Capítulo 4

1752 Words
La habitación del hospital era un remolino de emociones tumultuosas cuando James entró, su rostro reflejando una mezcla de angustia y frustración. Al ver a Emily postrada en la cama, su corazón se contrajo con dolor, incapaz de soportar la idea de perderla. "Emily...", susurró James, su voz temblorosa con la emoción contenida mientras se acercaba a ella con pasos vacilantes. "¿Por qué... por qué hiciste esto?". Pero antes de que Emily pudiera responder, la ama de llaves, cuyos ojos estaban llenos de una mezcla de ira y tristeza, intervino con palabras cargadas de reproche. "¿Por qué hizo esto? ¿No lo ves, James? ¡Todo esto es culpa tuya!". Las palabras golpearon a James como un puñetazo en el estómago, dejándolo aturdido y sin aliento. Se tambaleó hacia atrás, su mente girando en círculos mientras trataba de procesar la avalancha de emociones que lo abrumaba. "¿Mi culpa?" repitió James, su voz apenas un susurro ahogado por la incredulidad. "¿Cómo puede ser mi culpa?". Pero la ama de llaves no retrocedió, sus ojos llenos de una determinación feroz mientras señalaba hacia Emily. "Porque la abandonaste, James. La dejaste sola en su hora más oscura. ¿No ves lo que has hecho?". Con el eco de las palabras de la ama de llaves reverberando en el aire tenso de la habitación, James se sintió paralizado por la culpa y el remordimiento. Cada palabra era como un puñal clavado en su corazón, recordándole su propia negligencia y su incapacidad para estar allí cuando Emily más lo necesitaba. Mientras la ama de llaves continuaba su reproche con una franqueza implacable, James se vio obligado a enfrentar la verdad cruda de su abandono. Recordó los días en los que se había sumido en su trabajo, obsesionado con su carrera y sus propios problemas, mientras Emily luchaba en silencio contra sus demonios internos. "Lo siento", murmuró James, su voz rota por la emoción. "Lo siento de verdad, Emily. No tenía idea de lo mucho que estabas sufriendo. Nunca quise que te sintieras sola". Pero las palabras parecían vacías en comparación con la magnitud del dolor que había infligido a Emily. La ama de llaves sacudió la cabeza con tristeza, su expresión impasible mientras se alejaba de la cama de Emily. "Decir que lo sientes no cambia nada ahora", dijo ella con firmeza. "La hora de los perdones pasó hace mucho tiempo, James. Ahora solo queda enfrentar las consecuencias de nuestras acciones". El peso de sus palabras se hundió en el alma de James, llenándolo de una sensación de desamparo y desesperación. Se acercó a la cama de Emily, su corazón lleno de una mezcla de amor y arrepentimiento mientras contemplaba su rostro pálido y sereno. "Emily", susurró James, su voz apenas un murmullo en la quietud de la habitación. "No puedo perderla. No puedo vivir sin ti". El peso de las palabras de la ama de llaves se estrelló contra James con la fuerza de un martillo, dejándolo indefenso ante la realidad aplastante de sus propias acciones. Se acercó a la cama de Emily, su corazón lleno de remordimiento y pesar mientras contemplaba el rostro pálido y sereno de la mujer que amaba. "Lo siento", murmuró James, sus palabras apenas audibles sobre el zumbido constante de la maquinaria médica que llenaba la habitación. "Lo siento mucho, Emily. No sabía... no sabía que estabas sufriendo tanto". Pero las palabras se perdieron en el vacío, ahogadas por el silencio abrumador que llenaba la habitación. Y mientras Emily yacía allí, atrapada en un mundo de oscuridad y desesperación, la odisea solitaria de su alma tomaba un giro aún más oscuro, dejando a todos los que la amaban luchando por encontrar una salida de la tormenta que los había consumido a todos. James se sintió como si el mundo se desmoronará a su alrededor mientras escuchaba las palabras de la ama de llaves. Cada reproche era como un puñal clavado en su corazón, recordándole las oportunidades perdidas y las palabras no dichas que habían llevado a Emily al borde del abismo. Se volvió hacia la ama de llaves, su rostro reflejando una mezcla de dolor y desesperación. "Lo siento", murmuró James, su voz temblorosa con la emoción contenida. "Lo siento de verdad. Nunca quise... nunca quise que Emily sufriera así". Pero la ama de llaves sacudió la cabeza con tristeza, sus ojos llenos de resignación. "Te lo repito decir que lo sientes no cambiará nada ahora", dijo con voz firme. "La hora de los perdones pasó hace mucho tiempo". James se quedó en silencio, su corazón lleno de un pesar abrumador mientras contemplaba el rostro tranquilo de Emily. Se preguntaba cómo había llegado a esto, cómo había dejado que la distancia y el orgullo lo separaran de la mujer que amaba más que a nada en el mundo. En ese momento, en la quietud de la habitación del hospital, James se enfrentó a la cruda realidad de su propia culpabilidad. Sabía que ya no podía deshacer lo que había hecho, que ya no podía volver atrás y cambiar las decisiones que lo habían llevado a este punto. Pero aun así, en lo más profundo de su corazón, James se aferraba a la esperanza de que tal vez, solo tal vez, aún había una oportunidad de redimirse, de salvar a Emily de las sombras que la habían consumido. Y con esa esperanza como su única guía, se comprometió a hacer todo lo posible para traerla de vuelta a la luz. Con el corazón pesado y los pensamientos turbulentos, James se acercó a los médicos con una mezcla de ansiedad y resignación. Su voz tembló ligeramente cuando formuló la pregunta inevitable: "¿Cómo avanza?". Los médicos intercambiaron una mirada fugaz, sus rostros impasibles revelando poco sobre el estado de Emily. Uno de ellos, con una pizca de cinismo en su tono, respondió con una pregunta retórica: "Supongo que ya sabes la respuesta, ¿verdad, James?". James asintió con tristeza, sintiendo el peso de la verdad aplastándolo. Él, como médico, entendía demasiado bien las probabilidades sombrías que enfrentaba Emily. Pero su conocimiento profesional no lo protegía del dolor abrumador que sentía al enfrentar la posibilidad de perder a la mujer que amaba. "Lo sé", admitió James con voz queda, sus ojos reflejando una mezcla de dolor y desesperación. "Pero necesito saber... ¿hay algo más que podamos hacer por ella?". Los médicos intercambiaron otra mirada, esta vez cargada de compasión. Sabían que James estaba luchando con sentimientos de impotencia y desesperanza, atrapado entre su papel de médico y su amor por Emily. "Estamos haciendo todo lo que podemos", respondió uno de los médicos con sinceridad. "Pero el resto está en manos del destino". James asintió con pesar, sintiendo un nudo en la garganta mientras luchaba por contener las lágrimas. Sabía que no había respuestas fáciles ni soluciones simples para el tormento que enfrentaba. Todo lo que podía hacer era esperar y rezar por un milagro que parecía cada vez más improbable. Con el corazón lleno de angustia, James se volvió hacia la cama de Emily, su mirada llena de amor y dolor mientras contemplaba su frágil figura. El rostro de la ama de llaves reflejaba un recelo profundo mientras dirigía su mirada hacia James. Sus palabras eran cargadas de un resentimiento apenas contenido cuando habló: "Ya que aprecias tanto a la señorita Emily, ni siquiera te atrevas a dejarla sola en este momento. Yo iré a la casa y traeré sus artículos personales". James asintió con pesar, comprendiendo la desconfianza de la ama de llaves hacia él. Sabía que su ausencia había dejado un vacío en la vida de Emily, un vacío que ahora amenazaba con consumirla por completo. "Gracias", murmuró James, su voz llena de gratitud y arrepentimiento. "Por favor, asegúrate de traer todo lo que pueda reconfortarla". Con un asentimiento firme, la ama de llaves se dio la vuelta y salió de la habitación del hospital, dejando a James solo con sus pensamientos y temores. Mientras observaba la puerta cerrarse tras ella, se enfrentó a la cruda realidad de su propia negligencia y la profundidad del sufrimiento de Emily. Se acercó a la cama de Emily, su corazón lleno de una mezcla abrumadora de amor y angustia mientras contemplaba su rostro pálido y tranquilo. Sabía que no podía deshacer el pasado ni borrar el dolor que había causado, pero estaba determinado a hacer todo lo posible para estar allí para ella en su hora más oscura. Con una determinación renovada, James se sentó junto a Emily, tomando su mano con suavidad y prometiéndole en silencio que nunca la dejaría sola otra vez. Y mientras esperaba, rezaba por un rayo de esperanza en la oscuridad que amenazaba con consumirlos a ambos. La odisea solitaria de Emily estaba lejos de terminar, pero James estaba decidido a estar a su lado en cada paso del camino. El ama de llaves caminó por los pasillos de la casa de Emily, sintiendo un nudo en la garganta al contemplar los destrozos que la desesperación había dejado a su paso. Cada habitación era un testimonio silencioso del dolor y la angustia que Emily había enfrentado en soledad. Los muebles estaban revueltos, los espejos rotos reflejaban la imagen de un caos interior, y el aire estaba cargado con el eco sordo de lo que una vez fue un hogar feliz. El ama de llaves se detuvo frente a la puerta del estudio de Emily, su corazón hundiéndose al ver el desastre que había allí dentro. Con pasos vacilantes, entró en el estudio y se encontró con un paisaje desolador. Los libros estaban esparcidos por el suelo, las páginas arrancadas y desgarradas. El escritorio de Emily yacía en pedazos, como si hubiera sido sacudido por una fuerza imparable. Y en el centro de la habitación, una fotografía de Emily y James estaba rota en dos mitades, como un símbolo de la relación fracturada que una vez compartieron. Con el corazón pesado, el ama de llaves recogió los restos de la fotografía y salió del estudio, sintiendo el peso del dolor de Emily sobre sus hombros. Sabía que James necesitaría saber la magnitud de los daños, así que se apresuró a comunicarle la situación. Al encontrar a James en el hospital, el ama de llaves no pudo contener las lágrimas al describir los destrozos que había presenciado en la casa de Emily. "James", comenzó con voz temblorosa, "tendremos que comprar todo de nuevo. La señorita Emily... ha dejado un rastro de destrucción".
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