Toda historia tiene consigo un comienzo, unas empiezan bien, otras son catastróficas, pero lo que importa es comenzar; la mía en particular es trágica, hechos que dieron como resultado lo que soy ahora, así que sin más preámbulos, esta es mi historia.
Mi nombre es Kali Ann Foster, nací y crecí en Massachusetts, para ser precisos en Salem, la ciudad quizás más conocida de toda América, sí, la ciudad de las brujas y ¿adivinen qué? Vengo de una familia de generaciones de brujas, pero sin perdernos del tema, iremos a cuando era apenas una niña, el inicio de mi desgracia.
—¡Kali! ¡Kali Ann! ¡Ven! —gritaba mi hermano mayor Kole, mientras yo solo tenía cuatro años, él ya tenía diez, tenemos una hermana mayor, bueno, media hermana, Georgia, es hija de mi madre, Ruth, que por alguna extraña razón no quiso que papá la adoptara, dejándola con un apellido diferente al de nosotros, aunque creo es lo mejor, Georgia odia a papá, odia a abuela Mary, odia Salem, nos odia a todos.
—¡Voy! —respondí despreocupada desde el patio trasero de nuestra casa, me gustaba jugar mucho en ese lugar, recolectando algunas rocas bonitas o pequeñas ramas, que según la abuela, pueden ser de utilidad.
—Kali Ann, apresúrate —la voz de desesperación de mi hermano me hace voltear de inmediato, veo sus ojos llenos de lágrimas, algo estaba mal, algo acababa de pasar y a pesar de que en ese tiempo no tenía la edad suficiente para comprender las cosas, sabía que significaba desgracia, sin importar nada, dejé caer las rocas al suelo y salí disparada corriendo por el lugar, casi tropiezo al llegar a la puerta trasera, seguí mi camino por la cocina, cruzando el comedor y recorriendo por los pasillos hasta el living, esta antigua casa es muy grande, tenemos que correr una maratón para poder llegar hacia nuestro destino, una vez en el lugar me quedé estática viendo la escena, abuela Mary sentada en el sofá llorando a grito abierto.
—Estamos en la escena del accidente donde un camión de carga embistió a un auto por la carretera principal, hablamos de un Ford Escort rojo con placas A S L cero, seis, tres, dejando como resultado una víctima fatal, como lo habíamos reportado hace algunos minutos, el chofer del auto ha perdido la vida en este terrible accidente, mientras el conductor del camión se ha dado a la fuga dejando su vehículo accidentado en el lugar, los cuerpos de rescate al igual que la policía se encuentran haciendo las averiguaciones y…
Mis ojos se abrieron al máximo mientras mi corazón se hacía añicos, ese auto era el de papá, estaba viendo las imágenes del vehículo destrozado en la televisión mientras mi pequeño cuerpo temblaba, un cúmulo de sentimientos se sacudieron dentro de mí, pero la impresión más fuerte me la llevé al girar mi rostro en dirección al sofá, Georgia tenía una sonrisa siniestra, aquella niña de tan solo doce años se estaba burlando, no, estaba disfrutando de la muerte de papá mientras mi hermano, la abuela y yo estábamos viendo nuestro mundo caer, entre tanto, mamá estaba con el seño fruncido con una expresión de fastidio, no había dolor, no había tristeza, solo una ira injustificada.
Lentamente me acerqué a ella en búsqueda de consuelo, extendí mis pequeños brazos, las lágrimas corrían por mis mejillas.
—Mami —musité con voz entrecortada, de pronto, se levantó de su asiento y se dirigió hacia mí, su rostro reflejaba tanto enojo que retrocedí un par de pasos, temerosa de lo que esa mujer podría hacerme.
—¡Lárgate, mocosa! Todo esto es tu jodida culpa —vociferó, su cabello corto hasta los hombros de color castaño se agitó violentamente, tragué en seco, no lo entendía en aquel momento, pero mamá me odiaba, siempre lo hizo, los adultos hablaban de cosas que yo no comprendía entonces, hasta ahora pude ver al ser despreciable que era, sus padres la echaron de casa al salir embarazada de Georgia, su hermana Lora la acogió, pero ella siempre quiso tener más, sedujo a papá, que a pesar de las advertencias de la abuela, no quiso escuchar y se casó con Ruth, mi madre, fingiendo tener una familia feliz, fingiendo que tanto el embarazo de Kole y mío eran lo mejor que le pasó en su vida, la cual solo era una pantalla, conveniencia al ver lo que poseía la familia Foster, lo que podía obtener siendo la esposa de papá y aunque con Kole, siempre fue más atenta, conmigo era una desgraciada.
—¡Basta Ruth! —intervino la abuela, se acercó un par de pasos hasta tomarme por los hombros, yo solo no sabía del todo lo que pasaba.
—Ven, Kali Ann, abuelita Mary te necesita —dijo entre sollozos, pero con ese tono dulce que la caracterizaba, me abalancé hacia ella abrazándola con todas mis fuerzas, mi cuerpo temblaba mientras sollozaba.
—Abuela —musité entre hipos, ella me cargó entre sus brazos alejándome de mi madre, mientras Kole nos seguía solo a unos pasos de distancia; esa había sido la primera vez que sentí el odio de mamá, solo esa vez me bastó para saber que de ahí en adelante todo iría a peor.
—Kali, debemos ser fuertes, pequeña —dijo la abuela mientras entrabamos a su habitación—. Y tú, Kole, debes cuidar a tu hermana de Georgia y de tu madre.
—Abuela, pero mamá nos ama ¿O no? —cuestionó mi hermano, la abuela solo negó con su cabeza y soltó una profunda respiración.
—Hay cosas que ustedes aun no pueden comprender, son muy jóvenes, pero llegará el momento en que lo sabrán todo, ahora, debemos prepararnos para el funeral —explicó para luego ir hacia el buró tomando un pañuelo desechable de la caja que aguardaba sobre este, lo pasó por su rostro limpiándose las lágrimas, sabía que al igual que nosotros, estaba destrozada, fue su hijo quien perdió la vida en ese choque, sin embargo, permanecía serena para mantenernos tranquilos.
Ese fue uno de los acontecimientos más desgarradores, más no el único, aun recuerdo cómo lloré toda la noche hasta quedarme dormida, mientras una sombra negra aguardaba en la esquina de mi habitación vigilándome.
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—Georgia, yo también quiero jugar —supliqué con mis manos juntas; ya habían pasado unos años de la muerte de papá, tenía solo ocho años y había sido muy difícil.
Mamá buscaba cualquier excusa para darme reprimendas, que iban desde las malas palabras, hasta castigos que se convertían en golpes, era horrible vivir en esa situación, mi abuela habló muchas veces a servicios infantiles, pero jamás le hicieron caso, pensaban que estaba mal, loca para ser precisos, todo porque la gente del lugar sabe que es una bruja, ella abiertamente lo ha confirmado y no se avergüenza de ello, yo la admiro, toda esa magia que la rodea es fascinante, quisiera poder ser así de mágica, pero recuerdo como decía que debo practicar para sacar mi verdadero poder; aun con todas esas acusaciones encima, jamás se rindió e iba a servicios infantiles con tal de sacar a esa mujer de casa y tomar la custodia de Kole y mía.
—No, boba —espetó frunciendo el ceño, sus manos se encontraban a sus costados formando puños—. Tu no jugarás con mis amigas, porque eres una bruja y eres mala —masculló, yo solo tragué en seco, Georgia siempre me ha despreciado, mamá siempre es para con ella, le da lo mejor, a nosotros simplemente nos ignora.
—Está bien —respondí derrotada girándome en mis talones para sentarme en uno de los troncos.
—¡Vamos Georgia! Vamos a jugar —gritó una de sus amigas, las diez chicas formaron un círculo bajo la sombra de un árbol, yo solo sentía cada vez más enojo, solo quería jugar, no había nada de malo en ello.
—¿No creen que este juego es demasiado infantil? —preguntó, su grupo de amigas estaba compuesto por seis chicas de su edad, en ese entonces dieciséis años, mientras el resto era conformado por las hermanas de dichas niñas que eran de mi edad.
—Solo será esta vez, Georgia, deja que las niñas se diviertan —dijo una de las chicas, Georgia rodó los ojos, nunca ha sido una buena hermana, a veces quisiera que fuera como el resto de las chicas que protegen y juegan con sus hermanas, por lo menos por un solo día.
—Este es el juego que convoca la navaja… —rezaban palmeando una mano a la vez, no comprendo porque odian tanto a las brujas si mi abuela a ayudado en más de una ocasión a las familias de este lugar con su magia.
—Bailando y cantando con esta canción y dice… —continuaron sus cantos y de pronto el cielo se nubló, sentí tanta rabia al ver de nuevo a Georgia reír mientras me observaba, mis pequeñas manos formaron puños y mi ceño se frunció.
—Así —mascullé completando la canción del juego y es ahí que un rayo cayó inesperadamente sobre la rama del árbol, los gritos de horror de las chicas no se hicieron esperar mientras la rama se estrelló contra el suelo justo en medio del círculo que formaban.
—¡Bruja! —gritó una de ellas, el resto me señaló —. ¡Bruja! —siguieron los gritos, es como si hubiese salido de un trance, me di cuenta entonces de la magnitud de lo que había hecho y sabía que no me saldría con la mía, tendría problemas de seguro, esto será grave, mamá cada día se ponía más y más irritable conmigo, su paciencia no es la mejor; Georgia se acercó un par de pasos a mí y puso sus manos en puños a los costados, se veía increíblemente amenazante, esas mejillas regordetas estaban rojas, su cabello rubio se agitaba con el viento y esos ojos marrones llenos de ira se clavaban en los míos, sentía dificultad para tragar, aseguro que en ese momento mi garganta quedó por completo seca mientras mi corazón corría desbocado, le tenía miedo, de eso estaba completamente segura.
—¡Le diré a mamá, Kali Ann! —gritó y corrió a toda velocidad perdiéndose entre la gente, mi cuerpo tembló de nuevo, estaba nerviosa, esto me traería un nuevo castigo, ya recibí bofetadas y pellizcos, pero la nueva amenaza de mamá había sido el darme con un cinturón en la espalda, eso sería horrible, una masacre.
—¡No! Georgia, detente —supliqué, pero fue inútil, no se detuvo, las lágrimas corrieron por mis mejillas y decidí enfrentarme a lo que se venía encima caminando pesarosa hacia casa, mamá va a pegarme y no puedo huir, de niña no sabía lo que era un colapso nervioso, pero ahora de adulta puedo afirmar que estuve a punto de sufrir uno.
—¡Miserable, infeliz! —vociferó mamá saliendo de la casa con sus pesados pasos, su mano está extendida hacia arriba, con mis brazos trato de cubrirme, aunque sé que no servirá de nada, encontrará la manera de lastimarme.
—Mamá, yo no hice nada —chillé con las lágrimas desbordando mis ojos.
—Eres una maldita bruja —dijo en voz alta y cuando su mano se agitó en el aire para golpearme, alguien la tomó por la muñeca con fuerza deteniéndola.
—¡Basta, Ruth! No permitiré que sigas haciéndole estas barbaridades a tu hija —la voz seria de mi abuela le pondría los pelos de punta a cualquiera, mis ojos fueron hacia el punto desde donde sujetaba a mamá, las uñas de la abuela se clavaron en su piel, dejando marcas en esta, mamá le fruncía el ceño y la miraba con desprecio, esos ojos marrones eran los de un depredador y la pequeña presa era yo.
—Esta mocosa tiene que pagar, tu maldita nieta es una bruja, Mary, ¡Por ella murió tu hijo! ¡Ella lo mató! ¿No lo entiendes? Es mala —esas palabras retumbaron en mi cabeza, ¿maté a papá? ¿Cómo? No logro comprender nada en lo absoluto, los ojos azules de la abuela se mostraron fieros ante las declaraciones de mamá, esta se zafa del agarre de la abuela, por un momento se pasa la mano frotando su muñeca lastimada y luego tomó de la mano a Georgia alejándose hacia la casa.
—Abuela —sollocé, ella extendió sus brazos a mí y me abalancé en un abrazo, ella es mi lugar seguro, la única que me entiende además de Kole.
—Ya mi niña —dijo mientras me consolaba acariciando mi cabeza con mimo—. Todo estará bien, todo va a mejorar, solo debemos ser pacientes, mi cielo, pero pase lo que pase, y digan lo que digan tu no debes sentirte culpable —explicó separándome de ella mientras acomodaba un mechón de mi rebelde cabello castaño tras mi oreja—. Las personas le temen a lo que no conocen y tú, mi niña, eres muy especial, eres fuerte —continuó sin apartarse de mí—. Realmente poderosa, eres una Foster, yo te mostraré todo lo que debes saber.
Un extraño brillo en sus ojos se presentó, por un momento, el vello de mi nuca se erizó, fue algo extraño lo que pude ver a su alrededor, una especie de halo de color morado; una sonrisa figuró en su rostro.
—Ya estás viendo la magia a tu alrededor, ¿cierto? Anda, vamos, estoy haciendo galletas.
Solo ella podía pasar de un tema serio a algo tan despreocupado como hacer galletas y eso la hacia ser la persona que era, alguien muy especial que dejaba huella por donde pasara, ahora se de dónde sacó papá su forma de ser, eso y los ojos azules.
Papá era un hombre bastante divertido, siento algo de nostalgia al recordar la infinidad de cosas que hacíamos juntos, siempre se esforzó por darnos los mejores recuerdos de la niñez, incluso trató de hacerse cercano a Georgia, aunque ella no se lo mereciera, papá siempre fue nuestro héroe.