¡AUTOR! Emilia sintió tanta alegría al escuchar el ultra sonido de su hijo, le fue inevitable derramar las lágrimas, y no eran lágrimas de tristeza, eran lágrimas de felicidad, alegría, dicha, emoción, su hijo vivía, estaba dentro de ella, al menos eso le quedaba de Eduany. Cuando pensó en él su corazón se apretó. —Está muy bien—, dijo el doctor al retirar el aparato. Emilia suspiró y solicitó. —No quisiera que les diga a mis padres sobre esto—, él la miró con intriga —Puede ahorrarse ese diagnóstico—, suspiró —Se los diré cuando me sienta mejor, una vez que estemos en casa. —Está bien—, Emilia agradeció y el doctor se retiró. Al poco rato fue llevada a una de las habitaciones y ahí esperó que su familia ingresara. Ya había visto a su padre, ahora quería ver a sus hermanos. Una vez qu

