Dormí poco y tengo unas ojeras de muerte que a duras penas pude cubrir con maquillaje, me siento un tanto anonadada con lo ocurrido, no quise abrir el libro anoche, no con Ruth en la habitación, así que lo guardé en mi armario con la esperanza de poder hojearlo hoy mismo.
Me encuentro en la cocina, he sido la primera en levantarme y una gran taza humeante de café se encuentra en mis manos, necesito que esto sirva para activarme, he olvidado la maldita cuchara al otro lado de la cocina, ruedo los ojos fastidiada y me estiro para desperezarme.
—Maldita cuchara, iré por ti —espeto y de pronto un fuerte escalofrío me recorre de pies a cabeza, me giro rápido y me sobresalto al sentir como la cuchara golpea mi mano, mis ojos se abren cual platos.
—¿Qué carajos?
Me agacho recogiéndola del suelo, trago en seco, es como si alguien la hubiera arrojado, pero no hay nadie aquí, suspiro y levanto mi mano una vez más.
—Cuchara limpia —digo y veo como el cajón de los cubiertos se abre y una cuchara sale disparada de nueva cuenta.
—¡Detente! —chillo y la cuchara se detiene en el aire, me acerco hasta a ella y la tomo ¿Cómo es que puedo hacer esto? Creo que algo en mí cambió al tocar el libro, pero yo ya lo había tocado antes, mucho antes del accidente; tomo la cuchara y decido hacer otra prueba—. Con cuidado, necesito otra cuchara —nuevamente el cajón se abre y lentamente una cuchara sale de este levitando hacia mí, sonrío, no sabía que podía desarrollar telequinesis como la abuela.
—Buenos días Kali —escucho la voz de Demian haciéndome sobresaltar, tomo la cuchara y la coloco a mis espaldas como las demás y le sonrío nerviosa.
—Buenos días Demian ¿Dormiste bien?
—Bastante bien, este lugar es muy tranquilo.
—Me alegro, ¿Qué te gustaría desayunar? —pregunto acercándome de nueva cuenta a la barra del desayunador tomando mi taza de café, él se acerca a mi y me la quita de las manos bebiendo de ella, arqueo mi ceja.
—Oye, era mi café.
—Sabe rico, emm me preguntaba si quieres desayunar fuera conmigo —espeta jugueteando con sus cejas, llevo mis manos hacia la taza que sostiene quitándosela para ahora dar un sorbo a mi café, ¡Toma esa!
—¿Buscas algo en específico de desayuno?
Se pasa una mano frotándose el mentón, me muerdo el labio al ver ese cuerpo de infarto desnudo de la cintura hacia arriba, veo cierto bulto en esos pantalones de chándal que quisiera tocar, levanto la mirada topándome con esos ojos zafiro y una sonrisa lobuna de medio lado, me sonrojo de inmediato.
—Waffles estaría perfecto —responde divertido, paso la mirada hacia cualquier punto en la cocina, rogando por que no se diera cuenta que veía esa parte de su anatomía.
—Buen día a todos —como caído del cielo aparece Kole.
—Buen día, Kole.
—Buenos días, hermano.
—Hoy no puedo quedarme a desayunar, me hablaron que fuera con urgencia a la oficina, al parecer llegó el material que se necesita para el proyecto —explica acercándose a la cafetera que había dejado preparada para él, vierte el líquido dentro de un termo y se acerca a toda prisa a mí besándome la frente—. Pórtate bien y tú, cuida de mi hermana.
—¡Kole! —grito llamando su atención, pero Demian pareciera divertido con la situación.
—Por su puesto —responde haciéndome rodar los ojos, tomo otro sorbo de mi café y me encamino tras de Kole para acompañarlo a la puerta principal.
—¿Vendrás a almorzar?
—No lo sé, Kali Ann, todo depende de la hora en que terminemos de revisar, espero y si pueda venir.
—Está bien, solo cuídate, ¿Quieres?
—Siempre —dice dando un guiño, sale de la casa y suspiro, mi hermano siempre esforzándose en ser un buen empleado, espero su jefe lo recompense, me giro en mis talones y justo ahí, Demian.
—¿Entonces? ¿Hay un lugar de waffles por aquí?
—El restaurante de Dotty y Ray, venden un poco de todo, te gustará.
—Oye —espeta en voz seria, frunciendo el ceño y bajando la mirada, pareciera preocupado—. Y ¿Dejaremos a Ruth?
—Confío en que Georgia no le hará nada.
—No confiaría tanto en ella.
—No puedo hacer mucho, ella es la madre de la niña, Demian, necesito una sola razón para tener pruebas y testigos e ir a servicios infantiles, se lo que es lidiar con eso, los maltratos —esta última palabra me hace agachar la mirada, en esa niña veo algo de mí, de lo que viví con mamá, aunque no es la misma situación, de pronto, los dedos de Demian se cuelan bajo mi mentón haciendo que lo mire mientras me acaricia las mejillas con sus pulgares, es un toque demasiado personal aunque muy agradable.
—¿Quieres hablar?
—Hoy no, solo puedo decirte que viví algo similar a Ruth.
Asiente y se acerca besando mi frente.
—Aun así saliste adelante, Kali Ann —su voz profunda hace que el vello de mi nuca se erice, es inevitable contener los suspiros con este hombre cerca.
—Debo ir a ducharme e iremos a desayunar —digo ofreciéndole una sonrisa, asiente y toma mi taza nuevamente de mis manos llevándose el café consigo.
—Te dije que era mío.
—Sabe rico, creo que me lo terminaré.
Ruedo los ojos y niego con la cabeza divertida.
—Eres un caso.
—Lo sé —responde perdiéndose en el pasillo, me alejo hacia la escalera para ir a mi habitación, quizás el salir con él me ayude a aclarar ciertas cosas.
****** ******
—Kali, esto sabe realmente fantástico.
—Te lo dije, ahora, ya que tu quieres conocer Salem, ¿Puedes decirme como es Nueva Orleans? —pregunto curiosa, toma su vaso de jugo de naranja dando un sorbo y lo deja de nueva cuenta en la mesa, en verdad que luce increíblemente sexy, enfundado en vaqueros y una camisa azul oscuro arremangada hasta los codos, creo que al señor ardiente no le importa el frío, se ha dejado la chaqueta en el auto, su cabello está algo desordenado, pero admito que luce radiante.
—Ruidoso, mucha gente, aunque es un buen lugar, hay de todo, bares, casinos, negocios de todo tipo, buenos restaurantes, hay partes tranquilas como las orillas del Mississippi, suelo ir ahí cuando me siento abrumado y necesito pensar en calma, hay parques con arboles y esculturas, mucha vida nocturna.
—Ya veo, ¿Y tu familia? ¿Qué tal tus padres?
Me da una sonrisa y saca el móvil de su bolsillo, pareciera buscar algo en él y me muestra la pantalla.
—No tengo padres, Kali, es una situación complicada que te explicaré con calma, pero estos tipos son mis tres hermanos, el de cara de pocos amigos es Howard, el del centro con pinta de mafioso es Patrick y el más salvaje, Will, ya te dije que yo soy el menor, tenemos amigos cercanos que son como familia, entre ellos mi mejor amigo George Sanders, que por cierto fue el primero en saber que vendría aquí, está recién casado, ya tiene una bebé, la pequeña Allison.
—¡Vaya! Dejaste todo eso atrás.
—Necesitaba alejarme un poco para buscar mi camino, soy un hombre solitario que ya se cansó de estar así, sé que suena extraño, pero el hecho de que me dejes estar cerca solo hablando ya representa mucho para mí, no me siento solo —dice serio, percibo su sinceridad, pero sí él es esa sombra, ¿Qué tipo de espíritu será? Se siente muy real, bueno, tiene un cuerpo real, tangible, pareciera tener un alma, pero ¿Qué es?
—Demian, a mí también me gusta hablar contigo, pero siento que hay algo que no me estás diciendo —dudo, pero es necesario sacar el punto.
—En eso tienes razón, no lo sabes todo, tengo cierto miedo a decir la verdad sobre mí.
—¿Eres un sociópata o algo así? —pregunto y arquea una de sus cejas negando con la cabeza.
—Claro que no, pero estoy tan… —hace una pausa mirando hacia el techo cómo en la búsqueda de iluminación—. ¿Fascinado? Si, creo esa es la palabra, fascinado con tu presencia que no quiero alejarte cuando sepas la verdad.
Arqueo una ceja de nueva cuenta, me mira y pareciera esperar a que hable.
—¿Gay?
—¡No! No tengo nada en contra de ellos, pero soy heterosexual, te lo aseguro.
—¿Alguna ex novia de la que deba cuidarme? —¡Mierda! Pregunté sin pensar, me sonrojo y se ríe.
—No, Kali, ninguna ex novia, no tuve novias, solo salidas de una noche.
—Que liberal.
—Cosas sin importancia, nadie especial, solo era satisfacción de unas horas y se acabó, pero nadie me ha dado tanta curiosidad como tú.
—Seguro eso le dices a todas —suelto y noto como hace un mohín, creo que ahora si lo jodí.
—Eres la primer chica que invito a desayunar, con la primera que puedo hablar en una habitación y me fascina sin necesidad de meterla a la cama, no te compares con el resto.
Me quedo estupefacta ante su reacción, este hombre me acaba de decir que le gusto, veo como le hace una seña a la mesera y esta se acerca.
—¿Si señor?
—La cuenta —dice en un tono impersonal que me deja fría, está molesto, creo que debo dejar de juzgar sin conocer, después de todo yo también he tenido ese tipo de encuentros casuales, no me iba a conservar virgen toda la maldita vida; la chica se da media vuelta en la búsqueda de la cuenta, estiro mi mano por encima de la mesa tomando la de Demian.
—Oye, lo siento, no quise ofenderte.
Suelta una pesada respiración, su mano libre toma la mía llevándola a sus labios para depositar un beso en mi muñeca.
—No estoy molesto contigo, solo que esto es nuevo para mí, a veces solo no sé como reaccionar, pero quiero aprender y tu en estos momento significas mucho.
—Apenas y me conoces.
—Te puedo llegar a sorprender —espeta mientras sus ojos centellean azulino, la mesera vuelve con la cuenta, Demian me libera de su agarre y revisa el comprobante entregándole el efectivo.
—Ya traeré su cambio, señor.
—Quédatelo —ordena, le acaba de dejar casi el cien por ciento de propina a la chica que se le ha iluminado el rostro de felicidad.
—Gr-gracias —balbucea, Demian sonríe y se pone de pie, lo imito y toma mi mano para salir juntos del lugar.
—Eso fue divertido.
—Le diste la propina de su vida.
—Espero le sirva de algo, por cierto, ¿Por qué no quieres conducir mi auto? —su pregunta me hace parar en seco, él lo nota y se acerca más a mí, sus manos van a mis hombros, él ya sabe por qué, pero se niega a revelarlo, es hora de darle un empujón.
—Tu ya lo sabes, Demian, después de todo estuviste ahí —sus ojos se abren cual platos, traga en seco y niega con su cabeza.
—No lo creo.
—Algún día dirás lo contrario —baja la mirada, percibo la tensión de su mandíbula, Yo lo sé todo, Demian, bueno, casi; suspira y sus ojos vuelven a los míos.
—Aun así no te puedo decir nada, no aún.
—No te voy a presionar, pero quiero que sepas una cosa primero.
—Dime.
—No me importa lo que seas.
—Kali —musita, puedo notar angustia, está inquieto—. ¿Y si soy un monstruo?
—¿Sabes? hay cosas peores que un “monstruo” —digo haciendo comillas con mis dedos—. Hay criaturas que se hacen pasar por humanos comunes y corrientes, que deberían estar para ti, protegiéndote y cosas así, pero realmente lo que hacen es destruir tu alma poco a poco, atacarte con todo su odio de forma brutal, queriendo acabar con la última pizca de voluntad que haya en ti, destruyendo tu esperanza con torturas inimaginables, queriendo orillarte a hacer una locura y volviendo de tu existencia un jodido infierno.
—¿Qué criatura es capaz de hacer eso?
—Los mismos seres humanos, en mi caso en específico, mi propia madre.