estás segura? Tú también estas cansada, Kali Ann —su mano fue a mi mejilla tomando un mechón de mi rebelde cabello para colocarlo detrás de mi oreja, asentí ante su cuestionamiento, me estaba ahogando, necesitaba gritar sin que él estuviera cerca, no quiero asustarlo, la perdida duele mucho.
—Si grandote —respondí dando una sonrisa triste, mis manos tomaron las suyas que eran grandes para mí, pero un tipo de su estatura sería extraño con unas manos pequeñitas—. Yo la traigo y además, yo invito —le ofrecí un guiño y me sonrío.
—Está bien, solo ve con cuidado, Kali Ann— asentí y soltamos nuestro agarre, caminé hacia la mesita del living tomando las llaves de mi auto.
—Prometo que volveré pronto —dije mientras me alejaba hacia la puerta, al fin tendría un momento a solas.
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Conducía de vuelta a casa, el camino era tranquilo, ya había aprovechado para llorar y desahogarme lo más que podía, recibí una llamada de Kole, se preocupó por la tardanza, pero me excusé diciendo que el tipo confundió nuestra orden, una historia creíble considerando que el tipo es distraído y no es la primera que sucede.
Suelto un suspiro, el aroma de la pizza invade mi nariz haciendo que mi estómago gruña, tengo hambre, eso es bueno, mi móvil suena de nuevo, trato de sacarlo de mi bolso mientras conduzco, pero este se cae al piso del lado del copiloto.
—¡Mierda! —maldije, mire que no viniera ningún vehículo y en marcha trastee con mi mano buscando el móvil, me agaché un poco mientras el artefacto no dejaba de sonar, fue ahí que sentí un fuerte escalofrío, me incorporé de golpe y unas luces me cegaron.
—¡Ah! —grité mientras mi auto se salió del camino sin control, fue cuando me arrepentí de mi estupidez, el último sonido que escuché fue el de huesos rompiéndose mientras el auto impactaba a toda velocidad contra el muro de contención, luego todo fue oscuro, se acabó.
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Desde otro ángulo, vi como los cuerpos de rescate arribaron al lugar, no sabía cómo, pero veía el accidente, era espectadora, no sentía dolor, ni tristeza, nada, solo observaba con detenimiento la escena, mi auto impactado completamente destrozado, las luces rojas y azules de las sirenas, los bomberos luchando por abrir la puerta del conductor, mi cuerpo se encontraba inmóvil, sangrando, pero no me impresioné para nada, sentí una satisfacción increíble, de pronto vi un halo blanco cerca del auto, sus vibraciones eran intensas, no conozco a esos entes, pero pude sentir una gran tristeza emanado de este.
—Vuelve a tu cuerpo, Kali Ann Foster —una voz ronca se presentó, giré mi rostro y justo ahí, aquella sombra negra con ojos azul intenso, la misma que vi cuando mamá murió, no sabía del todo lo que era, su aura era oscura, siniestra, pero pacífica, muy inquietante.
—¿Qué si no lo hago? —farfullé, la sombra se acercó a mí, pero sus rasgos no eran visibles, señaló hacia el auto extendiendo su mano.
—Volverás, alguien ya se sacrificó por ti, así que debes volver —respondió, fruncí el ceño, esto era confuso, giré mi cabeza hacia la escena y aprecié como el halo blanco luminoso se desvanecía al entrar a mi cuerpo.
—¡Pero no quiero volver! —chillé—. No pueden obligarme.
—Soy la muerte y no es tu hora, no aún, acepta el regalo del ángel, ellos no hacen este tipo de actos muy seguido, aprovéchalo.
—¡No!
Su mano fría me tomo con fuerza por el brazo y tiró de mí hasta llevarme casi a rastras hacia el auto, los equipos de rescate luchaban a nuestro alrededor tratando de sacarme del vehículo a como diera lugar, sentí un fuerte escalofrío que me erizó la piel.
—Vas a volver te guste o no, yo lo ordeno, Kali Ann Foster, acepta el regalo del ángel y no desperdicies tu vida, quizás cuando despiertes no recordarás nada de esto —del punto de su agarre sentí el calor recorriéndome, su energía aumentaba y fue cuando me arrojó contra mi cuerpo, ya no supe de mí ni de ese ser.