¡AUTOR! Con el corazón roto en mil pedazos, Emilia se aferró al cuerpo de Guney —Te llevaré a casa—, dijo mientras pasaba la palma de su mano por los castaños cabellos. Pero Emilia no quería ir a casa, ella quería ir tras Eduany, ella no estaba dispuesta a perderlo. Se alejó de Guney y corrió hacia la entrada, para cuando llegó él subió a un auto y se marchó. Corrió tras el auto gritando el nombre de Eduany hasta que lo perdió de vista. Llevó su mano al pecho y con fuerza apretó la delgada tela, sus piernas se doblaron chocando así sus rodillas en el pavimento, ante el ardiente dolor que sintió se sentó y asentó las manos en el suelo —¡Edu… vuelve! —, solicitó con dolor —¡Vuelve! ¡Vuelve! ¡Por favor, mi amor! —, una de sus manos rodó y terminó lastimando esta y su codo —Esto es un sueño,

