Escuchaba el llanto de sus hijos, eso lo angustiaba y lo tenía desesperado. Eduany no pudo resistir una hora más, los planes se adelantaron, sus hombres empezaron a atacar desprevenidamente a los de Kemal, uno a uno fue cayendo hasta que pudieron ingresar a casa, se esparcieron por el interior silenciosamente. Ahí dentro eran pocos los que quedaban. Al último les fue difícil dominar y en la lucha un disparo se escapó, disparo que alertó a Kemal —Abrígalos bien, saldremos ahora mismo—, mientras la enfermera abrigaba a los bebés, Kemal encañonó la pistola, lentamente fue saliendo de la habitación, apenas asomó la cabeza, Eduany le lanzó un puñete en la nariz, Kemal iba a disparar, pero con rapidez Eduany le golpeó el brazo y la arma voló de las manos de Kemal —Llévatelos—, le gritó a la enfe

