Me encontraba recostada sobre una fina capa de hojas, el otoño estaba por abrirle paso al invierno, me vi en un bosque que me resultó familiar, me incorporé poco a poco hasta quedar sentada sobre las crujientes hojas, los árboles marchitos daban un aspecto aterrador, sobre sus ramas se alojaban cuervos, decenas de ellos que me observaban con detenimiento, me puse de pie y me percaté del vestido blanco que portaba, no recuerdo haberlo comprado, pero admito que es muy bonito.
El viento silbó, ese sonido me provocó un fuerte escalofrío, miré a mis alrededores al haber escuchado los sonidos de pisadas aproximándose, pero no había nada, estaba por completo sola en el bosque, o eso fue lo que creí hasta que se me presentó un ente tan oscuro como una sombra, una silueta masculina que no poseía ni ojos ni nada que pudiera decirme exactamente lo que era, pero aseguré de que lo que fuera no era bueno.
Por unos instantes contuve la respiración, una curiosidad grande se concentró en mí, quería saber lo que era, necesitaba saberlo, me acerqué con cautela y extendí mi mano, una rama crujió bajo mi pie y el ser desapareció.
—¡Demonios! —maldije entre dientes, aunque no tardó demasiado en reaparecer, ahora en medio del río, tragué en seco y me acerqué, debía averiguar que era esa cosa, no podía detenerme en ese momento, así que armándome de valor, me adentré al río, la temperatura fría del agua me hizo estremecer cuando mis pies se mojaron, seguí adelante y poco a poco fui quedando bajo el agua, solo mi cabeza sobresalía y puedo asegurar que el vestido se volvió demasiado pesado.
—¿Quién eres? —pregunté frunciendo el ceño al sentir esa aura obscura—. Responde, ¿Quién eres? —insistí, pero no hubo ni un sonido, miré por breves segundos hacia las copas de los árboles, más cuervos se juntaban en las ramas, parecieran estar viendo cada uno de mis movimientos con atención, los graznidos aumentaron su volumen hasta hacerse casi insoportables, mis manos fueron a mis oídos en un intento por disminuir el sonido, cerré por un momento los ojos encogiendo mi expresión haciendo una de completo desagrado mientras el ruido era más constante, más insistente.
—¡Basta! —grité, pero no se detenían, mis ojos se enfocaron en el agua y quedé impactada al ver como esta se teñía de rojo intenso, sangre, experimenté un miedo atroz, mis ojos fueron hacia el ente, pero este ya no se encontraba frente a mí, los graznidos se hicieron ensordecedores y algo me sujetó con firmeza del pie arrastrándome hacia las profundidades, mi cuerpo se agitó, levanté mi mano inútilmente en búsqueda de ayuda mientras me sentía más impotente con cada segundo que este ente me arrastraba, mis pulmones estaban por colapsar, sentía cómo el agua invadía mi sistema, sabía que estaba a pocos segundos de desfallecer y morir, de pronto, algo sacudió mi cuerpo con fuerza.
—Kali, despierta, ¡despierta! —escuché la voz de Kole y mis ojos se abrieron de golpe, mi pulso y respiración eran acelerados, acababa de tener una espantosa pesadilla, se sintió tan real, llevo mi mano a mi frente, estoy sudando, mi hermano me mira con preocupación.
—¿Estás bien? —preguntó, sus cejas se encontraban arqueadas, a la vez que su semblante se volvía serio.
—No, no lo sé, fue, fue bastante aterrador —balbuceé, mis manos se encontraban temblorosas, por la impresión que me había llevado, pero la duda seguía floreciendo, ¿Qué era esa cosa? Reconocí el lugar como el bosque donde se llevó a cabo mi iniciación hace ya algunos años, pero el ambiente era más sombrío, los cuervos me parecieron aterradores.
—Tranquila, Kali, solo fue una pesadilla, ahora, vamos abajo, la abuela y yo preparamos la cena, creo que te gustará —aseguró mientras se frotaba las palmas y saboreaba un bocado invisible en su boca, sin lugar a dudas, mi hermano tiene un talento nato en el arte de la cocina, le dediqué una sonrisa, se puso de pie y lo imité—. ¿Sabes? Eres una floja, Kali Ann, dormiste tres horas.
—¿Tanto? ¡Wow! —dije sorprendida.
—Sí, muchísimo tiempo, ahora vamos que tengo hambre.
—No piensas en otra cosa más que en comer, Kole —dije poniéndome de pie caminando a sus espaldas.
—No seas pesada, Kali, anda, mueve el culo que tengo hambre —replicó, negué con la cabeza divertida, a mis veintisiete años no me explico cómo es que mi hermano sigue soltero, Kole ya está en sus treinta y tres y dice encontrarse en la flor de su juventud, un par de citas son las que le he contado, aunque sé que ha tenido encuentros casuales o deslices con alguna que otra chica dentro y fuera de Salem, trabaja como arquitecto en una constructora, fue un golpe de suerte de encontrarse en el momento y lugar indicados para que fuera contratado, se graduó de la universidad con honores, todas hacían fila para salir con él, todas excepto Joyce Putnam, jamás le aceptó una cita, ella quizás fue la única que se resistió a su metro ochenta de estatura, musculatura marcada, piel blanca y ojos y cabellos castaños, todo un modelito a decir verdad, muy divertido y de buen corazón, pero con unos calcetines que huelen a muerte.
—Eres insoportable cuando te lo propones.
—Así me amas, hermanita, anda, el último en bajar las escaleras lava los trastos —dice corriendo a toda velocidad.
—¡Tramposo! —chillé en un intento vano por alcanzarlo, a veces nos comportábamos como unos niños, con juegos absurdos y demás, pero somos hermanos, es lo bello de nuestra relación, aunque resultábamos infantiles para el mundo, éramos felices; cuando apenas llegué a media escalera, él ya estaba en el primer piso de la casa haciendo un bailecito de celebración.
—¡Gané! —vociferó al mismo tiempo que me señaló con su dedo—. Tu lavas los jodidos trastos.
—¡Kole Foster! —resonó la voz de abuela Mary llamando su atención—. ¿Con esa boca besas a tu abuela? —cuestionó, mi hermano se pasó una mano por el cabello nervioso, cubrí mi boca con una mano ahogando una risita mientras ella rodaba los ojos negando con su cabeza.
—Lo siento, abuela —se disculpó nervioso.
—No tienes remedio, hijo, andando, vamos.
Mi hermano y yo asentimos y caminamos tras la abuela rumbo al comedor, de niña la casa me parecía enorme, como un espacio sin fin, ahora que soy adulta, sigue pareciéndomelo, más cuando se trata de limpiar, la gran construcción antigua, pero bien cuidada tiene una cenefa de madera labrada y pulida alrededor, muebles antiguos de caoba y cedro, algunos cuadros, quizás muchos de ellos replicas muy buenas, cómo el juicio final de Jan Van Eyck, una pintura completamente aterradora, entre la colección también se encuentra una de Orfeo y Eurídice de Peter Fris, la leyenda de estos dos cuenta el cómo Orfeo perdió a su amada tras la picadura de una serpiente, sumido en la tristeza, decidió ir por ella al inframundo, pero Hades no le permitió llevársela de ahí hasta que él se dispuso a cantar para el dios del inframundo, tendría que llevarla de la mano, pero sin mirarla hasta que hubiesen salido de ahí, cuando él estuvo fuera se giró para verla, pero no se percató que ella aún tenía un pie en el lugar de sombras y fue entonces que la perdió para siempre, una historia muy triste en verdad, que terminó con un Orfeo muerto en batalla poco tiempo después para reunirse con su amada en el inframundo.
Llegamos hasta el gran comedor de madera pulida y doce lugares, tomé mi asiento a la derecha de la abuela y mi hermano a su izquierda, todo estaba en su lugar, comida servida, la cesta de pan, todo, acerqué mi mano hacia la jarra de té helado y mi abuela chocó su mano con la mía, fue ahí que sentí un fuerte escalofrío que me erizó desde el punto en el que nuestros dedos rozaron hasta llegar a mi hombro, ella me observó sonriente, no se percató de lo que acontecía.
—¿Todo bien, mi niña? —preguntó, solté una pesada respiración tratando de restarle importancia.
—Sí, abuela, aún estoy algo nerviosa por la pesadilla que tuve.
—¿Pesadilla?
—No es un tema agradable para la cena.
—Kali Ann seguro soñó con algún tipo en una orgía salvaje —Bromeo Kole haciendo que lo fulminara con la mirada.
—¡Cállate idiota!
—Kole, no molestes a tu hermana.
—Necesita un novio, abuela.
—¡Y tú necesitas una esposa! —exclamé furiosa, mi hermano se ponía pesado en algunas ocasiones, abuela soltó una pesada respiración y puso sus manos juntas sobre la mesa.
—Ambos tienen razón, deben sentar cabeza que ya están grandes, pronto moriré y no conoceré a mis bisnietos.
—No digas eso abuela.
—¿Qué esperabas, hija? ¿Qué fuera eterna? —increpó con evidente sarcasmo mientras tomaba un sorbo de su bebida, Kole tocó mi hombro, un claro gesto divertido aparecía en su rostro, alguna ocurrencia seguro.
—Cierto, Kali, la abuela tiene como cien años —dijo burlón, puse los ojos en blanco.
—Tengo noventa y muy orgullosa de ello, por lo menos yo sí me casé y tuve familia, niño —esas palabras bastaron para hacerme explotar a carcajadas, la abuela le acababa de dar una lección a mi hermano.
—Abuela, solo soy un alma libre —respondió mientras se llevaba un bocado a la boca —. Además aún no encuentro a la indicada —completó su frase con la boca llena.
—Kole, esos modales, niño, termina ese bocado y habla, pero volviendo al tema, a la indicada ya la encontraste, solo que eres muy cobarde para decirle lo que sientes.
Las mejillas de Kole se tornaron rojas, vi cómo su mandíbula se tensó a la vez que negó con la cabeza.
—No hablemos de ella, por favor, jamás me ha querido cerca —hizo una breve pausa mientras tomaba un sorbo de té helado—. Mejor hablemos de mi hermana, ¿Qué hay de ti, Kali? ¿Algún cuñado al que le deba patear el culo?
—Kole, nadie se enamora de una bruja —Afirmé.
—No digas tal mentira, niña, yo soy bruja y tu abuelo se casó conmigo sin problemas, lo que pasa es que quien vendrá por tu corazón se presentará cuando menos lo esperes y seguro yo no estaré cuando eso pase —declaró, sentí un fuerte escalofrío, abuela poseía dones premonitorios que la hacen tener visiones del pasado o futuro de las personas.
—¿Quién será el afortunado, abuela? —Kole se llevó un nuevo bocado a la boca, no entiendo a donde se va toda la comida que come.
—Un extranjero, uno fuera de este mundo.
—Eso suena muy místico, abuela, aunque quizás el único que soporte el genio de Kali sea un espíritu maligno —rompió a reír y lo fulminé con la mirada.
—Prefiero un íncubo a Ernie Redd, es un imbécil —suelto jugando con mi tenedor, mi vida sentimental ha sido del asco, mi primera vez fue a los dieciséis con un chico del instituto, me gustaba, salimos un par de veces, pero no pasó de un acostón, no había la suficiente atracción ni compatibilidad, aunque admito que preparé cierta vela para poder estar con él, en fin, cuando estudié administración en la universidad estatal de Salem, al sur, conocí a Ernie Redd, un chico del equipo de futbol, era increíblemente sexy, caliente como el infierno, rubio de ojos miel y un cuerpo de infarto, lo quería, y sin necesidad de truco alguno se acercó a pedirme una cita, si, me acosté con él en la primera cita, era un increíble amante, el problema fue al día siguiente, el tipo le dijo a toda la escuela que la bruja de Salem se acostó con él y ganó una apuesta de quinientos dólares a Jonathan Wardwell, estuve a punto se sacarle el corazón con mis propias manos y aunque me costó trabajo, me contuve, luego de eso, mi vida s****l se redujo a encuentros sexuales esporádicos, aventuras de una noche con forasteros, prefiero hacerlo con alguien que no me conozca, así no hay sentimientos de por medio, aunque suene como una jodida zorra.
—No dije que Ernie fuera buen tipo, es un jodido imbécil, creo se rompió la pierna en un accidente hace unos años —sus labios se curvaron formando una sonrisa—. Dicen que fue la maldición de la bruja.
—Ya deja de molestar a tu hermana, Kole, pero en definitiva, ustedes dos deben hacer algo de su vida, más tú, Kali, necesitamos que el aquelarre prevalezca —dijo señalándome con su tenedor.
—Abuela, no tenemos ningún aquelarre.
—Tu, Kole y yo somos un aquelarre, Kali Ann Foster.
—¡Kole ni siquiera sabe usar hechizos de protección! —chillé, ella rodó los ojos de nuevo.
—Alguna magia tiene, después de todo es un Foster.
—Está bien, seguiré el legado, pero no presiones.
—No te preocupes, ya he dicho, un forastero llegará y ese será quien tenga tu corazón, Kali Ann —declaró, aunque por el momento, lo que menos me interesa es conocer a un tipo, mi abuela tenía poco tiempo, necesitábamos aprovecharlo al máximo, hay una fecha fatal que está por cumplirse.
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